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Bioética Ficta (2)
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II.- "HOMO BIOETHICUS"

Una teoría de los tipos humanos según sus intereses e ideales de vida debe comprender hoy como modelo cosmopolita al homo bioethicus, el hombre bioético, responsable del nuevo orden vital (1). La tecnociencia parece orientada por un deseo antropoplástico o voluntad demiúrgica, pues tiene capacidades para fabricar o remodelar al hombre, capacidades exclusivamente divinas en la tradición religiosa. Algunos teólogos hablan de que el hombre está "'jugando a Dios", y el imaginario social registra a Zeus en el Olimpo lanzando sus flechas para castigar a la osada criatura que peca de hybris manipulando la vida en el laboratorio o alumbrando formas superiores de inteligencia (2).

La tecnología demiúrgica presenta dos grandes líneas de continuidad histórica y proyección utópica: una es la biogenética y otra la cibernética, por las cuales el hombre busca reproducirse a sí mismo biológica y artificialmente, recreando el cuerpo orgánico e informando la razón al artificio ("inteligencia artificial"). Sendas técnicas demiúrgicas cuentan con su estereotipo imaginario en la historia de la cultura occidental, el hombre biogenético con el tema del Homúnculo, y el hombre cibernética con la leyenda del Golem. Pero el homo bioethicus no se resuelve en el deseo demiúrgico capital -que es pasar de lo animado a lo inanimado y viceversa- ni se reduce a la biotécnica o a la robótica, como tampoco a una combinación de ambas en el cyborg o el hombre biónico (3). Por eso la narración de Pinocho introduce el equilibrio reflexivo para pensar el hombre, un ser a mitad de camino entre naturaleza y cultura, que se autoconstituye como deber ser en la conciencia moral.

 

 

1. El homúnculo

No se debe abandonar la generación de homúnculos; en efecto, hay cierta verdad en esta materia, aunque durante mucho tiempo fue vista como muy oculta y secreta. Largamente algunos filósofos antiguos discutieron y dudaron si sería posible, por la naturaleza y por el arte, engendrar un hombre fuera del cuerpo de la mujer y de un madre natural. A lo cual yo respondo que esto no repugna para nada al arte espagírico ni a la naturaleza; es más, se trata de algo muy posible. Para lograrlo se procede así. Encierre durante cuarenta días en un alambique licor espermático del hombre, que allí se pudra y continúe a componerse en un recipiente lleno de estiércol de caballo, hasta que comience a vivir y moverse, lo cual es fácil de reconocer. Después de ese tiempo aparecerá una forma parecida a la de un hombre, pero transparente y casi sin sustancia. Si, luego de esto, se alimenta todos los días este joven producto, prudente y cuidadosamente, con sangre humana secreta (es decir una preparación alquímica roja), y se lo conserva durante cuarenta semanas a un calor constantemente igual al del vientre del caballo, este producto viene a ser un verdadero y viviente niño, con todos sus miembros como el nacido de la mujer, pero sólo más pequeño y al que llamamos un homúnculo. Es necesario educarlo con gran esmero y cuidados hasta que crezca y comience a manifestar la inteligencia.

Es éste uno de los mayores secretos que Dios haya revelado al hombre mortal y pecador (... ). Aunque dicho secreto haya estado siempre ignorado por los hombres, fue conocido en la remota antigüedad por los Faunos, las Ninfas y los Gigantes, seres que asimismo se originaron de esa forma.Paracelso, De natura rerum. De generationibus rerum naturalíum, I., cit. por Jean Brun, Les masques du désir, Buchet/Castel París, pp. 80-81.

El homúnculo, hombrecito producido en el alambique (o en un huevo de gallina) a partir del esperma, pertenece a la tradición de la alquimia o de las artes espagíricas. Se trata pues de la generación humana prescindiendo del óvulo y del útero, generación natural por partenogénesis masculina, y artificial por la sustitución del alambique al cuerpo materno. El androcentrismo aritropogénico de los alquimistas, que pretendían f'ormar, el hombre en el alambique desde el semen, se explica por la respectiva asignación de los principios aristotélicos de materia y, froma a los sexos femenino/masculino en la reproducción humana (4).

El tema de la fabricación del homúculo que narra Paracelso también se atribuye a Arnau de Vilanova, "quien se vanagloriaba de haber creado un hombre por la química, y que cuando vio al enibrión formándose en el alambique con todos sus miembros y órganos, no llevó adelante la experiencia por temor a que Dios no fuera obligado a dar un alma racional a la critaura" (5). En el Segundo Fausto de Goethe el motivo del homúnctilo se inscribe en el contexto del descubrimiento de la síntesis la urea por Wöhler, hito en la historia de la bioquímica, pues deja pensar en la continuidad entre la sustancia orgánica y la inorgánica, junto a la posibilidad de crear la vida en el laboratorio. La descripción de Goethe conjuga las artes mágicas con el método experimental, poetizando proféticamente sobre las actuales tecnologías reproductivas (6).

***

El homúnculo nace in vitro, ahora ya no imaginaria sino realmente, merced a manipulaciones sobre los gametos que transforman la reproducción en producción. Nuestros "bebés de probeta" son así también hijos de una progenie fantástica que anticipó la fertilización del óvulo por el espermatozoide fuera del útero y la transferencia del embrión a la matriz gestante. El deseo antropoplástico que anima a Pigmalión en complicidad con Galatea se desarrolla del ocultismo a la técnica, del gnosticismo a la ciencia, del oratorio al laboratorio. En esa voluntad demiúrgica reconocemos la presencia de lo originario y la continuidad entre las bioficciones homunculares y las biotécnicas reproductivas (7).

Pero sacar el huevo del nido no es un acto inocente y sin consecuencias; como el robo del fuego por Prometeo, reproduce un gesto sustitutivo y compensatorio que instaura sobre la naturaleza la cultura, y con el artificio la humana y radical debitoriedad.

 

 

2. El Golem

Si (como el griego afirma en el Cratilo)
El nombre es arquetipo de la cosa,
En las letras de rosa está la rosa
Y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,
Habrá un terrible Nombre, que la esencia
Cifre de Dios y que la Omnipotencia
Guarde en letras y sílabas cabales

Adán y las estrellas lo supieron
En el Jardín. La herrumbre del pecado
(Dicen los cabalistas) lo ha borrado
Y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
No tienen fin. Sabemos que hubo un día
En que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
En las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia
Aún está verde y viva la memoria
De Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave.

La Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
Sobre un muñeco que con torpes manos
libró, para enseñarle los arcanos
De las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
Párpados y vio formas y colores
Que no entendió, perdidos en rumores
Y ensayó temerosos movimientos.

(El cabalista que ofició de numen
A la vasta criatura apodó Golem;
Estas verdades las refiere Scholem
En un docto lugar de su volumen)

El rabí le explicaba el universo
'Esto es mi pie; esto el tuyo; esto la toga'
Y logró, al cabo de años, que el perverso
Barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
O en la articulación del Sacro Nombre;
A pesar de tan alta hechicería,
No aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
Y harto menos de perro que de cosa,
Seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
Ya que a su paso el gato del rabino
Se escondía. (Ese gato no está en Scholem
Pero, a través del tiempo, lo adivino...)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
0, estúpido y sonriente, se ahuecaba
En cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
Y con algún horror. ¿Cómo (se dijo)
Pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?

¿Por qué di en agregar a la infinita
Serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
Di otra causa, otro efecto y otra cuita?

En la hora de angustia y de luz vaga,
En su Golem los olas detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

Jorge Luis Borges, El Golem, en Obras Completas, El  Ateneo, Buenos Aires, 1976.

El Golem (en hebreo tierra o polvo, como Adán) es el hombre fallido creado por obra del nombre secreto de Dios, pronunciado sobre una figura de barro. Se trata de una popular leyenda judeo-cabalística, inspirada en el relato bíblico, según la cual es posible la generación de un ser humano apropiándose de la potencia creadora del Verbo, con la fórmula mágica de la palabra "hombre". Pero este hijo de la palabra tiene una historia repetidas veces lamentable (9).

El poema de Borges recoge la versión atribuida al Rabí Loeb, el Maharal de Praga, que asustado por el crecimiento del monstruo, borró el nombre secreto inscripto sobre su frente a fin de retornarlo al estado de masa informe (10). Otras leyendas aseguran que ciertos cabalistas no lograron anular al Golem ni controlar sus actos nefastos. En nuestro siglo, el Golem reaparece en la novela homónima (1915) del escritor austríaco Gustav Meyrink, y con los estudios del erudito G. Scliolem sobra la cábala, amén de una Golemsage en las letras y bellas artes contemporáneas (1l).

***

El Golem representa a los autómatas como artificios androides o robots, cuyo origen se remonta a Hefaistos, Prometeo y Dédalo en la mitología griega, y en la saga hermética da lugar a la fabricación de las estatuas animadas (12). La evolución de esta línea tecnológica puede continuarse desde el hombre maquinal moderno hasta los actuales robots y la inteligencia artificial. Con estos últimos se enlaza el Golem, confundiéndose en la ciencia, la industria y la mitología de nuestro tiempo. En 1965, G. Scholem bautizó Golem a la primera computadora producida en el Instituto Weizmann, en Israel.

La ciencia-ficción plantea los aspectos antropológicos y éticos de la robótica, polarizándose en una visión optimista y otra pesimista de nuestra progenie artificial. Según la primera, la humanidad se prepara a alumbrar formas superiores de inteligencia, capaces de trascender los límites de lo viviente y crear un mundo posbiológico. Para la visión apocalíptica de los robots, éstos llegarán a destruir y reemplazar al hombre, llevando a su término la dialéctica del amo y el esclavo que preside la cibernética y la historia del Golem (13).

En cualquier caso, la vida y el artificio se interpenetran como los cerebros y los ordenadores en la bioingeniería (fabricación de órganos artificiales, por ej., el corazón) y la biónica (órganos electrónicos: ojo, memoria, etc.) actuales. La fusión de la biotecnología y la microelectrónica constituiría la base de la simbiosis hombre-máquina, la posibilidad del cyborg o ser biónico, a medias biológico y a medias tecnológico, triste centauro de la triste raza humana (14).

 

3. Pinocho

Presumo que la mayoría de los lectores saben de la existencia del cuento de Pinocho. Para el caso de que algunos no lo recuerden, permítanme resumirlo brevemente. Comienza con el descubrimiento que hace un carpintero solitario de un trozo de madera parlante, un trozo de madera que reía y lloraba como un niño.

Al releer la primera página del primer capítulo de Pinocho, me di cuenta de cómo nos hace trampa la memoria. No recordaba así el comienzo de la historia, sino como la historia de cómo un carpintero solitario, que quería desesperadamente tener un hijo, creó el muñeco de un niño para él. Lo que yo recordaba era la versión que de Pinocho hace Disney, que así principia, lo que convierte a Pinocho en algo más parecido al mito de Pigmalión o la historia de Frankenstein. Pero el autor del libro intuitivamente lo empieza de una manera más simple -y en última instancia más sofisticado-. No se trata de una fantasía de la creación humana de vida, sino del milagro de todos los días que está representado por el desarrollo humano. El progenitor -en este caso, atipicamente, un padre- recibe la materia humana cruda, que es un bebé recién nacido, con todo su potencial dentro de sí pero aún oculto. Él, entonces, talla y da forma al madero, guiándolo, estableciendo pautas y ejemplos que determinarán inevitablemente si ese potencial se realizará y expresará y en qué grado, si ese madero parlante se convertirá en un "niño real".

En el curso de esta transformación, Pinocho aprenderá muchas lecciones. Sabrá de su indefensi,ón al quedarse dormido al lado del fuego y sus pies se queman. Aprenderá de Geppetto a no ser egoísta. Del valor del trabajo y la aigonía de la labor cuando es convertido en asno y debe trabajar como tal. Aprenderá de dos artistas, el Zorro y el Gato, de la duplicidad y la explotación. Pinocho conocerá el poder de la mentira y sus últimas consecuencias, y el dolor y las múltiples formas del amor. Le harán entender la pena a través de la pérdida de aquel amor.

Pinocho es en última instancia una parábola del proceso por el cual un ser humano cariñoso y amoroso es creado a partir del yo narcisista de un infante. No es necesario que Pinocho sea obediente, puro o perfecto. El desea ser, ante todo, solamente un ser humano, y no más que un niño. Pero debe aprender a ser un niño. Debe apreciar las cualidades específicas de identificación, imaginación y empatia, que son las raíces del amor humano. Para ser verdaderamente humano, deberá aprender primero a escuchar la voz de la conciencia; a identificarse con los que tienen hambre, que son pobres y están en la miseria; a apreciar la profunda alegría de dar que trasciende el placer efímero del recibir. 0, en las palabras de su ángel guardián, el Hada Azul, poseer todo lo que se resume en la frase "un buen corazón". Willard Gaylin, Adam and Eve and Pinocchio.Viking Penguin, New York 1990, pp.- 128-129

Pinocho vio la luz como libro en 1883, de la pluma de C. Collodi, seudónimo de Carlo Lorenzini, periodista florentino que escribía cuentos infantiles en el Giornale per i bambini, donde Pinocho fue apareciendo en tiras desde 1881, con el título "La storia di un burattino". El éxito del libro, traducido a un centenar de lenguas y objeto de estudios eruditos, se perpetúa en el personaje de ficción que vive en el arte contemporáneo y acunó los sueños infantiles de varias generaciones (15).

Pinocho, una madera animada que llega a ser un niño normal, es una historia de educación y, fundamentalmente, una historia de formación de la conciencia moral y rectificación de la conducta: un "perverso polimorfo" se transforma en persona de buen corazón y vida recta. Porque Pinocho, como un muñeco y demasiado humano, es de "mala madera", tiene inclinación al mal, incurre una y otra vez en el vicio y el camino equivocado: ingrato, mentiroso y haragán, desatiende consejos, se hace la rabona y se junta con malos compañeros. Pero el Hada Azul y Juan Grillo no le abandonan en su aprendizaje, durante el que retrocede a su condición de muñeco cuando obra mal, pues le crecen la nariz y las orejas (16).

***

Pinocho representa al homo bioethicus en un grado superior al del hombre biogenético y al del hombre cibernético, pues como nos enseña esta tierna historia, el ser humano no se deja reducir a la vida ni al artificio, a la bestia o a la máquina, aunque tiene natural vocación por una y otra alternativa. La manipulación técnica encuentra entonces sus límites en la naturaleza simbólica del hombre, en la "construcción" del cual la diferencia del signo y la técnica plantea los más delicados y acuciantes problemas bioéticos (17).

El hombre es fundamentalmente un ser de cultura, de educación permanente, y esa cultura y educación tienen como meta el desarrollo de la conciencia moral, la ciencia del bien y del mal, con la que la humanidad no se ha reconciliado desde el pecado primigenio y la pérdida del paraíso.

 

 

 

Referencias

  1. Recuérdese la tipología humana de la Geisteswisenchtaftliche Psychologie según E. Spranger (Lebensformen, 1914), que describe al hombre teorético, al estético, al religioso, al político y al económico.
  2. Sobre el argumento de "Playing God" en la arena bioética de nuestros días, véase Splicing Life. The social and Ethical Issues of Genetic Engineering with Human Beings. President's Commission for the Study of Ethical Problems in Medicine and Biomedical and Behavioral Rescarch (November 1982).
  3. "Cyborg", contracción de "cibernética" y organismo", designa una entidad que sería medio biológica y medio tecnológica. El término apareció en el contexto de las discusiones relativas a la reconstrucción parcial del hombre a fin de adaptarlo mejor a las condiciones de los vuelos espaciales.
  4. Sobre el homúnculo, véase la bibliografía que cita Jean Brun en Les masques du désir, Buchet/Castel, París 1981, de quien tomamos el pasaje de Paracelso: H. Silberer "Der Homuniculus", en Imago, 1914, pp. 37-39; S. Bonne, Une esthétique négative, pp. 412-455; A. Espinas L'organisation de la machine vivante en Gréce au IV siêcle av. J. C. ", en Revue de Metaphysique et de Moral, 1903,- P. Kraus, Jâbir ibn Hayyám: contribution á l'histoire des idées scientifique de I'Islan, El Cairo, 1942; H. Corbin, Avicenne et le récit visionnaire, 2da. ed., París, Berg International, 1979, Cap. V.
  5. Cit. por Brun , op. cit.: P. Kircher, Mundus subterraneus, Amsterdam, 1664, T. II, p. 277.
  6. "¡Nace!" Con la masa agitada/ La convicción se vuelve más evidente:/ Lo que se honraba como el misterio supremo de la Naturaleza,/ Nosotros intentamos experimentarlo racionalmente,/ Y lo que antes se dejaba organizar,/ Nosotros lo hacemos cristalizar." Segundo Fausto, acto II, verso 6955, cit. por J. Brun, op. cit.
  7. Cf. J. Brun, op. cit., p. 83: "De las especulaciones sobre el homúnculo a las investigaciones biogenéticas no hay ruptura sino prolongación. Partir de la biotécnica para remontarse a las prácticas ocultistas no es regresión intelectual sino retorno a lo originario".
  8. Con la reproducción asistida y la familia artificial se ha dado un paso decisivo en un recorrido pleno de otras posibilidades antropogenéticas, como la congelación y donación de embriones, la maternidad surrogante, la selección del sexo, la investigación fetal y la ingeniería genética.
  9. Sobre el Golem, J. Brun (Les masques du désir, op. cit., p. 78) registra la literatura siguiente: B. Rosenfeld, Die Golemsage und ihre Verwertung in des deutschen Literatur, Breslau 1934; Ch. Bloch, The Golem, 1925; E Thierberger, The Greal Rabbi Loeb of Praga, his Life and Work and the Legend of de Golem, 1954; G. G. Scholem, La Kabbale et sa symbolique, trad. J. Baesse, París, Payot 1966; del mismo autor el artículo "Golem" en Encyclopedia judaica, así como "Die Verstellung vom Golem", en Eranos Jahrbuch, vol. 22, Zurich, Rheim Verlag, 1954, p. 279.
  10. Cf. D. L. Garasa Los Autómatas y otros Ensayos. Corregidor, Buenos Aires 1992. El autor señala la llegada del Golem a América con el poema de Borges, quien utiliza a Scholem en la rima de Golem, acentúa el escepticismo religioso, el enigma del hombre, el orgullo intelectual, las limitaciones espaciales, temporales, físicas y sociales, la imperfección de la criatura y el arrepentimiento de su creador.
  11. Cf. Meyrink, Gustav El Golem, Hyspamerica, Buenos Aires 1985. Sobre el Golem en la música, el cine y otras expresiones de las letras contemporáneas, véase D. L. Garasa, op. cit.
  12. Sobre el tema de las estatuas animadas véáse H. Ciocchini, "De Asclepio a juanelo", en Quirón 7, 2, 1976.
  13. Cf. Garasa, D. L., op. cit., quien pone como ejemplo de la visión optimista de los robots a Isaac Asimov, introductor del término "robot" y teorizador de la cibernética con las tres leyes esenciales de la robótica (principios de beneficencia y no-maleficencia hacia el ser humano, y hacia ellos mismos, pero sin entrar en contradicción con el primero). La visión apocalíptica de los robots está, entre otros tantos, en Ph. K. Dick. El aspecto peligroso y destructivo del robot como famulus se encuentra también en G. Scholem, "La idea del Golem en sus relaciones telúricas y mágicas", op. cit.
  14. Cf. Hans Moravec. Une vie après la vie, Ed. Odile Jacob, París 1992, trad. francesa, quien especula sobre la posibilidad de liberar el pensamiento humano del cuerpo mortal mediante un ordenador, en una suerte de trasplante informática o de espíritus.
  15. Hoy Collodi, en los alrededores de Montecatini Terme (Toscana), es un encantador paraje que conserva el castillo en cuya cocina el autor de Pinocho comenzó a escribir las aventuras del famoso muñeco, al que todo "evoca" en el lugar. "Pinocho" significa "piña", el fruto del pino.
  16. Cf. W. Gaylin Adam and Eve and Pinocchio. On Being and Becoming Human. Viking Penguin, New York 1990. Gaylin señala con acierto las notas antropológicas de la historia de Pinocho, como la indefensión infantil, el prolongado período de crecimiento y aprendizaje, la experiencia moral y la negación de los valores (quien no conoce el mal no conoce el bien), el mecanismo de la culpa, el castigo y el arrepentimiento, la condición ludens y laboraras del hombre, las virtudes capitales de obediencia, diligencia y veracidad, la omipresencia fundamental del amor.
  17. Cf. Hottois, G. Le paradigme bioéthique. Une éthique pour la technoscience. De Boeck Université, Bruxelles 1990, "Manipulation symbolique et manipulation technique", pp. 70-75, donde se dan comunes ejemplos que "muestran claramente la diferencia entre las manipulaciones simbólicas del ser humano, manipulaciones internas a la esencia natural-cultural del hombre, y las intervenciones tecnocientíficas vivenciadas como extrañas a esta esencia y por ello vergonzantes".
 

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Última modificación: domingo, 01 de septiembre de 2002