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Bioética Ficta (3)
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III.- BIOFICCIONES NEGATIVAS

El imaginario de las posibilidades tecnocientíficas de la biomedicina construye utopías y antiutopías, paraísos e infiernos sobre la Tierra como proyección del futuro. Pero sin duda predominan los escenarios pesimistas respecto a la apreciación del progreso en el mundo tecnológico, que une la ética al porvenir como responsabilidad planetario. En este sentido vale analizar las "bioficciones negativas" en la literatura de ciencia-ficción biomédica, pues son las formas originarias de la conciencia moral para preservar lo posible dentro de lo imprevisible (1).

De esas bioficciones negativas, tres configuran fantasmas habituales en la vida del laboratorio y prestan argumentos sistemáticos al debate bioético de nuestros días.

La primera es El Aprendiz de Brujo, leyenda popular europea sobre la que Goethe escribió la balada homónima, y que representa la fantasía de los bioazares o la biocatástrofe, es decir, los efectos indeseados o no queridos de la biotecnología. La segunda es Frankenstein o el moderno Prometeo, la famosa novela de Mary Godwin, que personifica la biodisgénesis teratogénesis, el engendro del monstruo que se vuelve contra su autor. La tercera es Un Mundo Feliz Mundo Feliz, el libro más recordado de A. Huxley, pintura satírica de la biocracia, o la sociedad gobernada por el poder biológico como nuevo orden de la vida (2).

 

 

1. El aprendiz de brujo

En un castillo de altas torres y sólidos puentes levadizos, vivía en tiempos muy antiguos un hechicero que pasaba sus días encerrado estudiando fórmulas y preparando brebajes. Nadie entraba nunca al castillo. El viejo brujo no admitía otra compañía que la de Trylbi, su pequeño ayudante ingenuo y fiel, incapaz de traicionar ningún secreto de su amo, entre otras cosas porque en su simplicidad, no entendía jota de cuantos signos escribía su maestro en un grueso libro mientras hacía sus experimentos.

En busca de un polvo que necesitaba partió un día el brujo para un largo viaje, no sin antes hacer mil recomendaciones a Trylbi. No quería que nadie penetrara en la torre del castillo donde tenía su laboratorio y guardaba los secretos de sus fórmulas. Trylbi prometió ser discreto y el mago abandon6 el castillo. No pas6 mucho tiempo antes de que el pequeño ayudante se sintiera picado por la curiosidad, y despacito, despacito, subió a la torre. Sobre la mesa estaba el viejo libraco de las anotaciones del brujo. Trylbi pensó que con la ayuda del libro, quizás también pudiera realizar alguna magia. Se puso la negra túnica de su amo y trepado a un banquito, comenz6 a leer.

No entendi6 ni una palabra; aquellos raros signos no tenían sentido para él. Sin darse cuenta, se puso a leer en voz alta, ignorando que se trataba de palabras mágicas de las que se servía el mago, y, de pronto, el balde y la escoba se presentaron ante él, esperando sus órdenes. Trylbi se asustó un poco, pero enseguida tuvo una idea. Mucho trabajo era buscar agua necesaria para la limpieza, como le había ordenado su amo, pero era preciso hacerlo. Contemplando el balde y la escoba, les orden6 que le trajeran agua, y con gran alegría se vio obedecido.

El balde iba y venía y Trylbi silbaba muy contento viendo cómo la escoba realizaba la tarea. De pronto advirtió que ya la cantidad de agua era suficiente y pidió que no trajera más. Pero el balde obedecía sólo a las palabras mágicas y prosiguió diligentemente su misión. Trylbi comenz6 a impacientarse. Inútil era que le hablara en todos los tonos, desde el de mando al de súplica. El agua inundaba ya el piso y corría escaleras abajo.

La impaciencia que sinti6 Trylbi al comienzo se transforma en terror. El agua caía en cascadas, llenaba las habitaciones, inundaba la casa, y el balde seguía trayendo cada vez más. Tryibi sentía ya que el agua le llegaba al cuello, y trataba desesperadamente de nadar, mientras a su alrededor flotaban frascos, vasijas, cajas y las mil cosas del laboratorio. Y cuando ya creía que su fin era seguro, apareció el brujo. Vio al momento lo que pasaba y sin perder un segundo pronunció las palabras mágicas que detuvieron el hechizo. Gracias a esta oportuna llegada, Tryibi se salvó de una muerte segura, a la que lo hubiera llevado su imprudencia. Pero no pudo escapar a la severa reprimenda, que por cierto, tenía bien merecida, de su maestro y señor."El aprendiz de brujo", en Leyendas Universales,Editorial Sigmar, Buenos Aires 1961, p.37

Para su balada El Aprendiz de Brujo, Goethe se había inspirado en una visita a la Escuela antiguo-moderna de Praga, donde perduraba la leyenda del Golem (3). Der Zauberlehrling, compuesta en 1797, narra las peripecias del discípulo de un mago que en ausencia de éste, se pone a practicar el poder mediante fórmulas mágicas, transformando una escoba en ser humano a quien ordena ir por agua para llenar la bañera; pero desconoce la fórmula necesaria a fin de que cese el encanto, y el criado embrujado como el resto de los enseres continúan la faena a un ritmo que desborda rápidamente todo propósito y todo control. Sobrecogido por el pánico, el aprendiz no sabe qué hacer y se ve amenazado por la inundación provocada con su experimento. El providencial retorno del mago vuelve las cosas a su lugar, restableciendo el orden mediante una palabra (4).

La balada de Goethe inspiró L’ apprenti sorcier, poema sinfónico en forma de "scherzo" de Paul Dukas (1865-1937), estrenado en París en 1897. Esta popular página musical, con su brillante orquestación que recrea el embru jo del tema literario, acompañó a su vez la versión del Aprendiz, maravillosamente encarnado por el ratón Mickey, en el film de Walt Disney Fantasía (5).

***

El papel de aprendiz de brujo le cabe perfectamente al hombre moderno, autor del mundo tecnológico cuyo control en ciertos aspectos escapa de sus manos y le amenaza con la autodestrucción (6).

Pero también la figura del bioazar o la biocatástrofe (¿la inundación = diluvio?) que aparece en el episodio del Aprendiz se actualiza con la manipulacióni de la vida en el laboratorio. Desde la famosa conferencia de Asilomar (California, febrero de 1975) un hito histórico en la relación ciencia-ética cuando ciento cuarenta biólogos moleculares se reunieron para prevenir los riesgos de la ingeniería genética, no se ha acallado moralmente el argumento consecuencialista relativo a los "bioazares potenciales de las moléculas de ADN recombinante", vale decir la posibilidad de epidemias por bacterias experimentales patógenas escapadas del laboratorio (7).

También las actitudes públicas hacia la biotecnología registran el motivo del aprendiz de brujo, sin que ello manifieste un sentimiento anticientífico o signifique una condena moral de la ciencia. En el caso del SIDA, el imaginario social introdujo la noción inédita de una enfermedad "fabricada" en el laboratorio, aún cuando en la historia de todas las epidemias es perceptible la manipulación de la vida por el hombre. Y la reciente resurrección de los dinosaurios -los DNA Saurios de Parque jurásico, clonados a partir del DNA recogido de mosquitos preservados en ámbar- apunta como crítica al hecho de que la evolución produce un ajuste entre el organismo y su ambiente, y que las alteraciones que el hombre provoca en uno u otro son intrínsecamente impredecibles y potencialmente peligrosas (8).

 

2. Doctor Frankenstein

"Sabía muy bien, por tanto, cuáles eran los sentimientos de mi padre; pero no podía apartar mis pensamientos de este trabajo, en sí mismo tan repugnante, pero que se había apoderado de forma irresistible de mi imaginación. Deseaba, por así decir, aplazar todo lo relacionado con mis sentimientos de afecto, hasta haber alcanzado el gran objetivo que absorbía todos los hábitos de mi naturaleza.

Entonces pensaba que mi padre sería injusto si atribuía mi silencio a algún vicio o falta; pero ahora estoy convencido de que tenía razón al imaginar que yo no estaba completamente exento de culpa. Un ser humano perfecto debe conservar siempre una mente tranquila y serena, y no permitir jamás que la pasión, o un deseo transitorio, turben su tranquilidad. No creo que la persecución del saber sea una excepción a esta regia. Si el estudio al que nos dedicamos tiende a debilitar nuestros afectos y a destruir nuestro gusto por los placeres sencillos en los que no puede haber mezcla ninguna, entonces ese estudio es indefectiblemente malo y en modo alguno conveniente para la mente humana. Si se observase siempre esta regia, si ningún hombre consintiera que interfiriesen sus afanes en la tranquilidad de sus afectos domésticos, Grecia no habría sido esclavizada, César habría perdonado a este país, América descubierta más gradualmente, y los imperios de México y Perú no habrían sido destruidos.

Pero estoy moralizando en la parte más interesante del relato, y su expresión me recuerda que debo proseguir. Mary Shelley. Frankenstein o el moderno Prometeo, Alianza Editorial, Madrid 1989, pp.67-68.

Frankenstein o el moderno Prometeo apareció en 1818, y su autora Mary Godwin (luego Shelley) explica en el prólogo la génesis de esta ficción. En el verano de 1816 se hallan Mary con su novio Percy Shelley, Lord Byron y el doctor Polidori en los alpes suizos, cerca de Ginebra, hospedándose en Villa Diodati. Como el mal tiempo les confinaba en la residencia, para romper el tedio decidieron competir escribiendo cuentos de fantasmas. Sólo Mary logró este objetivo, inspirada en una pesadilla inducida por una conversación que los cuatro habían mantenido en la víspera sobre la naturaleza humana y el principio de la vida (9).

Mary Shelley ganó entonces en la competencia a los dos grandes poetas románticos, y la fortuna popular de su criatura emularía a la gloria de aquellos. Se trata de una novela epistolar, incluida por sus características en el llamado género gótico, pero que excede el mero relato de horror para ubicarse en los orígenes de la ciencia-ficción. La genealogía de Frankenstein está en el vitalismo romántico, con su optimismo especulativo científico-natural, y la idea de animar la materia con las fuerzas vitales sugeridas por el magnetismo y la electricidad. El resultado es la fantasía, por su verosimilitud más propia de nuestro tiempo que de entonces, de reanimar los cuerpos, fabricándolos con partes de otros cuerpos y recrear el hombre por el hombre como un nuevo Prometeo (10).

***

El "factor Frankenstein" suele invocarse como elemento irracional en la percepción del progreso biomédico, particularmente con referencia a la ingeniería genética (1l). Se da en el caso Frankenstein la conjunción de dos temas. Por un lado la figura del sabio delirante -"El sueño de la razón engendra monstruos", reza uno de los Caprichos de Goya- que despunta a fines del S. XVIII y tendrá variada expresión literaria en el S. XIX (12). Por el otro lado el monstruo, la criatura inespecífica, el híbrido producido sin reproducción que se venga del autor de sus días (13). En la extraña identidad del creador y la criatura reside el enigma de Frankenstein (nombre en el que se confunden el doctor y su paciente). El engendro de monstruos en uno y otro sentido se actualiza con las capacidades biotecnológicas que permiten intercambiar el material genético de diferentes especies (transespeciación), saltando las barreras sexuales y normales.

 

3. Un mundo feliz

"Mi querido joven amigo, dijo Mustafá Mond, la civilización no necesita en absoluto la nobleza o el heroísmo. Estas cosas son el resultado de errores políticos. En una sociedad adecuadamente organizada, como la nuestra, nadie tiene oportunidad de ser noble o héroe. Las condiciones tienen que ser sumamente inestables antes de que existan esas posibilidades. Donde hay guerras, obviamente la nobleza y el heroísmo tienen algún propósito. Donde existen lealtades divididas, donde existen objetos de amor por los que luchar o defender -en todas estas situaciones- la nobleza y el heroísmo son necesarios. Pero no hay guerras en estos días. Se extrema el cuidado para prevenir que la gente ame demasiado a algo o a alguien. Las personas están tan condicionadas que no pueden hacer otra cosa que lo que deben hacer. Y lo que deben hacer es generalmente placentero. Hemos hecho la vida lo más fácil posible. Y si alguna vez ocurre algo desagradable, siempre hay 'soma' para convertir los enemigos en amigos. Siempre hay 'soma' para hacer a la gente paciente y capaz de sufrir por largo tiempo. En el pasado, la gente s6lo podía ser paciente y sufrir haciendo un gran esfuerzo. Se necesitaron años de duro entrenamiento moral. Ahora, se tragan unas tabletas de ‘soma', y ya está. Cualquiera puede ser virtuoso hoy. Puede llevarse por lo menos la mitad de la moralidad envasada en una botella. La Cristiandad sin lágrimas -eso es 'soma". (...) "Yo, no', respondió el Salvaje. 'Yo no quiero confort. Yo quiero a Dios. Quiero poesía. Quiero libertad. Quiero poder elegir lo bueno o lo malo".

"En suma', dijo Mustafá Mond, estás reclamando el derecho a ser infeliz. Estás reclamando el derecho a hacerte viejo y feo. El derecho a estar enfermo. El derecho a tener muy poco que comer. El derecho a vivir con miedo a lo que vendrá. El derecho a sufrir dolor". Hubo un largo silencio. "Reclamo todas esas cosas', dijo finalmente el Salvaje. Mustafá lo miró tristemente. "Puedes tenerlas", le dijo. Aldous Huxley Brave New World, Longman, England 1990

Aldous Huxley, nieto del sabio darwinista Thomas Huxley, nació en Surrey en 1894 y murió el 22 de noviembre de 1963 (el mismo día del asesinato de Kennedy). Su libro más conocido, Brave New World (1932) expresión tomada de La Tempestad de Shakespeare-, es una sátira de humor cáustico sobre un mundo futuro, a lo Wells, tecnificado y deshumanizado al máximo. En Brave New World Revisited (1958) Huxley retorna su profecía antiutópica haciendo notar cómo se iban cumpliendo no pocas de sus previsiones, mucho antes de lo que él imaginara, y señalando el agravamiento de algunos males como la superpoblación, el autoritarismo y el consumismo (14).

La historia se ubica en el año 632 A. F. (después de Ford, divinidad de la utopía), cuando la civilización ha superado una guerra devastadora y obtenido estabilidad (identidad y comunidad para el ojetivo felicidad). Utopía terminó con el espíritu -la religión, el arte y el saber desinteresado-, ya no hay más bienes espirituales sino de consumo o materiales. Es el clímax de la confrontación personal de John (el Salvaje) y Mond (el Controlador). Cuando los hombres quieren construir "el mejor de los mundos" mediante el poder alcanzado, elaboran un infierno de constricciones cada vez más intolerables.

***

Lo original de la idea utopista en Brave New World es la utopía biocrática, la biopolítica que instaura el nuevo orden de la vida como control social. Imaginemos un mundo, este mismo que hoy nos negamos a ver nacer, en el cual todos los valores humanos han cambiado, donde la vida familiar ha desaparecido y los niños se producen en botellas. En el laboratorio de fertilización, los huevos se dividen en cinco grupos (¶ ,b , ... ), de acuerdo a las necesidades del estado en hombres inteligentes y más o menos estúpidos. La enfermería estatal ha reemplazado la "insana" vida familiar.

La gente no tiene ideas propias y sus vidas están planificadas desde el nacimiento a la muerte. Hay control y estabilidad, la gente se mantiene joven por la ciencia y feliz por soma (panacea), de modo que no necesita la antigua religión. Lo trágico de la existencia humana ha desaparecido y la lectura de Shakespeare resulta ridícula. El hospital para los terminales maquilla la muerte y vence la angustia vital (15).

Cuando leemos Brave New World uno no deja de preguntarse si no es éste el camino que está tomando nuestro mundo. En cuanto al escenario tecnocientífico de la biomedicina, la semejanza es asombrosa: ectogénesis, bebés de botella, juegos eróticos, embarazos sustitutos, soma, lavados de cerebro y otras formas de control de la conducta. Pero la revolución biológica ocurre en la cultura posmoderna individualista y libertaria, muy distinta de la utopía biocrática huxleriana, de signo colectivista y autoritario. Cabe pues esperar que la razón bioética imaginativa descubra el "excedente compensatorio" o suplemento de alma que caracterizaría a la revolución biológica o de Pigmalión ( 6).

 

Referencias

  1. Sobre la tecnología y el futuro, \,éaiise entre tantos G. Hottois. I,e paradigme bioéthique. De Boeck Université, Bruxelles 1990; A. C. Clarke, Prqfits du futur, Denöel, París, 1964; F. de Closets, Scenarios du futur, Denöel, París, 1978; -En danger de progres, Gallimard, París, 1972; H. Cole, C. Freeman, Thinhing about the Future, Chatto and Windus, London, 1973; G. Elgozy, Le bluff du futur, Calmaun-Levy, París, 1974; E. Schurman, Technology and the future, Wedgc, Toronto, 1980; A. Toffler, El shock del futuro vers. esp. Orbis, Madrid 1985.
  2. Sobre el uso de la literatura de ficción en la bioética, véanse President's Commission for the Study of Ethical Problems in Medicine and Biomedical and Behavioral Research. Splicing Life. The Social and Ethical Issues of Genetic Engineering With Human Beings; W. Gaylin, Adan and E've and Pinocchio, Viking Penguin, New York 1990.
  3. Según G. Scholem, "La idea del Golem en sus relaciones telúricas y mágicas", op. cit.
  4. Cf. el artículo sobre el "Aprendiz de Brujo" en Bompiani. Diccionario de Literatura. (Obras) Salvat, Buenos Aires, 1965. La balada pertenece al tercer período de la actividad literaria de Goethe, superado su juvenil "Sturm und Drag", y está compuesta de catorce estrofas: siete octavas alternando regularmente con siete sextinas, respectivamente de ritmo distinto.
  5. Cf. Idem: "Es una de las más populares páginas sinfónicas de la música contemporánea y debe su extraordinario éxito al hecho de que, aunque extraída de elementos descriptivos sugeridos por la trama poética de Goethe, su fuerza expresiva se sostiene en una férrea construcción en forma de "fuga": el ritmo irónico de la partitura Dukás, su espíritu endiablado y su asombrosa instrumentación superan completamente la tesis literaria".
  6. Cf. M. Oraison El aprendiz de brujo (Por una medicina al servicio del hombre), trad. esp., La Aurora, Buenos Aires, 1978.
  7. Cf. J. A. Mainetti "La revolución de Pigmalión", op. cit., sobre los peligros de la biotectnología en la agricultura y en la estrategia bacteriológica.
  8. Acaba de otorgarse el Nobel de Química a los investigadores Kary Mullis (USA) y Michael Smith (Canadá) por sus aportes al desarrollo de las técnicas de químico-genética, una de las cuales puede producir material genético a partir de insectos muertos, idea utilizada en "Parque jurásico", donde científicos emplean el material genético de dinosaurios extintos, que provenía de sangre chupada por insectos preservados en ámbar, para recrear los gigantescos reptiles.
  9. Mary Shelley. Frankenstein o el moderno Prometeo,, ed. esp., Alianza, Madrid, 1992.
  10. La idea de Frankenstein era científicamente descabellada para su tiempo; no ya hoy con la biología molecular, la ingeniería genética y la medicina antropoplástica: un corazón artificial, una placenta protésica, un trasplante de cerebro. Esto explica sin duda la vigencia y reactualización del tema Fratikenstein en el imaginario social, particularmente en el cine, desde Boris Karloff a Mel Brooks y mañana H. Cóppola, que hoy rueda su Frankenstein con Robert de Niro.
  11. Cf. M. Vacquin, Frankenstein ou les délires de la raison, Ed. Francois Bourin, París 1989. También President's Commission, Splicing Life, op. cit., y W. Gaylin, Adam and Eve and Pinocchio, op. cit.
  12. Recuérdese el Dr. Moreau, de H. G. Wells; el Dr. Jekyll, de Stevenson; el Dr. Raymond, de Arthur Machen; el Edison, de Villers, de L' isle Adam. Idea común es la desconfianza hacia el científico en su laboratorio, solitario como Frankenstein, persiguiendo sus propios objetivos y no el interés de la humanidad. Numerosos pasajes de la novela como el epigráfico aquí reproducido, avalan la moderna visión científica del bíblico vínculo entre conocimiento y pecado: "Usted busca el conocimiento y el saber, como yo los busqué en otro tiempo; confío vivamente en que el cumplimiento de sus deseos no resulte ser una serpiente que le muerda, como me mordió a mí... Busque la felicidad en la paz y evite la ambición, aún cuando parezca inocente el ansia de distinguirse en la ciencia y en los descubrimientos" (p. 37).
  13. Ibidem "Como Adán, yo no parecía tener lazo alguno con los demás seres; pero su estado era muy distinto del mío en los demás aspectos. De las manos de Dios había salido una criatura perfecta, próspera y feliz, protegida por el especial cuidado de su Creador.. En cambio, yo era desdichado, estaba desamparado y solo. Muchas veces consideré a Satanás el símbolo más acorde con mi condición" (p. 165). "Vengaré mis ofensas; si no puedo inspirar afecto, inspiraré temor; y a ti, mi mayor enemigo, por ser mi creador, te juro un odio inextinguible... Tú eres mi creador, pero yo soy tu amo: obedece" (P. 199).
  14. Cf. W. Paul, Brave New World and Brave New World Revisited Notes. Coles Publishing, London 1966.
  15. .Huxley, Brave New World, op.cit., p. 81
  16. J. A. Mainetti, "La revolución de Pigmalión", op. cit.
 

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Última modificación: domingo, 01 de septiembre de 2002