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La transformación de la medicina (1)
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CAPITULO I

MEDICINA Y HUMANISMO

 

1.1. La tradición del humanismo y el humanismo médico

El humanismo es el diseño de un mito en el que el hombre se constituye como su propio interrogante, el ser en cuestión, aquél que, según Heráclito decía del Lógos, "no se oculta ni se manifiesta sino que significa" ¿Qué significa ser humano? Tal el leitmotiv del humanismo, acaso un invento de la religión perpetuado por la medicina (1).

Existe una retórica del humanismo sostenida por diversos usos del término en el discurso. Perlocucionario, o significado intencional apologético, en el sentido de que cuando decimos humanismo estamos diciendo dignidad humana y hablando de que el hombre debe ser respetado; y frente a la laudatio de lo humano ¿Quién podría oponerse sino un animal o un dios? Polisémico, o vocablo de innumerables y diversas significaciones, pluralidad de sentidos de que ha sido víctima en su trajín histórico: "Algún monedero falso, entre los siglos XV y XVI, puso en circulación la palabra 'Humanismo’" (2). Polémico, o instrumento de crítica ideol6gico-política en el siempre renovado conflicto de los humanismos (cristiano, existencialista, científico, materialista, etc.).

En el discurso médico es perceptible esa retórica medicinalis como diagnóstico genérico y panacea de todos los males de la medicina moderna, según la fórmula simplista y maniquea ("¿maniquiatría?") "deshumanización-rehumanización". Jamás se aclara la confusión entre humanismo "humanitario" y humanismo "culto" sobre el que asienta la falsa conciencia del médico-doctor. En la pieza de T. S. Eliot Murder in the Cathedral, Thomas Becket, el obispo de Canterbury, tras haber resistido las tres mayores tentaciones mundanas, es sorprendido por el tentador que le ofrece la santidad, a lo que responde con estas palabras: "La última tentación es la mayor traición, hacer lo debido por la razón equivocada" (To do the ríght deed for the wronq reason) (3).

Sin embargo cabe registrar las diversos acepciones de la palabra "humanismo", cuatro principales en el uso corriente. Histórica, el movimiento renacentista del cultivo de las letras grecolatinas con el que se inicia la modernidad. Literal, la procura de la humanitas -la cualidad humana a diferencia de la hominitas o realidad humana- que según la distinción de Aulo Gelio tiene dos componentes, en griego las expresiones philantropía y paideia, amor al hombre y educación, humanitarismo y cultura, humanismo compasivo y humanismo culto (vir bonus et cultus vs. vir inhumanus et barborus, por ejemplo el médico vir bonus medendi peritus). Pedagógica, la cultura de las humanidades o educación humanística, portadora de los valores humanos, distinta de la cultura científica, axiológicamente neutra ("Two cultures"). Filosófica, el hombre como centro y medida en la concepción del mundo, equilibrio reflexivo entre los polos de las cosmovisiones científica y religiosa, el fisiocentrismo y el teocentrismo.

Todos estos sentidos concurren al concepto de humanismo médico, cuya nota diferencial es el hombre sub specie infirmitatis, el horno ínfirmus. Por una parte la especie humana es 'hija del cuidado" y la medicina una institución social del mismo rango que la religión y el derecho (4). Por otra parte la enfermedad es el estar del ser del hombre, el momento físico (somático) en que se actualiza la condición humana, vale decir la experiencia concreta de la infirmitas o finitud ontológica (5). En la enfermedad, el hombre es menos y es más que sí mismo, está limitado y por encima de sus limites, ónticamente carenciado pero ontológicamente in actu excercitu. De aquí que subspecie pothologicae se revela la humanítas o cualidad humana como infirmitas, a la vez la miseria y la grandeza del hombre, su humildad y dignidad.

En el marco de las relaciones medicina-sociedad y médico-paciente el humanismo se define por las cualidades de la compasi6n y el respeto, correlativas a la indigencia y la excelencia, la minusvalía y la plusvalía del hombre enfermo. Pero la misma compasión, en el sentido literal de compadecer, sufrir con, genera el respeto por el otro en cuanto curador. la enseñanza cristiana se ha fundado en el hecho de que la compasión redime porque sustrae de la sinecuria existencial, de la "insoportable levedad del ser" (6). En cualquier caso, compasión y respeto configuran las dos notas constitutivas de humanismo médico, a un tiempo humanitarista y humanista, filantrópico y culto en un singular ejercicio de reciprocidad (7).

 

1.2. El humanismo en la era tecnológica y los límites de la medicina

La crítica a la idea ilustrada del progreso de la civilización y al papel en éste de la ciencia moderna se inicia con el romanticismo sentimental, seguidor de Rousseau, quien en su famoso Discurso sobre las ciencias y los artes, de 1750, ponía como epígrafe una máxima de Ovidio: "Aquí yo soy un bárbaro" (... porque no me entienden -aclaraba- en la Academia de Dijon que había propuesto la cuestión "Si el progreso de las ciencias y las artes ha contribuído a corromper o mejorar las costumbres" (8). "Where is the wisdom we have lost ín knowledge?' -reza un verso de T. S. Eliot.

El Discurso rousseauniano se reinstala posmodernamente como un balance revisionista de nuestra cultura en la era tecnológica. La ciencia ocupa el banquillo de los acusados bajo una triple argumentación crítica. En un primer plano, empírico o descriptivo, en razón del acuciante rostro jánico o ambivalencia de desarrollo cientifico-tecnológico, por un lado promotor del bienestar irrevocable de la humanidad, y por otro responsable de la propia crisis de supervivencia planetaria, ecológica y nuclear. Situación inédita en la historia del hombre, su mismo poder es autoamenaza e incertidumbre, reverso trágico de un progreso técnico para nada ilusorio e imposible no reconocer.

En un segundo nivel de análisis surge la crítica a la racionalidad instrumental o estratégica, la crisis de la razón según fuera señalada por la escuela de Frankfurt: a partir del siglo XVIII se produce un cambio de modelo de racionalidad, que de ser básicamente deontológica ha pasado a convertirse en estrictamente teleológico o instrumental (9). Y el tercer paso en el estudio crítico de la tecnociencia apunta a la supuesta neutralidad axiológica del saber científico, su condición avalorativa y extramoral. En mayo de 1968 cundió la tesis de que la ciencia no es sólo un sistema de ideas, también es un sistema de control social, una urdimbre de relaciones entre el saber y el poder que apelan al deber y actualizan la "genealogía de la moral". El siglo XX ha aprendido que la ciencia no es política, ni social, ni moralmente neutra, quedando patente la responsabilidad del científico (10).

La crisis de la medicina se inscribe en esta crítica general del "brave new world", sensible ahora al descenso de Icaro, desencantado ya con el proyecto de volar hacia una sociedad mejor con las alas de la ciencia y la tecnología. Se quiebra la fe en el progreso médico indefinido y la ilusión en la utopía de la salud, que está en el origen del mundo moderno y cristaliza en la empresa ilustrada, como lo testimonia la célebre apuesta de Condocert, antes formulada por Bacon y Descartes: "la naturaleza no ha puesto término alguno a nuestras esperanzas... Sin duda que el hombre no se hará inmortal; pero la distancia entre el momento en que comienza a vivir y la época en que, naturalmente, sin enfermedad, sin accidente, experimenta la dificultad de ser ¿No puede ir creciendo sin cesar?" (1l). Este espejismo de la salud, incluso en el bien inspirado eslogan de la OMS ("Salud para todos en el año 2000"), alimenta la medicalización de la vida, que hoy pago los costos del éxito en la crisis del sistema sanitario.

A fines de los años 60, en el marco más amplio del cuestionamiento ideológico a la tecnociencia, arrecian las criticas a la medicina oficial y se perfilan sus dos caras polémicas: la optimista o positiva, visión tradicional de la humanitaria y progresiva eficacia de la medicina científica en el control de la enfermedad y para la calidad y prolongación de la vida humana; la pesimista, o negativa, denuncia más reciente de la medicina académica por su imperativo tecnol6gico que conspira contra la auténtica atención de la salud y resulta en iatrogenia y expropiación del cuerpo (12).

La crisis de la medicina resalta en el plano empírico la ineficacia frente a los padecimientos dominantes (enfermedades crónicas, de la vejez, mentales y sociales), y los costos del sistema sanitario (13). El planteo reflexivo apunta a la crisis de la razón médica -crisis del modelo positivista y paradigma humanista alternativo- tanto en el orden teórico (objeto y método) como en el orden práctico o moral (fines y valores) de la medicina (14). Esta, en suma, tropieza hoy con sus propios límites, que son los límites del hombre y la humanidad, el individuo y la sociedad, y por eso se reconoce como lo que es y en el fondo siempre ha sido: filosofía concreta, humanismo en ejercicio.

 

1.3. Medicina y Filosofía en mis años de formación y peregrinación

Una vieja pauta de la vida intelectual distingue en ésta tres etapas: formación, peregrinación y magisterio. De las dos primeras daré cuenta aquí, en un breve relato del origen de mi experiencia iatrofilosófica, bajo el signo del Centauro Quirón (15).

Medicina y Filosofía constituyen las dos disciplinas de mi formación. Seguí paralelamente ambas carreras universitarias, más bien por vis a tergo familiar en la primera y por vis a frontis vocacional en la segunda, egresando en 1962 de la Universidad Nacional de La Plata con los títulos de Doctor en Medicina y Profesor en Filosofía (éste último complementado con el de Doctor, diez años más tarde). Dicha condición intelectual centáurica, mezcla de dos naturalezas difícilmente conciliables o acaso contradictorias, me emplazaba a una elección profesional cuya moratoria fue una beca en París, los años 1962/1963. Allí encontré mi camino de Damasco, la conversión personal de las relaciones entre filosofía y medicina, gracias al magisterio de un filósofo interesado metodológicamente en el psicoanálisis (Paul Ricoeur), y de un epistemólogo biomédico (Georges Canguilhem) para quien la filosofía médica tenía una atracción no limitada a la psiquiatría (16).

La influencia de ambos maitre à penser fue en mí decisiva. De regreso a La Plata (1964) intenté sin mayor convicción el ejercicio de la clínica psicosomática según la orientación recibida en la Ecole Psychanalytique de París, pero al poco tiempo abandoné la asistencia para dedicarme definitivamente a la docencia y a la investigación. Ingresé a la Cátedra de Filosofía contemporánea en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP, y a la carrera de investigador del CONICET (R.A.), bajo la sabia dirección de mi maestro y amigo Emilio Estiú. Mi itinerario académico quedó así sellado por la conjunción de medicina y filosofía, influido por la literatura sobre la crisis de la medicina en esos años (17).

Desde la tesis de doctorado en medicina (El diagnóstico: Introducción al problema del conocimiento médico, La Plata, 1962), pasando por su homóloga en filosofía (Realidad, fenómeno y misterio del cuerpo humano, La Plata, 1972), que fue el primer libro, y hasta hoy, mis trabajos y publicaciones se inspiran en las relaciones entre Minerva y Esculapio. Con el pathos del lógos (la filosofía) y con el lógos del pathos (la medicina) se anudaron los principales temas de mi interés intelectual, una alquimia de materia médica y reflexión filosófica: el hombre sub specie pathologicae, el cuerpo, la muerte, el tiempo, y, si la vida me depara nuevas luces, el dolor, la vejez y el amor (18).

La creación de la Fundación Mainetti en 1969 da comienzo a mis años de magisterio y a nuestra primera etapa de institucionalización del humanismo en medicina, con el establecimiento de la editorial Quirón y luego el Instituto de Humanidades Médicas. El mito del Centauro Quirón se encarna en la historia oficial de la Fundación, porque el Centauro simboliza la constitución de los dos proyectos originarios y definitorios de la Fundación Mainetti: el médico y el humanístico, el quirúrgico y el cerebrúrgico, el oncológico y el bioético. Dos escuelas, de mentalidad y obra diversas, y también desparejos méritos, pero cuya unión significa nuestro concreto destino. Quirón constituye mi guía filosófico-médica como arquetipo de la condición humana, paradigma del arte de curar y teoría del homo infirmus. También es acaso el mito sobre el que se constituye mi vida.

¿Qué significa Quirón en mi historia personal? Lo veo como Edipo a la Esfinge en las puertas de Tebas, el propio enigma a resolver, el destino de llegar a ocupar el lugar del Padre (entonces su parte superior estaba oculta para mí; conocía mejor sus piernas). Yo empezaba a transitar el camino edípico, plagado de encuentros y desencuentros hasta congeniar definitivamente la relación paterna y componer el centauro, que imaginariamente me habló como Quirón a Melampo en el poema de Guérin: 'Oh Melampo que queréis saber la vida de los centauros. ¿Por cuál voluntad de los dioses habéis sido guiado hacia mí, el más viejo de todos y el más triste? ... Vos perseguís la sabiduría, oh Melampo, que es la ciencia de la voluntad de los dioses, y erráis entre las gentes como un mortal extraviado por los hados"' (19).

 

NOTAS

  1. Sobre el tema general del humanismo y sus relaciones con la medicina, remito a mis siguientes trabajos: ‘La medicina en el humanismo de nuestro tiempo', Revista de la Universidad Nacional de La Plata, 1971, 22; 'La disputa de las artes en el Renacimiento italiano', Cuadernos del Instituto de Humanidades Médicas, 1975, 4; 'El humanismo en la ciencia de nuestro tiempo: el ejemplo de la medicina', Quirón, 1983, 14, 1 'El hombre: objetivo de la medicina o el humanismo médico', Quírón, 1985, 16, 2-4.
  2. R. Jáuregui, 'Conceptos acerca del humanismo', Boletín de la Academia Nacional de Medicina, vol. 67, 2do. sem., 1989, p. 453. '... Desde entonces ha rodado a lo largo de cuatrocientos años impregnada por las creencias, subordinada a los valores, desfigurada por los predicados, puesta en la estrapada por las ideologías, usada a través de sucesivas mascaradas más desconcertantes que las de Ensor..-.'
  3. Cit. por S. Warren 'The Humanities in Médical Education', Annals of lnternal Medicine, 1984; 101; 697-701. 'Is an education in the sciences dehumanizing? Does studying the humanities guarantee compassion? Are students prone to develop the 'premeds syndrome' going to believe that majoring in the humanities is the answer to getting into medical school? If so, we might create monsters such as the earnest young man, depicted in an Ed Fischer cartoon in The New Yorker Magazine, kneeling beside his bed and praying: 'and give me good abstract reasoning ability, interpersonal skills, cultural perspective, linguistic comprehension, and a high sociodynamic potencial'. What we really want in our doctors, by hook or by cook, comes from a memorial plaque to Sir Richard Wright in London’s Saint James Church: 'a life of unsullied purity, warm affection and an urge to be useful".
  4. Cf. M. W. Wartofsky. 'Organs, Organisms, and Disease: Human Ontology and Medical Practice', in Evoluation and Explanation in the Biomedical Sciences, ed. by H. T. Engelhardt, Jr, and Stuart Spicker, Dordrecht: D. Reidel 1975. Wartofsky sostiene la tesis de que la medicina no es una ciencia derivada sino una de las maneras fundamentales en que los hombres se hacen cargo de la realidad, constituyendo un dominio exclusivo del conocimiento a causa de que se refiere a necesidades únicas, y además no es una empresa puramente teórica sino una forma de praxis, la tarea de hacer y producir.
  5. J. A. Mainetti, Homo Infirmus ed. Quirón, La Plata 1990. No planteo ahora la cuestión ontico-axiológica del posible sentido positivo de la enfermedad en la experiencia humana, según la larga tradición cristiana de la infirmitas salubres, la sanitas perniciosa, la "maladie salutaire' (Montaigne), "le bon usage de maladies" (Pascal) o "la gran salud" nietzscheana.
  6. Cf. J. Campbell The Power of MythDoubleday, N. Y. 1988. Cristo es a la vez médico y enfermo, herido y sonador, y según Abelardo el sentido de la crucifixión de Jesús es evocar en el corazón del hombre la compasión por el sufrimiento redentor, tema que también recoge la leyenda de Parsifal sobre el secreto del Graal (véase Gustavo Pis Diez "Sacralidad, enfermedad y realidad en el mito de Parsifal', Quirón 1983, 14, l). Sobre la actualidad del sufrimiento y la compasión en la ética médica, véase Eric Casell 'Recognizinig Suffering' (Hastings Center Report, May-June 1991): la auténtica patología es literalmente teoría del sufrimiento, que la medicina científica ha sustituido por la teoría de las enfermedades, el pathos por la nosología, y con la ética del cuidado se abre una nueva agenda en la medicina, por ejemplo, la orientación paliativa.
  7. Cf. J. A. Mainetti, "Kant y la introducción del sujeto moral en medicina' (Cuadernos de Ética, N°'7, junio 1989, 51-55) donde se relata una anécdota de Kant que ejemplifica la reciprocidad de compasión y respeto enla relación médico-paciente.
  8. J. J. Rousseau Discursos a la academia de Dijon. Ediciones Paulinas,Madrid 1977. Introducción, traducción y notas de Antonio Pintor-Ramos. En el siglo de las academias doctas, la actitud de Rousseau es antiacadémica, y la simplicidad casi maniquea del tema en concurso desafió la vena retórica de aquél, según narra autobiográficamente la revelación que tuvo ese año 1749, en el camino entre París y Vincennes para visitar a Diderot, cuando se encuentra por azar con el anuncio del premio en el Mercure de France.
  9. Sobre el "desencantamiento del mundo" operado con la Ilustración, véanse los estudios conocidos de G. Lukacs, Dialéctica del Iluminismo, M. Horkheimer Crítica de la razón instrumental, y J. Habermas Conocimiento e interés.
  10. La llamada 'era átomica' resume esa nueva actitud de la humanidad respecto de la ciencia -la física ha reconocido sus límites y no ha vuelto a ser la misma tras el Proyecto Manhattan- porque conjuga la fórmula prometeica o fáustica del poder autodestructivo, la lógica armamentista y la conciencia del mal.
  11. M. de Condorcet Esquisse des progrès de l’espirit humaine, París, 1794. El "espejismo de la salud" (René Dubos), la liberación completa y definitiva de la enfermedad como sueño del paraíso perdido, los valores del progreso médico indefinido, sufren hoy la crítica filosófica al compás de la crisis en la atención de la salud. Véanse algunos ejemplos en la bioética norteamericana: D. Callahan What Kind of Life. The Limits of Medical Progress New York: Simon O. Schuster 1990; J. L. Kinfeelstein 'Biomedicine and Technocratic Power", Hastíngs Center Report, July/ Aug. 1990; N. S. Jecker "Knowing when to Stop: The limits of Medicine', Hastings Center Report, May/June 1991.
  12. Cf. H. A. M. J. Ten Have, G. K. Kimsma and S. Spicker (ed.) The Growth of Medícal Knowiedge, Kluwer Academic Publishers, P. & M. Dordrecht 1990: 'Does the growth of medical knowledge lead to a gradual overcoming of our vulnerability and infirmity, or has ‘scientific' medicine obtained resources for its own development and secure its own power and authority in modern society by spreading the myth that it could make us trascend human weakness and pave the way to human immortality? Advocates of modern medicine takes the first approach. Critics, however, consider medicine as one of the most ideology producing enterpries of modern society'.
  13. Cf. W. J. van der Steen, P. J. Thung Faces of Medicine. A Philosophical Study, Kluwer, Dordrecht 1988. La era médica moderna, optimista, de la pax antibiotica, se enfrenta al desafío del SIDA; los resultados sanitarios son debidos a las condiciones de vida más que a la intervención terapéutica (como nos lo recuerda el cólera en América latina); bajo el nuevo paradigma de la patología, genético y ecológico, se aprecian los efectos antidarwinianos (disgenesia, envejecimiento poblacional) y la epidemiología ambiental de la medicina.
  14. Cf. K. L. White The Task of Medicine., Dialogue at Wickenburg, Kaiser Family Foundation, Menlo Park, California, 1988. Se señalan con justicia hubris y némesis de la medicina flexneriana, "Doing better and feeling worse", el desencanto con el modelo científico-tecnológico que ya no funciona para nuevos problemas y de otro tipo -políticos, económicos y sociales. Decimos que hay una crisis de la razón médica y urgencia de un nuevo paradigma, inadecuación entre la tecnociencia y los ideales humanos, replanteamiento reflexivo en la medicina como expresión cimera del malestar en nuestra cultura y nuestra capacidad de recuperación.
  15. Cf. J. A. Mainetti 'Justificación de las humanidades médicas" Quirón, 1982, 13, 2. Es este artículo mi primer esbozo de "autobiografía filosófica", que aquí reproduzco con ligeras variantes y algo ampliado.
  16. Tras la muerte de Merleau-Ponty (1961), Paul Ricoeur dominaba la enseñanza de la filosofía en la Universidad de París, y con él aprendí el camino de la fenomenología y la introducción de Freud entre los filósofos Georges Canquilhem dictaba (1963) en la misma Faculté des léttres et Sciences Humaines de París un curso sobre Les normes et le normal, que veinte años después de su tesis doctoral de medicina en Strasbourg (Essai sur quelques problèmes concernant le normal et le pathologique, 1943) le llevó a escribir sus Nouvelles reflexíones concernant le normal et le pathologique, ambos trabajos publicados en Le normal et le pathologique Presses Universitaires de France, París 1966.
  17. Véase mi trabajo 'Temas actuales de la filosofía médica" (Quirón 1970, 1, 2, 17-33) como registro de la bibliografía corriente entonces, sobre todo de la literatura francesa y alemana, que introducía la disciplina reflexiva en la medicina. En cualquier caso, hago mías estas líneas de Canquilhem en el origen de mi orientación intelectual: "la philosophie est une réflexion pour qui toute matiére etrangére est bonne, et nous dirions volontiers pour qui toute bonne matiére doit étre etrangère. Ayant entrepris des études médicales quelques années apres la fin des études philosophiques, nous devons quelques mots d' explication sur nos intentions. Ce n'est pas nécessairement pour mieux connaître les maladies mentales qu' un professeur de philosophie peut s' intéresser à la médecine. Ce n'est davantage nécessairement pour s' exercer à une discipline scientifique. Nous attendions précisément de la médecine une introduction à des problemes humaines concrets. La médecine nous apparaissait, et nous apparaît encoare, comme une technique ou un art au carrefour de plusieurs sciences, plutôt que comme une science proprement dite' (G. Canquilhem, op. cit. p. 7)
  18. Cf. J. A. Mainetti La crisis de lo razón médica. Introducción a la filosofía de la medicina, Quirón, La Plata 1988. Apéndice E. Bibliografía del autor, pp 82-88.
  19. Cf. J. A. Mainetti 'Quirón, Asclepio y Nosotros: la saga de la excelencia", Quirón 1991, 22, 2. Sobre la nueva dirección de Quirón, véase J. C. Secchi, "El legado del centauro", Quirón 1990, 21, 2.

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Última modificación: domingo, 01 de septiembre de 2002