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Bioética Médica. 1° Parte. Antigüedad
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1.- Antigüedad

Cap. I: El Orden Natural

1.1. Concepto de physis
1.2. Naturalismo ético
1.3. Tecnología médica

Cap. II: La Medicina hipocrática

2.1. Linaje hipocrático
2.2. Paradigma médico-filosófico
2.3. Ethos hipocrático

Cap. III: El Juramento Hipocrático

3.1. Texto
3.2. Contexto
3.3. Pretexto

 

 

 

 

CAPITULO I

EL ORDEN NATURAL

I.1. Concepto de "physis"

El concepto de physis -la visión de la naturaleza de las cosas como cosas de la naturaleza- pertenece al origen histórico de la filosofía, que fue el paso del mythos al lógos en la Grecia colonial de los siglos VI y V antes de Cristo, por obra de los llamados filósofos presocráticos, autores de escritos genéricamente titulados Peri physeos, sobre la naturaleza. Es ilustrativo el modo como aparece por vez primera el término physis en las letras griegas, aquel pasaje de la Odisea (X, 302ss) en que Hermes muestra a Ulises una planta cuya "naturaleza" (physis) -negra su raíz y blanca como la leche su flor- protege contra los hechizos de Circe (1). Este episodio lingüístico revela el sentido originario de la palabra physis (sustantivo derivado del verbo phyein, que significa nacer, crecer o brotar) al referirse a una planta (phytá), prototipo de algo que brota y tiene además la "magia" del remedio, esa intuible correlación entre la apariencia (eidos) y la potencia (dynamis), entre la forma o aspecto y la virtud u operación de las cosas en tanto propiedades suyas, como el sol calienta porque es caliente (2).

A partir de los presocráticos, y luego en particular desde Aristóteles, la elaboración sistemática de la idea de physis va a ser decisiva en la historia del pensamiento occidental. Los latinos tradujeron physis por naturaleza, en calco etimológico y semántico perfecto, pues también el sustantivo natura procede del verbo nascere y significa lo nacido y naciente. Naturaleza es natalidad, génesis en sentido temporal y fundamental, origen y principio de lo que hay visible e invisible, fuente inagotable y fondo universal de los seres. En virtud de la physis la realidad es kosmos = mundo, el todo uno y diverso, puesto que hay una physis propia de cada cosa y otra común a todas.

En concreto, la physis resulta el orden de la realidad configurada por tres propiedades principales -armonía, racionalidad y divinidad o poderosidad- con un respectivo registro para el hombre: axiológico, epistemológico y tecnológico (3). Armoniosa es la physis, equilibrada y justa, orden bello y bueno -según el sentido etimológico de la palabra kosmos, de la que derivan nuestra "cosmética" y nuestra "cosmología"-, y por ello cósmico es para un griego el fundamento de los valores, y de la ética tanto como de la estética. Racional o razonable es la naturaleza, tiene un logos o núcleo inteligible más o menos oculto, pero en principio accesible al conocimiento, y por esto puede haber physiologia, una ciencia de la naturaleza o "naciencia". Divina es la physis sobre todo por su poder, la legalidad o necesidad, ora forzosa o inexorable (anánke, fatum, destino), ora azarosa o fortuita (tykhe, fortuna latina, azar), en razón de la cual la naturaleza deja un lugar para el gobierno de los hombres, que es la técnica como imitación de aquella. La filosofía de la naturaleza, tal como la sistematiza esa expresión en bloque del naturalismo griego que es el estoicismo, comprende la ética, la física y la lógica ("organon" o técnica del pensamiento esta última). El ordo naturae es la medida del obrar, del conocer y del producir humanos.

 

I.2. Naturalismo ético

El naturalismo ético, la doctrina de que el orden moral se basa en el orden natural, es común a la ética antigua desde su aparición en el llamado período antropológico de la filosofía griega, este que surge de la cosmología o fisiología presocrática, hontanar también de la eticidad clásica.

La pregunta socrática que inaugura la reflexión moral -"¿Cómo debemos vivir?"(4)- recibe del estoico una respuesta a la que pueden suscribir, mutatis mutandis, todos los filósofos griegos: "Vivir según la naturaleza"; esto es, vivir conforme al orden cósmico -armónico y jerárquico, racional y necesario- del cual el hombre forma parte como animal que tiene lógos y que por tanto debe comportarse haciendo uso de la recta razón (orthos lógos). Por otra parte, si la pregunta clave de la ética se formula al modo aristotélico -qué es el bien o lo bueno, aquello a lo que todas las cosas tienden -la respuesta es la gran moral del arquero: "Seamos con nuestras vidas como arqueros que apuntan a un blanco" (5). Tal la ética de la perfección; vivir moralmente es vivir según la propia naturaleza, el bien consiste en la acabada realización de la naturaleza humana, con lo cual se da por añadidura la felicidad (eudaimonía), y la virtud (areté) -perfección o excelencia como propiedad física o hábito natural de la vida moral- consiste en buscar el término medio, como el vicio, contrario sensu, consiste en el exceso o la desmesura (hybris). En estas tesis es patente el sentido "cósmico" de la moral griega, un ordo naturae equilibrado y justo que comprende también el orden político con su concepción de la justicia.

El naturalismo ético tiene por supuesto metafísico una naturaleza del hombre y de las cosas transparente a la razón, optimismo ontológico y gnoseológico en la existencia de un orden natural plenamente accesible al conocimiento. Y así como la verdad es la conformidad del intelecto con la cosa (Adaequatio rei et intellectus), la moralidad consiste en la conformidad de la conducta con el ser. Tal subordinación de la moral al conocimiento de la realidad cae en un extremo que es el intelectualismo ético, una tesis optimista que se remonta a la enseñanza socrática: nadie obra mal voluntariamente, sino por ignorancia; no hay hombres malos, sino sólo ignorantes.

La situación clásica de la ética, su fundamentación metafísica o naturalista, es decir, justificativa de los principios morales mediante apelación al orden de la naturaleza, se mantiene en la religiosidad cristiana medieval, doblada con la naturaleza divina como fundamento y epifanía de la naturaleza cósmica, y sancionada como doctrina de la ley natural. Pero el mundo moderno cierra esta etapa metafísica y dogmática en la historia de la filosofía, y abre otra gnoseológica y crítica, la del giro copernicano o descubrimiento trascendental que separa e incluso opone el orden físico y el orden normativo, los cuales para la tradición eran aspectos de un mismo orden. Un hiato infranqueable se instala entre el ser y el deber ser, y todo intento por derivar este último del primero recibe el anatema de "falacia naturalista". El nuevo escalón de la reflexión moral, ya por la vía del formalismo kantiano, ya por la del empirismo utilitarista, no tiene retorno al naturalismo ético.

 

I.3. Tecnoética médica

 

El vocablo tecnoética, hoy en boga para celebrar un enlace sin precedentes entre ciencia y ética -"La ciencia sin la ética es ciega, la ética sin la ciencia es vacía", tal en parodia kantiana la nueva divisa-, puede aplicarse con pleno rigor semántico a la unidad entre el eidos y el ethos de la técnica antigua, de la que el "arte de curar" fue paradigma. Tekhnai son llamadas desde Homero las artes y oficios, cuya estimación social e intelectual se acrecienta durante la época clásica. Pero el de técnica (tékhne) es un concepto "técnico" o instrumental en filosofía, que sirve para distinguir tres operaciones principales del hombre (conocer, actuar y hacer), con tres órdenes correspondientes (conocimiento, acción y producción), a su vez objetos de tres disciplinas (ciencia, moral y arte) (6).

Este es el marco conceptual en el que se debe entender la esencia de la técnica para Aristóteles. "En él -escribe Emilio Estiú- la palabra tékhne no acentuaba, como entre los modernos, el carácter activo y operante de una ciencia natural, sino el saber en uno de sus grados superiores. La técnica era un modo de saber o de conocimiento que, a diferencia de los que se hallan en el animal, y que están dados en su naturaleza de modo total o parcialmente instintivo, debe ser adquirido por la enseñanza, la práctica y la experiencia. Así convertido en una tenencia (héxis) del hombre, éste tiene la capacidad de producir algo, con saber o conocimiento de lo que produce. Hay, pues, en la tékhne tres elementos constitutivos y esenciales, pensados por el griego en inescindible unidad: el saber, la tenencia y la producción" (7). En conclusión, la técnica no es sólo un saber hacer -recta ratio factibilium, como dirá un intelectualismo más aristotelizante que Aristóteles-, sino un saber-poder-hacer (lógos, héxis, poietiké), regla y hábito o aptitud de producir. Por este costado del obrar o la acción, la técnica griega es inseparable de la moral (8).

Pero aún en la fórmula latina tradicional -ratio recta factibilium, saber justo de lo que puede hacerse, esto es, de lo posible o factible- se recorta la ética sobre la idea de la técnica. Ésta es mímesis, imitación o copia de la physis (la idea moderna de un poder agresivo de dominio contra la naturaleza es ajena al pensamiento griego), y tiene la radical limitación de lo no factible, "lo que no puede hacerse" frente a la anánke o poderosidad de la naturaleza, y que por tanto no debe hacerse. En cambio, lo que sí puede y debe hacerse, el ámbito propio aunque reducido de la técnica, es intervenir en el azar, aquello que acontece casualmente, pudiendo no haber acontecido. El deber de hacer lo que se puede hacer y de no hacer lo que no se puede hacer constituye a la vez la alternativa intelectual y el dilema moral en las decisiones del teknites (9).

Así damos en el núcleo ético (y noético) de la tékhne iatriké o "el arte de curar", la técnica o el arte por antonomasia para los antiguos. El médico es "servidor de la naturaleza", dice un escrito hipocrático, el imitador que hace como ella hace lo que ella deja hacer. La regla de oro del cuidado terapéutico, "Favorecer o no perjudicar", se deriva del principio de la necesidad natural, ora necesaria (anánke), ora necesitada (tyke), como doble deber de abstención en un caso y de intervención en el otro. La conducta del médico, entre una actitud osada y otra resignada que le requiere alternativamente su arte, se basa en la virtud, el justo medio entre dos extremos, viciosos ambos, uno por exceso y otro por defecto (10). La prudencia o moderación es la virtuosidad técnica y moral por excelencia en el ejercicio de la medicina, como la justicia o ajustamiento al orden natural es el origen y la meta de la asistencia médica (1l). El ordo naturae, en suma, fue una creación del genio helénico, a nuestros ojos la más "natural" construcción cultural de la realidad, en la que la medicina hipocrática tuvo un papel protagonista.

 

REFERENCIAS CAPITULO I

 

  1. Cf. José Lasso de la Vega. "Pensamiento presocrático y medicina", en Pedro Laín Entralgo (Director). Historia Universal de la Medicina. Salvat, S.A., Barcelona 1972. Tomo II, pp. 37-39.
  2. Cf. Diego Gracia Guillén. "Fundamentación de la Bioética", en Javier Gafo (Editor). Fundamentación de la bioética y manipulación genética, Universidad Pontificia Comillas de Madrid, Madrid 1988, p.15. "El sentido etimológico del término naturaleza es el mismo en todas las lenguas indoeuropeas, y significa surgir o brotar desde dentro de la cosa misma. Para un griego las cosas son pesadas por naturaleza y el fuego quema por la misma razón; es decir, en el interior de las cosas está la razón de sus características o propiedades, a diferencia de lo que pensaron otras culturas, como, por ejemplo, las semíticas, en las que esa razón se buscó y encontró, por lo general, fuera de la propia realidad de la cosa, por encima de ella, recurriendo a la voluntad de los dioses. Contempladas desde la cosmovisión griega éstas no son explicaciones naturales sino, muy al contrario, sobrenaturales. Grecia es el orto del naturalismo cultural".
  3. Cf, Pedro Laín, Entralgo. "La Medicina Hipocrática", Rev. de Occidente, Madrid 1970, "Idea hipocrática de la physis". pp. 47-52.
  4. "No estamos discutiendo menuda materia, sino cómo debemos vivir". Platón, República, cit. por James Rachels, The Elements of Moral Philosophy. Random House, New York 1986, p .I5.
  5. "¿El conocimiento de este supremo bien no habrá de ser de la más alta importancia para la vida humana, y en posesión de él, como arqueros que apuntan a un blanco bien señalado, no estaremos en condiciones de alcanzar mejor lo que corresponde hacer?". Aristóteles, Moral a Nicómaco, cit. por Angel Vasallo en El Problema Moral; Editorial Columba, Buenos Aires, 1961.
  6. Cf. Etienne Gilson. Introduction Aux Arts Du Beau. J. Vrin, París 1963, donde se aplica clara y fecundarnente esa distinción clásica, que se remonta a Aristóteles, entre lo teórico y lo práctico, y dentro de éste entre el obrar y el producir, al dominio de la filosofía del arte, entendido este último como producción de la belleza y no como forma de conocimiento según una opinión corriente.
  7. Emilio Estiú. "La concepción platónico-aristotélica del arte: técnica e imitación". Revista de Filosofía, número 25, 1983, pp. 10-11. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Departamento de Filosofia
  8. La areté de los griegos es primariamente una capacidad física de hacer bien algo, un virtuosismo antes bien que una virtud en nuestro sentido moral. El artífice o técnico es un virtuoso por aquello que produce, pero con frecuencia también un vicioso por el mal uso del cuerpo en las técnicas o trabajos que lo desfiguran o desgastan. Sobre las resonancias morales de este horror del griego por la deformación del cuerpo, singular expresión de su naturalismo ético, recuérdese el ejemplo de Alcibíades, según testimonio de Platón y Aristóteles, que rechazó por tales motivos el aprendizaje de tocar la flauta, entonces obligatoria en la formación de los jóvenes cultos. Véase Emilio Estiú. op. cit. pp. 14-15.
  9. Pedro Laín Entralgo. "Técnica, ética y amistad médica", en Javier Gafo, op. cit. pp. 107-118, donde Laín ha reformulado recientemente estas ideas suyas sobre la ética implícita en la técnica griega, que se traduce en la "piedad fisiológica" del asklepíade ante las enfermedades mortales "por necesidad", pues intervenir cuando la physis manifiesta tal anánke constituye el pecado de hybris o desmesura, el más grave para la conciencia moral y religiosa de los antiguos.
  10. Sobre la ambición y la codicia del médico, sus tentaciones de fama y de lucro, recuérdese el castigo de Asclepio, quien por dinero salvó la vida de un hombre (Pindaro, Pitica III, 55-60), y el Pluto de Aristófanes, que pinta las dificultades de su tiempo para conseguir asistencia médica gratuita o barata (Véase Ana María González de Tobia " Una perspectiva del quehacer médico a partir del "Pluto" de Aristófanes", VI Jornadas de Humanidades Médicas, La Plata 1988, en prensa).
  11. El ordo naturae es también presupuesto ideológico del ejercicio de la medicina en la polis griega, diversificada en tres modos principales (medicina "pedagógica", "resolutiva" y "tiránica") conforme a los respectivos estratos sociales (libres, metecos y esclavos) según el testirnonio de Platón en República, 405 c-d. Recientemente Diego Gracia, en su artículo "¿Qué es un sistema justo de salud?" (edición especial de Bioética del Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana, Diciembre 1989), ha puesto de relieve dos importantes consecuencias sanitarias de la concepción antigua de la justicia como proporcionalidad natural: una es la ya señalada estratificación "proporcional" de la asistencia médica; otra es el paternalismo de la relación terapéutica, fundado en la obediencia debida a la jerarquía del médico como representante del bien común, cuyos servicios se retribuyen no por principio de justicia conmutativa sino de manera "honoraria".

 

 

 

CAPITULO II

LA MEDICINA HIPOCRATICA

  

II.1. Linaje hipocrático

Sobre el origen de la medicina hipocrática -cuestión de principio para la historiografía positivista, por cumplimiento a la pretendida ley de los tres estados- se cuentan dos versiones que no se excluyen necesariamente. Según la primera, los templos de Asclepio fueron la cima de un arte de curar paulatinamente desacralizado e independizado de la casta sacerdotal. Según la otra, la técnica médica se gestó en familias de artesanos como las de los carpinteros o herreros, que hicieron escuela laica o profesional de su pericia en la asistencia como servicio público ("demiurgo", trabajador del pueblo, se llamaba al asclepíada, instalado en una ciudad o bien "periodeuta", viajero de una polis a otra). Quizá sea todo un símbolo de la efectíva y armónica coexistencia entre la medicina teúrgica o sacerdotal y la quirúrgica o artesanal la figura del "divino y diestro", del "justo" Centauro Quirón como uno de los "primeros inventores" (protoheuretai) de las artes o tekhnai, incluída la primogénita del curar. Al parecer en Grecia la medicina nunca estuvo tan subordinada al sacerdocio como en Egipto, Mesopotamia o el antiguo Israel, ni el médico hipocrático resultó de la evolución histórica del sacerdote en esas sociedades (1).

De cualquier manera, el hecho históricamente relevante de la medicina hipocrática es su progresiva transformación, desde una tékhne en el modesto sentido de oficio manual o artesanía, hacia otra en el más ambicioso cometido de sofía, y el parejo ascenso del status del médico, desde quiropráctico (kheirotekhnes) a iatros philosophos o intelectual. El traspaso de la mano al cerebro, constante en el proceso de civilización, se produjo también en la medicina antigua, la que si bien supo mantener al respecto mayor equilibrio que otras disciplinas, acusó una tendencia a asimilarse con el saber teórico o el conocimiento ocioso y especulativo, descuidando la práctica manual u operativa (2). El médico artesano cedió lugar al científico y éste fue delegando el ejercicio empírico y rutinario del arte en los obreros (bánauson) o trabajadores manuales. A partir del helenismo, los escritos hipocráticos tienen el estilo sofisticado de la medicina filosófica y la idea del médico "escolástico" o académico empieza a cobrar realidad social.

La razón de semejante cambio intelectual y profesional de la medicina hipocrática no es otra que su relación con la filosofía y su participación en la paideia o los ideales de la cultura griega (3). Desde la fisiología presocrática al estoicismo la filosofía constituye la matriz ideológica de la medicina, y ésta se incorpora a la ilustración helénica como disciplina somatológica y somatoplástica, esencial en una mentalidad naturalista o corporalista, somatoeidética y somatocrática. El programa de la paideia comprende el reparto del hombre en cuerpo y alma con sus respectivos pedagogos, el filósofo psicagogo y el médico somatogogo, poseedor éste último de la ciencia y el arte del cuidado corporal, el cultivo mediante la gimnasia y el régimen o dieta de la sana forma del varón virtuoso, Kalós kai agathós, bello y bueno, como modelo aristocrático en la polis griega.

 

II.2. Paradigma médico-filosófico

Desde Jaeger es tópico considerar que la medicina no fue en Grecia una profesión entre otras, sino que tuvo allí un papel nunca más vuelto a representar. Dicho rol corresponde al paradigma médico-filosófico en la tradición antigua, cuando medicina y filosofía se asimilan por su doble condición de saber y sabiduría, ciencia y forma de vida, cuya unidad fue el ideal de la cultura clásica. "La medicina cura las enfermedades del cuerpo, la filosofía libera el alma de las pasiones". Esta metáfora, simil o analogía del fragmento atribuido a Demócrito, tiene entidad metafísica: sanciona la repartición antropológica entre Minerva y Esculapio, apelando al triple registro ontológico, gnoseológico y axiológico (4).

La constitución histórica del paradigma puede seguirse a lo largo de las relaciones que en la Antigüedad mantienen la filosofía y la medicina. En el período presocrático habría que apuntar la aplicación, por parte de los médicos, del concepto de physis al hombre como microcosmo y con carácter normativo: "El filósofo descubre en la physis el ‘reino de la verdad’; el médico ve en ella el ‘reino de la norma’" (5). Paradigmático por antonomasia es el concepto alcmeónico de salud como equilibrio e igualdad de derechos y la enfermedad como desequilibrio y monarquía, en el cual se cumple un ciclo político-filosófico-médico del pensamiento griego. La reacción humanista y crítica de Sócrates y los sofistas tiene su análogo relativista y pragmático en el método hipocrático, ejemplar inductivo-deductivo de la técnica de las técnicas, la lógica u organon. Platón y Aristóteles sistematizan con sesgos propios la tradición del símil médico-filosófico, definiendo los respectivos objetos, métodos y fines: paralelo cuerpo-alma, método diagnóstico-dialéctico, normativa terapéutica-moral. Estoicismo y epicureísmo, las dos grandes "filosofías terapéuticas" de la antigüedad, representan la "medicalización" terminal de la cultura clásica (6).

En síntesis, puede demostrarse la impronta de un modelo médico en el pensamiento griego, una semántica hipocrática con sus usos lingüísticos y juegos de lenguaje en las tres ramas de la filosofía, esto es, la física, la lógica y la ética. La medicina estudia la naturaleza en general y la naturaleza humana en particular, aportando con los conceptos de salud y enfermedad, natura y contra natura, la idea teleológica y normativa universal de la physis. El método clínico, elogiado por Platón y ejemplarizado por Aristóteles como el saber técnico arquetipo, postula un eslabón entre la empiria y la episteme, el caso individual y el concepto universal, el conocimiento sensible y el inteligible: este sentido común del arte médico se resume en un criterio de verdad -la "sensación del cuerpo", regla áurea del método hipocrático- y en una conciencia de falibilidad del juicio diagnóstico como teoría semiológica o construcción con signos y síntomas -el pirrónico primer aforismo del maestro coico. La praxis médica, por último, constituye el paradigma material y formal de la ética griega; material es la identidad de bienes de la medicina y la moral en el ordo naturae o naturalismo ético (salud = belleza-bondad)(7); formal es la coincidencia médico-filosófica en una racionalidad "práctica", "científica", "casuística" y "prudencial" que es la ética como disciplina(8). La constitución del paradigma médico-filosófico, en consecuencia, fue el logro de una medicina hipocrática que supo asimilar la cosmovisión naturalista, avanzar sobre ésta en rigor metodológico, y normatizar (normalizar) racionalmente la vida individual y social.

 

II .3. Ethos hipocrático

La medicina como paideia encumbró el prestigio intelectual y social del médico, quien se consideró representante de la más refinada ética profesional. Por ello la existencia en el Corpus Hippocraticum de un conjurto de escritos llamados deontológicos, si bien no configuran una doctrina homogénea y codificada de deontología médica.

Suele distinguirse en estos textos dos formas de moral, nominalmente contrapuestas como ética y etiqueta. Por un lado la "ética de la filantropía", moral altruista del amor a la humanidad, cuyo criterio supremo es el bien del enfermo y exige del médico virtudes humanitarias de compasión, respeto y honestidad. Por el otro la "ética de la filotecnía", moral egoista de la prudencia o el interés profesionales, cuyo utilitario objetivo es la reputación del médico a través de una imagen decorosa o buena apariencia por su indumento, carácter y conducta.

Según la tesis de Edelstein sobre la ética profesional del médico griego (19), el ethos hipocrático evolucionó desde la época clásica al helenismo pasando por dos fases características. Se sabe que el espectro cronológico de los escritos del Corpus Hippocraticum va del siglo V al I a.C., y que los documentos de contenido deontológico son en su mayoría posteriores al siglo IV,es decir que pertenecen al período helenístico y algunos acaso al comienzo de la era cristiana. En ellos es ostensible una elevada conciencia profesional junto a la influencia de la filosofía moral de las escuelas pitagórica, aristotélica y estoica, entre otras.

Por el contrario, la ética hipocrática primitiva o clásica (s. V a. C.) se muestra ajena a los ideales del humanismo médico tradicional, no es una ética de la intención sino del resultado o el éxito técnico, y en este sentido habría que entender la venerable "filantropía" como fundamento de la "filotecnía" -"Donde hay amor al hombre, hay amor al arte"-, pues filantropía quiere decir aquí lo opuesto a misantropía, la simpatía o la cortesía, las buenas maneras indispensables a la relación terapéutica. Las reglas de la conducta médica se ajustan a esa moral de la eficacia en el oficio que afianza la fama del médico, ya que éste es considerado un artesano como otros artesanos, tan sólo juzgado por su pericia o competencia en el arte (10).

El segundo estadío en e1 desarrollo del ethos médico se debe precisamente a la revaluación de las artes y oficios, y a la transformación de la práctia médica en empresa científica y cultural. Entre el siglo III a.C. y el siglo II d.C. la medicina se convierte en professio según el sentido etimológico y sacerdotal del término, y elevada al rango de la más filantrópico de las artes; el médico ya no es solo un virtuoso técnico sino también un virtuoso moral (1l). El análisis de los textos permite seguir este proceso de conversión del humanismo médico de la antigüedad a través de la influencia de las distintas escuelas filosóficas, en especial la pitagórica y la estoica, que tienden el puente hacia el cristianismo, desde el cual se reinterpreta y ecunemiza el ethos hipocrático como nuevo estado sacerdotal (12).

 

REFERENCIAS CAPÍTULO II
  1. Cf. Pedro Laín Entralgo, La Medicina Hipocrática, op. cit., y Diego Gracia."¿Profesión o sacerdocio? Propuestas para un debate ético sobre la profesión médica", Jano. Medicina y Humanidades, Oct. 1983, n° extra, pp. 38-52.
  2. Cf. Benjamín Farrington,. Mano y cerebro en la Grecia Antigua (trad, esp.). Editorial Ayuso, Madrid 1974. El segundo ensayo del libro, "La mano en el arte de curar, un estudio sobre la medicina griega desde Hipócrates a Ramazzini", desarrolla la ponderada tesis del autor sobre el efecto que tuvieron en la ciencia y el arte de la medicina los cambios sociales que afectaron a la consideración de los trabajos y técnicas banáusicos.
  3. Werner Jaeger. Paideia: los ideales de la cultura griega. Libro cuarto, cap. I "La medicina griega considerada como paideia", edición en español. Fondo de Cultura Económica, Méjico 1957.
  4. En un trabajo inédito, "La medicalización del lenguaje", desarrollo el argumento paradigmático con sus tres grandes metáforas (ontológica, gnoseológica y axiológica) en la vida cotidiana y los medios de comunicación social.
  5. José S. Lasso de la Vega, "Pensamiento presocrático y medicina", op. cit., p. 39.
  6. Jackie Pigeaud. La maladie de l’âme. Etude sur la relation de l'âme et du corps dans la tradition médico-philosophique antique. Les Belles Lentes, París 1981. En este fascinante estudio se muestra la influencia de la analogía médica en el pensamiento antiguo y particularmente cómo la noción de enfermedad del alma contribuyó a dar un contenido técnico a la moralidad, e inversamente cómo la medicina estuvo siempre vinculada a la ética: "La medicina y la ética no se desarrollaron corno dos técnicas diferentes, sino que permanecieron profundamentos ligadas por una cierta concepción del hombre". (p. 27).
  7. Cf. Ibidem, el uso de los conceptos de salud y enfermedad como fundamentos de la "física moral" o naturalismo ético de los griegos, la salud como concepto normativo universal, que vale para el cuerpo y para el alma, el discurso común al médico y al moralista de la virtud y el vicio como hábitos a la vez naturales y morales.
  8. El modelo terapéutico de la moral se elabora particularmente en el helenismo, sobre todo en el estilo estoico, rico en imágenes y metáforas de una semántica médica que requiere una hermenéutica propia. Así vale recordar algunos ejemplos de esos juegos de lenguaje como racionalidad común a la ética y la medicina por las apuntadas características de "práctica" ("Vana es la palabra del filósofo que no remedia ningún sufrimiento del hombre" -según Epicuro), "técnica" (el tetrapharmaco o discurso filosófico como remedio del alma, la comparación del médico Pirrón de las fórmulas escépticas con las purgas entre los remedios "que no solamente expulsan los humores del cuerpo sino también que las expelen junto con los humores"), "casuística" (La "acción farmacológica" de la palabra en el Elogio de Helena, de Gorgias) y el "prudencial" (el frecuente recurso en Epicteto al cuidado del cuerpo y los sacrificios que prescribe la dietética como persuasión rcspecto de la necesidad y la manera de cuidar el alma).
  9. Ludwig Edelstein. "The Professional Ethics of the Greek Physician", en Ethics in Medicine (Historical Perspectives and Contemporary Concerns), ed. by Stanley Joel Reiser, Arthur J. Dyck, and William J. Curran. T'he Mit Press, Cambridge, Massachusetts and London, England.
  10. Ibidem. Ninguna particular idealización exaltaba la medicina por encima de las otras profesiones, ella era considerada un arte como las otras, extraña a los valores como la intención interior, la motivación y el corazón. En la práctica, a quien ejercitaba un arte, la filosofía clásica no le atribuía la posibilidad de una autorealización ética por medio de la profesión. El programa de una ética profesional se introduce con la filosofía estoica del humanismo, con la estimación intelectual y moral de las técnicas como invención de los filósofos, en opinión de Posidonio (contra la que reacciona Séneca en sus Cartas a Lucilo), y la doctrina de los deberes u officia, en su sentido de obligación moral o deontología profesional, popularizada por Cicerón en su De officiis.
  11. El gran manifiesto del humanismo médico en la Antigüedad clásica es el De remediis del médico Escribonio Largo (s. I d.C.), en el que la medicina aparece no sólo como arte y ciencia, sino también como profesión, professio en el sentido sacerdotal de "vocación" y en el sentido de obligación moral con las virtudes necesarias para su desempeño.
  12. Diego Gracia, siguiendo el análisis de W. H. S. Jones sobre los escritos deontológicos del Corpus Hippocraticum, sostiene la tesis del nuevo sacerdocio que representa la medicina en la ilustración griega, y muestra cómo el médico desarrolló un ethos especial centrado en la defensa de su prestigio y de su poder, y en tal sentido ética y etiqueta, filantropía y filotecnía resultan dos caras de la misma moneda, como lo prueba la coexistencia de ambas en los mismos escritos (Diego Gracia, "¿Profesión o sacerdocio?". op. cit.).

 

 

 

CAPITULO III

EL JURAMENTO HIPOCRATICO

 

III. 1. Texto

El Juramento Hipocrático es un documento venerable del patrimonio moral de Occidente, testamento ecuménico y transhistórico de la Antigücdad clásica para la ética médica (1). Forma parte del Corpus Hippocraticum, colección de escritos médicos de épocas y escuelas diversas recopilados en el siglo III a.C. por la Biblioteca de Alejandría y editados integralmente (54 textos) por Littré en el siglo pasado. Pero entre la realidad histórica del juramento y su símbolo tradicional como carta magna del ethos hipocrático, hay una distancia que ha sabido destacar la revisión histórico-filológica contemporánea. Por otra parte, también contemporáneas son la crítica a la ideología y el cuestionamiento a la deontología del Juramento, todo lo cual justifica una relectura y comentario (2).

El texto original presenta la estructura canónica de un juramento (del lat. iuramentum, afirmación o negación de algo poniendo por testigo a Dios u otra instancia suprema) y consta de ocho cláusulas ordenadas en cuatro partes. (3).

1. Invocación o apelación a los dioses senadores, divinidades tutelares y "primeros inventores" del arte de curar: Apolo, Esculapio, Higieia y Panacea. Pero no se invoca a los dioses en auxilio para la cura de los enfermos, lo cual señala el carácter fisiológico y no teúrgico de la medicina hipocrática, y se postula la humana medida de la conciencia moral, los sólo límites de la razón y la libertad.

2. Compromiso, pacto o alianza en el seno de una comunidad docente y profesional, obligaciones contraídas entre sus miembros (maestros, colegas y discípulos), cuyas relaciones calcan las paradigmáticas del grupo familiar (padres, hermanos, hijos). La unidad del cuerpo médico se apoya en un doble compromiso de fidelidad al maestro y de restricción de la enseñanza a una elite, el amor filial de gratitud y el amor pedagógico del desinterés en la transmisión del saber (4).

3 a 7. Código, preceptiva o deberes del médico hacia el paciente según las tres ramas del arte de curar (dietética, farmacéutica y quirúrgica) y la naturaleza de la relación terapéutica (ayuda y respeto). Tiene cierta construcción simétrica, con una afirmación positiva central ("viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura"), precedida y seguida por tres mayores prohibiciones (perjudicar, matar, abortar, operar, fornicar, divulgar).

4. La dietética, en el sentido antiguo y lato de régimen de vida, involucra el principio de beneficencia y de no-maleficencia, "favorecer o no perjudicar", el primum non nocere del hipocratismo latino.

5. La materia médica, o administración de los fármacos (a la vez remedios y venenos en lengua griega), prescribe el principio de inviolabilidad de la vida humana desde la concepción a la agonía, prohibición del aborto y de la eutanasia, y el deber de pureza, santidad en la vida y en el arte del asclepíada.

6. La cirugía, la intervención manual y cruenta, proclama el principio de abstención terapéutica en mutilaciones (¿la castración como ejemplo de "humanectomía"?) o en enfermedades fatales o mortales por necesidad.

7. La asistencia médica se funda en el principio de filantropía o del amor a la humanidad, y la virtud del médico es la kalokagatía o caballerosidad, el ser bello y bueno, aristos, noble u hombre de bien.

8. El ejercicio profesional exige el secreto o confidencia como principio de respeto del médico hacia el paciente, garantía de la relación amistosa entre ambos, ese encuentro de una conciencia y una confianza.

9. Demanda o reclamo de justicia conmutativa, ora la recompensa por la observancia del juramento, ora la pena por su incumplimiento, centradas ambas en la moral del bienestar y el prestigio consustanciados con la profesión médica.

 

3.2. Contexto

Incluído en el Corpus Hippocraticum, pese a la diversidad doctrinal (escuelas coica, cnidia e itálica entre otras) y dispersión cronológica de éste (de la época clásica a los comienzos del cristianismo) ha querido verse en el Juramento al común código moral de los asclepíadas, predominando en su interpretación el brillo del mensaje sobre la oscuridad del origen. Efectiva e historiográficamente nada sabemos sobre la data de composición del documento, si es auténtico o retocado, a quiénes se imponía y en qué momento,cuál su fuerza obligante, etc. (5). La revisión histórico-filológica de nuestro siglo ha reparado en la incongruencia de ciertas cláusulas del Juramento con los testimonios más corrientes de lo que de hecho fue la medicina hipocrática y su norma de moralidad. Así llamativa resulta la triple prohibición del aborto, la eutanasia y la cirugía, pues las dos primeras prácticas eran aceptadas por la moral greco-romana, y la tercera fue indudable excelencia de los hipocráticos. Añádase a ésto el carácter religioso o sacerdotal del Juramento, en contraste con el ethos profesional de la época clásica (6).

Según la sugestiva y erudita tesis de Edelstein (7) el Juramento es un "manifiesto pitagórico", fue escrito en ese ambiente filosófico y aplicado a la medicina como ética inicialmente restringida a un grupo minoritario de la opinión griega, pero que fue creciendo en popularidad desde fines del siglo IV a.C. A la luz pitagórica se comprende el talante religioso general del Juramento y la doctrina en particular subyacente a sus cláusulas, como la imploración a los dioses y el rito iniciático, el pacto sectario y el conocimiento esotérico, la sacralidad de la vida (influencia hindú), la aversión al derramamiento de sangre, la santidad y pureza sacerdotales, el secreto profesional ("silencio pitagórico"), el ministerio del médico.

El Juramento se inscribe, por tanto, en el segundo momento aludido de la evolución del ethos médico, cuando por influencia de la filosofía principalmente pitagórica y estoica, surge una revaluación moral de las profesiones como formas de vida, y entre ellas la medicina como la filantrópica por excelencia. El humanismo médico de la antigüedad va cobrando así expresión literaria en los escritos deontológicos del Corpus Hippocraticum -en el Juramento, pero también en Preceptos, Sobre el médico, Sobre el decoro- hasta alcanzar su fórmula latina y ya cristiana en los escritos de Escribonio Largo, quien traza el trascendente ideal humanitario y humanista del médico: vir bonus medendi peritus, plenus misericordia et humanitas. La fortuna histórica del Juramento hipocrático pasó por el eje de Atenas a Jerusalén, esto es por su notable coincidencia con los principios del cristianismo (8).

 

3.3. Pretexto

La reescritura del Juramento hipocrático tiene veinte siglos de vigencia en las más diversas lenguas, según las épocas y culturas que recogieron su legado: Juramento de Iniciación de Caraka, Juramento de Asaph, Plegaria de Maimónides, Juramentos de las Escuelas Medievales de París, Salerno y Montpellier, los Juramentos Contemporáneos de Ginebra y del Médico Soviético. La influencia del Juramento ha sido fundamental y perdurable en los códigos deontológicos modernos que norrnativizaron los deberes del médico hacía los pacientes, la profesión y la sociedad. Hoy mismo estamos reescribiendo a Hipócrates (9).

La tradición venerativa del Juramento, tantas veces sólo beatería, sufre en nuestro tiempo la crítica ideológica no ajena a la revisión histórica del hipocratismo (10). Suele, en efecto, denunciarse la finalidad corporativista del Juramento, su uso al servicio de los intereses de elite con el disfraz de un ethos ahistórico y universal que consagra el rol sacerdotal, de autoridad y privilegio del médico. Particularmente hostil al Juramento se ha declarado la ideología socialista, que ve en él un símbolo de la ética médica capitalista y de la mentalidad más reaccionaria dentro de la medicina liberal. No obstante, de la dura vida del Juramento habla el hecho de que en la Unión Soviética haya sido oficialmente reformulado en 1971 (1l). Por otra parte, el nuevo punto de vista moral en medicina, impulsado por la bioética anglosajona, ha cuestionado la deontología del Juramento y virtualmente rechazado todas sus cláusulas. El cambio bio-ético, a la vez en la práctica médica y en las actitudes sociales, se define por contraposición al paternalismo e individualismo del código hipocrático, más allá del principio de beneficencia y de la teoría de la virtud tradicionales. Y sin embargo constituye un actual desafío la propuesta de modelos alternativos al juramento hipocrático.

En conclusión, sostenemos que el noble Juramento es el símbolo paradojal de la ética médica, porque evidencia la separación entre el ser y el deber ser, la realidad y la utopía de la medicina (12). Pero además contiene un triple mensaje correspondiente a sus tres partes constitutivas, es decir la invocación y demanda en tanto carácter formal de juramento, el llamado pacto o alianza, y el código o deontología profesional. Primeramente, el sentido de la medicina como profesión, professio o confesión, vocación o llamado que implica cambio de estado e imprime carácter a todos los gestos de una vida: el médico se hace médico ontológicamente, su ser es to be or not to be. En segundo lugar el compromiso o convenio que supone deuda o gratitud, origen de la obligación profesional de servicio a los semejantes y la sociedad, en virtud del intercambio de dones, la reciprocidad de dar y recibir. Por último el código de prohibiciones y deberes, de honor profesional, la filantropía o sentido de la humanidad.

 

REFERENCIAS CAPITULO III
  1. La excepcional calidad moral del juramento hipocrático es notoria por contraste con los documentos que suelen tomarse como antecedentes de una normativa de la práctica médica. El código de Hammurabi (2000 a.C.) sanciona con penas crueles la "malapraxis" quirúrgica, según la ley del Talión u "ojo por ojo y diente por diente". Pero obsérvese que es la medicina quirúrgica o artesanal, y no la teúrgica o sacerdotal, la que jurídicamente se ordena y penaliza.
  2. Los principales estudios históricos revisionistas del Juramento hipocrático son aquellos de W. H. Jones, Hippocrates. London 1923; L Edelstein. The Hippocratic Oath: Text, Translation and Interpretation, en The Bull of the History of Medicine, Baltimore 1948; id., The Professional Ethics of de Greek Physician, op. cit.; H. E. Sigerist, A History of Medicine, vol. II: Early Greek, Hindu and Persian Medicine, New York, 1961.
  3. Véanse nuestros trabajos sobre el juramento hipocrático: J. A. Mainetti, "El Juramento Hipocrático", Quirón, vol. XI, N" 2, 1980, pp. 97-101; R. J. Gelpi y A. M. Rancich, "Aspectos educativos en los juramentos médicos". Medicina, vol. 44, N° 4, 1984, pp. 430-432; A. M. Rancich, R. J. Gelpi y J. A. Mainetti. "Los juramentos médicos y un antiguo ideal: la educación del médico humanista". Asclepio, vol. XL, N° 1, 1988, pp. 277-286 (hay también una versión inglesa del mismo, "Medical Oaths and an Ancient Ideal: Tbe Education of the Humanist Physician", no publicada); J. A. Mainetti y cols. "El Juramento Hipocrático", audiovisual de la Cátedra de Posgrado de Humanidades Médicas UNLP; Id. "Lectura y comentario del juramento hipocrático en el acto de egresados de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP".
  4. Cf. Williain F. May "Code and Covenant or Philanthropy and Contract", en Hastings Center Report, vol. 5, Dec. 1975, pp. 29-38. El autor desarrolla la tesis de que el convenio, como parte distinta al código en el juramento hipocrático, constituye el modelo más adecuado para la ética profesional, cuyo doble registro desde entonces comprende en tensión las obligaciones hacia los colegas (convenio) y los deberes hacia los pacientes (código). El predominio del Código como tradición médica en la relación con los pacientes ha llevado a la hipertrofia del ethos filantrópico que convierte al médico en un semidios más allá de humana exigencia. El convenio, en cambio, acentúa la relación de servicio y responsabilidad social, evita el vicio del paternalismo sin caer en el otro vicio que es el contractualismo o relación meramente comercial.
  5. W. H. S. Jones, Hippocrates, op. cit., 1, 291-297, cit. por-Sandro Spinsanti, "Vita Fisica", en Tullo Goffi-Giannini Piana Corso di Morale Queriniana, Roma 1986.
  6. Cf. D. Gracia, "¿Profesión o sacerdocio?", op. cit. p. 42, donde se define el rol sacerdotal del médico-filósofo hipocrático (isotheos), ejemplificado en el Juramento y otros textos deontológicos, cuyas prescripciones sólo se comprenden a la luz de un criterio religioso de moralidad: "Parece como si el autor del escrito fuera muy poco ‘profesional', tuviera una mentalidad muy alejada de los intereses gremiales y cercana a lo que podemos denominar ‘mentalidad sacerdotal’".
  7. Edelstein. The Hippocratic Oath, op. cit. El Juramento revela una ética muy refinada, no ya la de la época clásica, sino la de la segunda etapa en el desarrollo de la ética médica antigua, originada por la revaluación de las artes y oficios y en la transformación de la práctica médica en empresa científica.
  8. 8.Sobre el juramento hipocrático en versión cristiana de las primeras centurias, véase W. H. S. Jones "From the Oath according to Hippocrates in so far as a Christian May Swear It.", en Ethics in Medicine (Historical Perspectives and Contemporary Concerns), edited by Stanley Joel Reiser, Arthur J. Dyck, and William J. Curran, op. cit., p. 10.
  9. Cf. "Rewriting Hippocrates" (Guidelines). Bulletin of the Institute of Medical Ethics, vol. June, N° 39, 1988 donde se transcriben cuatro recientes reformulaciones del Juramento en la literatura bioética: E. D. Pellegrino y D. C. Thomasma, "A Physician's Commitment to Promoting the Patient's Good", y "A Physician Affirmation" en For the patient's good: the restoration of beneficence in health care. Oxford University Press. New York 1988; R. J. Bulger "The Oath of the Modern Hippocrates", 1987, en In Search of the Modern Hippocrates, University of lowa Press. lowa City, 1987; P. F. Wagley "A Modern Medical Oath", en The Hippocratic Oath, Humane Medicine (1987) 3 (2), 110-114.
  10. Cf. S. Spinsanti. "Pro e contro il giuramento ippocratico", en Tullo Goffi-Giannino Piana. Corso di Morale op. cit., pp. 139 -141.
  11. El Juramento practicado en la actualidad por la mayoría de las escuelas de medicina del mundo es la declaración de Ginebra, de 1948, que utiliza la forma y buena parte del contenido del hipocrático, introduciendo la responsabilidad en la aplicación del conocimiento científico-tecnológico y la no discriminación de los pacientes. El juramento del médico soviético, aún con su explícito significado ideológico-político, también conserva el símbolo del juramento, destacando el valor de la salud y la prevención de la enfermedad, como asimismo el compromiso del médico no sólo con el paciente sino con la sociedad.
  12. Véase un ejemplo de ésto, "El juramento hipócrita" como humorada que señala precisamente esa distancia entre el ideal y la realidad cotidiana (Berman, Edgar M. D., The Solid Gold Stethoscope, Macmillan Publishing Co. Inc., N.Y., EE.UU., 1976). Traducción española de Liliana Barletta.

 

Juramento hipócrita

"Juro por Midas, mi seguro de malapráctica, la Asociación Médica y los otros dioses y diosas, que guardaré este juramento conforme a mi ambición y codicia. Reconoceré a quien me enseñó este arte con igual cara consideración que a mi banquero o corredor de bolsa, y aliviaré sus necesidades si me lo requiriera, siempre y cuando él remediase las mías. Impartiré el conocimiento de este arte a mis propios hijos, si regresan a casa. Sujeto al convenio y juramento, conforme a las leyes del mercado, no enseñaré este arte a ningún otro para así conservar las ganancias dentro de la familia y la institución médica.

Para minimizar la competencia de los quiroprácticos, naturópatas y rosacrucianos, los difamaré a la más fina tradición de mi hermana mayor, la sociedad médica. Seguiré cualquier sistema y régimen trazado por cualquier- compañía de seguros, pública o privada, llenando cuanto formulario de consultas o pruebas de laboratorio mientras no haya límite y no exista supervisión de entrometidos del gobierno. Lucharé para obstruir el Seguro Nacional de Salud (como lo hice con PAMI) y contribuiré con la Agremiación Médica para lograrlo. Estimo todo ésto necesario para mantener mi ingreso en beneficio de mi exigente esposa y mis deudas mensuales, sin mencionar mi retiro próximo.

Me abstendré de todo acto voluntario de agresión o corrupción, especialmente si existiese el más leve riesgo de quedar expuesto. Tampoco prescribiré estimulantes y depresores a ninguno que no haya sido derivado a mí por alguien confiable. De igual forma no suministraré a mujer alguna un pesario abortivo (habiendo modos mejores, más legales y lucrativos para conseguirlos).

Durante mi vida practicaré en mis horas de sobriedad pero dedicaré el resto de mi tiempo estrictamente a mis intereses comerciales y otros placeres esotéricos. No mal operaré personas cuando desconozca la especialidad (como el útero y las amígdalas). Mas merced a debidas y prefijadas condiciones, en billetes sin marcar y de baja denominación, derivaré dichos pacientes a los médicos que regularmente se ocupan de estas prácticas Al visitar una casa, no entraré sólo para bien de los enfermos -pues si están enfermos deberían concurrir en el horario corriente a la consulta y así no perturbarían ni mi descanso ni mis resacas, ni mi juego de golf.

Además no cometeré ni condonaré la seducción de hombres o mujeres, especialmente si son pre-púberes, a menos que el acto coincida estrictamente con los preceptos de algún sexólogo conocido.

No divulgaré nada de cuanto vea y oiga en mi práctica profesional, salvo en los estrictos confines del vestidor, el dormitorio o en confidencia al gran Jurado. Si cumplo este juramento sin faltar a él se me concederá gozar de mi lancha, mi departamento en la costa, de la deducción de impuestos por viajes dentro y fuera del país, del respeto de mis pares de estos tiempos. Pero si lo transgrediese o violase, otra muy distinta sería mi suerte".

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Última modificación: domingo, 01 de septiembre de 2002