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DOCUMENTOS
DE DEONTOLOGIA MEDICA por Juan Carlos Tealdi Introducción La selección de documentos para esta
"Introducción a la historia de la ética médica" responde a un
criterio que quiere ser, a la vez, tan respetuoso de la tradición textual como
inicialmente crítico de la misma. Entendiendo que, la posibilidad de
desarrollar una "verdadera historia", se alcanza cuando puede
desbordarse críticamente el material histórico con el que se trabaja. Por
ello, presento por un lado documentos que aparecen en la mayor parte de las
recopilaciones sobre ética médica que se conocen. Pero, en cualquier caso,
introduzco otros que apuntan al logro de una perspectiva diferente para la visión
de los primeros. Conviene aclarar, de todos modos, que el
agrupamiento en cuatro grandes "períodos" resulta especialmente
problemático cuando, bajo el título "Modernidad", nos extendemos
desde el descubrimiento de América hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
Y esto porque la Revolución Francesa y los grandes cambios que le siguen, que
en el terreno de la ética médica abren paso a la "etapa de los códigos
modernos", resulta quizás suficientemente fuerte como para justificar la
introducción de un nuevo período. Pero creo que es preferible, en todo caso,
hablar de modernidad "baja" y "alta" o "inicial" y
"contemporánea", con tal de preservar la noción general de "período"
entendido como delimitación de un tiempo en el que podemos observar no sólo un
"conflicto de tendencias" sino también el desarrollo de una "síntesis"
del mismo. Así, entre otras aproximaciones, la "Antigüedad' podrá verse
desde un punto de partida donde, la coherencia que los textos mesopotámicos
muestran del poder civil divinizado de Hammurabi o la invocación cercana a dios
de Mursili II, se quiebra con la aparición del "Juramento Hipocrático"
en tanto éste deja de lado los "mandamientos" para establecer las
normas de una moral "profesional". No obstante ello, la influencia de
los textos judeocristianos perdurará, aún cuando "Los consejos de
Esculapio" nos dejan ver la consolidación definitiva que el estoicismo
romano dará a la primera moral médica "corporativa". Durante el "Medioevo' me interesó
ilustrar cómo el pensamiento judío y cristiano "profesionalizado"
que se rescata en las concepciones de Asaph, San Isidoro y Maimónides, a las
que cabe agregar fuera de texto el pensamiento moral de la medicina árabe,
ofrecen un espacio de convivencia pero también de polémica doctrinaria, que
quedará cerrado con el advenimiento de las nuevas monarquías cristianas cuyo
ejemplo mayor será la española de los Reyes Católicos, para mostrar una
"segunda moral médica corporativa" desarrollada en el seno de los
nuevos gremios renacentistas. El tercer punto de inflexión será
resultado del conflicto más importante que para nosotros, por cercanía, se
produce en el terreno conceptual. La "Modernidad" puede entenderse, así,
como disociación entre la España feudal, conservadora y paternalista, frente
al desarrollo liberal e individualista del pensamiento anglosajón. El
descubrimiento de América nos muestra el nacimiento del Derecho Internacional
con Francisco de Vitoria, de una verdadera Antropología Cultural en los textos
de Sahagún, pero también y paralelamente una situación en la que, mientras
Tomás López debía ejercer desde sus ordenanzas el poder de un padre
omnipotente que vela por sus "pobres e ignorantes" hijos, Thomas More
imaginaba una moral utópica que Percival comenzaría a consolidar doscientos
cincuenta años después, A partir de entonces la moral médica no
deja de crecer en el sentido de una primacía de la "autonomía"
frente a la beneficencia o el "paternalismo". Y la Segunda Guerra
Mundial abrirá paso, finalmente, a una nueva etapa en la que estamos inmersos,
donde el "hombre" y la "vida" vuelven a reclamar el auxilio
de. la ética. La "Bioética" surgirá, aquí, como nueva disciplina
para compilar en la letra la palabra que, entre tantos otros hombres, el médico
proclamará ante el espanto, la imprudencia y el desconcierto de nuestro siglo,
desde la materialidad textual de su propia historia. (I)
ANTIGUEDAD CÓDIGO
DE HAMMURABI -h. 1753 a.C.- Artículos
sobre la profesión médica ... 215. Si un médico ha llevado a cabo una
operación de importancia en un señor con una lanceta de bronce y ha curado a
ese señor o (si) ha abierto la cuenca del ojo de un señor con la lanceta de
bronce y ha curado el ojo de ese señor, recibirá diez siclos de plata. 216. Si es (practicada en) un hijo de un
subalterno, recibirá cinco siclos de plata. 217. Si es (practicada en) un esclavo de un
señor, el propietario del esclavo dará dos siclos de plata al médico. 218. Si un médico ha llevado a cabo una
operación de importancia en un señor con una lanceta de bronce y ha causado la
muerte de ese señor o (si) ha abierto la cuenca del ojo de un señor con la
lanceta de bronce y ha destruido el ojo de ese señor, se le amputará la mano. 219. Si un médico ha llevado a cabo una
operación de importancia en el esclavo de un subalterno con una lanceta y le ha
causado la muerte, entregará esclavo por esclavo. 220. Si ha abierto la cuenca de su ojo con
una lanceta de bronce y ha destruido su ojo pesará plata por la mitad de su
precio. 221. Si un médico ha compuesto el hueso de
un señor o le ha curado un músculo enfermo, el paciente dará al médico cinco
siclos de plata. 222. Si es a un hijo de subalterno le dará
tres siclos de plata. 223. Si es a un esclavo de un particular el
propietario del esclavo dará al médico dos siclos de plata. PLEGARIA
DE MURSILI II POR LA PESTE (2) -h. 1330 a.C.- ¡Dios de la Tempestad de Hatti, mi señor,
y vosotros, dioses de Hatti, mis señores, Mursili, el gran rey, vuestro siervo,
me envía! Ve y dile al dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, y a los
dioses, mis señores, lo siguiente: ¿Qué es lo que habéis hecho?. Habéis
dejado entrar una plaga en el país. El país de Hatti se ve cruelmente afligido
por la plaga. Desde hace veinte años han ido muriendo hombres en los días de
mi padre, en los días de mi hermano y en los míos propios, desde que llegué a
ser sacerdote de los dioses. Cuando los hombres están muriendo en el país de
Hatti y la plaga no ha desaparecido de ningún modo del país de Hatti, yo no
puedo sufrir más la agonía de mi corazón y no puedo sufrir más la angustia
de mi alma. Cuando celebré fiestas, reverencié a
todos los dioses; no preferí un templo a otro. La cuestión de la plaga la he
incluido en mis plegarias ante todos los dioses, haciéndoles voto: "Oídme,
mis dioses, mis señores: ¡Arrojad la plaga fuera del país de Hatti!. La razón
por la que el pueblo está muriendo en el país de Hatti, o bien determinadla
por un agüero, o bien haced que yo la vea en un sueño, o bien que la declare
un profeta". Pero los dioses no me prestan oídos y la
plaga no amaina en el país de Hatti. El país de Hatti se ve cruelmente
afligido. Las pocas personas que siguen ofreciendo
pan grueso y libaciones están muriendo también. La situación me abruma. Así
que hice la ira de los dioses el motivo de un oráculo. Aprendí de dos antiguas
tablillas: la primera tablilla trataba de las ofrendas al río Mala. Los
antiguos reyes habían consagrado regularmente ofrendas al río Mala. Pero ahora
una plaga se desencadena en el país de Hatti desde los días de mi padre, y no
hemos consagrado ofrendas al río Mala. La segunda tablilla se refería a
Kurustama. Cuando el dios de la Tempestad de Hatti había enviado al pueblo de
Kurustama al país de Egipto y había concertado un tratado entre ellos y los de
Hatti, de modo que se hallaban sometidos por juramento al dios de la Tempestad
de Hatti, aunque los de Hatti, así como los egipcios se hallaban sometidos por
juramento al dios de la Tempestad de Hatti, los de Hatti ignoraron sus
obligaciones; los de Hatti rompieron muy pronto el juramento de los dioses. Mi
padre envió soldados de a pie y conductores de carro que atacaron el país de
Amka, territorio egipcio. De nuevo envió tropas y de nuevo los atacó. Cuando
los egipcios se espantaron, solicitaron a mi padre uno de sus hijos para el
reino. Pero cuando mi padre les envió uno de sus hijos, lo mataron y lo
llevaron allí. Mi padre se encolerizó, emprendió guerra contra Egipto y atacó
Egipto. Aniquiló a los soldados de a pie y a los conductores de carros del país
de Egipto. El dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, permitió entonces por
su decisión que mi padre triunfara. Y venció y subyugó a los soldados de a
pie y a los conductores de carro del país de Egipto. Pero cuando traían al país
de Hatti los prisioneros que habían capturado, se declaró la plaga entre los
prisioneros y comenzaron a morir. Cuando trasladaron a los prisioneros al país
de Hatti, estos prisioneros trajeron la plaga al país de Hatti. Desde ese día,
el pueblo muere en el país de Hatti. Ahora, cuando he encontrado esta tablilla
que trata del país de Egipto, he hecho de ella el motivo de un oráculo del
dios: "Los pactos que se hicieron por el dios de la Tempestad de Hatti, a
saber, que los egipcios y los de Hatti se hallaban sometidos por igual juramento
al dios de la Tempestad de Hatti, que las esfinges estarían presentes en el
templo del dios de la Ternpestad de Hatti y que los de Hatti rompieron enseguida
su palabra, ¿han sido quizá la causa de la ira del dios de la Tempestad de
Hatti, mi señor?", y así se determinó. Con motivo de la plaga, le consagramos
ofrenda al río Mala, motivo también de un oráculo. También en este asunto se
determinó que debía responder por mí mismo ante el dios de la Tempestad de
Hatti. ¡Ved, pues! He admitido mi culpa ante el
dios de la Tempestad: "Así es, lo hemos hecho". Tengo por cierto que
la ofensa no se cometió en mis días, sino que se cometió en los días de mi
padre (... ). Pero, puesto que el dios de la tempestad de Hatti está
encolerizado por esta razón y el pueblo está muriendo en el país de Hatti, he
consagrado las ofrendas al dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, por este
motivo. ¡Puesto que me humillo y clamo piedad, óyeme,
dios de la Tempestad de Hatti, mi señor! ¡Que la plaga cese en el país de
Hatti!. Las causas de la plaga, que se habían
determinado cuando hice a la cuestión motivo de una serie de oráculos, las he
obviado. He hecho una amplia restitución. Sobre la cuestión del juramento que
se había determinado en relación con la plaga, he consagrado ofrendas por
estos juramentos al dios de la Tempestad de Hatti, mi señor. También se las he
consagrado a otros dioses. Las ofrendas te han sido consagradas, dios de la
Tempestad de Hatti. Las ofrendas les han sido consagradas también a ellos. En
cuanto a las ofrendas al río Mala que se determinaron en relación con la
plaga, mira, me hallo ahora ante el río Mala. ¡Exímeme de esta ofrenda al río
Mala, dios de la Tempestad de Hatti, y vosotros, dioses, mis señores! Prometo
hacer la ofrenda al río Mala, prometo completarla de forma apropiada. En cuanto
a la razón por la que la hago, dioses, mis señores, tened piedad de mí, y que
la plaga amaine en el país de Hatti. Dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, y
vosotros, dioses, mis señores. Así sucede: que se peca. Mi padre pecó y
transgredió la palabra del dios de la Tempestad de Hatti, mi señor. Pero yo no
he pecado en modo alguno. Pero así sucede: que el pecado del padre cae sobre el
hijo. Así, el pecado de mi padre ha caído sobre mí. Ahora he confesado ante
el dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, y ante los dioses, mis señores:
'Es verdad, lo hemos hecho". Y puesto que he confesado el pecado de mi
padre, que el alma del dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, y la de los
dioses, mis señores, se apacigüe. ¡Apiadaos de mí y apartad la plaga del país
de Hatti! ¡No permitáis que mueran los pocos que aún siguen ofreciendo pan
grueso y libaciones! ¡Ved! He remitido la cuestión de la plaga
ante el dios de la Tempestad de Hatti. ¡Oyeme, dios de la tempestad de Hatti, y
salva mi vida! Tengo que recordarte una cosa: el pájaro busca refugio en la
jaula, y la jaula salva su vida. Más aún, si algo abruma a un siervo, él
presenta su alegato ante su señor. Su señor lo oye y se apiada de él. Sea lo
que fuere lo que lo abruma, lo arregla. Es más: si el siervo incurre en una
falta, pero confiesa su falta a su "flor, su señor puede hacer con él lo
que le plazca. Pero, puesto que ha confesado su falta a su señor, el alma de su
señor se aplaca y el señor no castiga a este siervo. Yo he confesado ahora el
pecado de mi padre; así sucede, lo he hecho. Si tiene que haber restitución,
parece claro que con todos los dones que he concedido ya a causa de esta plaga,
con todos los prisioneros que he devuelto a su hogar, en resumen, con toda la
restitución que ha hecho Hattusas a causa de la plaga, ha hecho su restitución
veinte veces. Y aún el alma del dios de la Tempestad, mi señor, y la de los
demás dioses, mis señores, no se ha aplacado. Pero si pedís de mí alguna
restitución más, decídmelo en un sueño y os lo proporcionaré. ¡Mira! Te estoy suplicando, dios de la
Tempestad de Hatti, mi señor. ¡Salva mi vida! Si es por las razones que he
dicho por las que el pueblo está muriendo, tan pronto como las arregle, que los
que aún están en disposición de ofrecer pan grueso y libación no sigan
muriendo. Si, por otra parte, el pueblo está muriendo por alguna otra razón,
que yo lo vea en un sueño, que lo encuentre por un oráculo o que un profeta lo
declare, o que todos los sacerdotes hallen por incubación todo lo que les
sugiero. Dios de la Tempestad de Hatti, ¡salva mi
vida! ¡Que los dioses, mis señores, prueben su divino poder! ¡Que alguien lo
vea en un sueño! ¡Cualquiera que sea la razón por la que el pueblo está
muriendo, que se encuentre! (... ) Dios de la Tempestad de Hatti, mi señor,
¡salva mi vida! ¡Que amaine la plaga en el país de Hatti! CORPUS
HIPPOCRATICUM (3) EL
JURAMENTO HIPOCRATICO - h. 400 a.C - Juro por Apolo médico, por Asclepio y por
Higía, por Panacea y por todos los dioses y diosas, tomándolos por testigos,
que cumpliré, en la medida de mis posibilidades y mi criterio, el juramento y
compromiso siguientes: Considerar a mi maestro en medicina como si
fuera mi padre; compartir con é1 mis bienes y, si llega el caso. ayudarle en
sus necesidades; tener a sus hijos por hermanos míos y enseñarles este Arte,
si quieren aprenderlo, sin gratificación ni compromiso; hacer a mis hijos partícipes
de los preceptos, enseñanzas y demás doctrinas, así como a los de mi maestro,
y a los discípulos comprometidos y que han prestado juramento según la ley médica,
pero a nadie más. Dirigiré la dieta con los ojos puestos en
la recuperación de los pacientes, en la medida de mis fuerzas y de mi juicio, y
les evitaré de toda maldad y daño. No administraré a nadie un fármaco
mortal, aunque me lo pida, ni tomaré la iniciativa de una sugerencia de este
tipo. Asimismo, no recetaré a una mujer un pesario abortivo; sino, por el
contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura. No operaré (castrar) ni siquiera a los
pacientes enfermos de cálculos, sino que los dejaré en manos de quienes se
ocupan de estas prácticas. Al visitar una casa, entraré en ella para
bien de los enfermos, manteniéndome al margen de daños voluntarios y de actos
perversos, en especial de todo intento de seducir a mujeres o muchachos, ya sean
libres o esclavos. Callaré todo cuanto vea u oiga, dentro o
fuera de mi actuación profesional, que se refiera a la intimidad humana y no
deba divulgarse, convencido de que tales cosas deben mantenerse en secreto. Si cumplo este juramento sin faltar a él,
que se me conceda gozar de la vida y de mi actividad profesional rodeado de la
consideración de todos los hombres hasta el final de los tiempos, pero si lo
violo y juro en falso, que me ocurra todo lo contrario. SOBRE EL
MEDICO -h. 1 a.m.
s.III a.C- El prestigio del médico exige de él que
tenga buen color y un aspecto sano acorde con su propia naturaleza. Pues el común
de la gente opina que los que carecen de esa condición física no pueden tratar
convenientemente a los demás. En segundo lugar, que presente un aspecto aseado,
vaya bien vestido y se perfume con ungüentos olorosos, con un perfume que no
sea en modo alguno sospechoso. Esto, en verdad, complace mucho a los enfermos. Por otra parte, el discreto debe atender,
en el aspecto moral, a las siguientes actitudes: no sólo ser reservada, sino
llevar una vida morigerada, pues ello contribuye mucho a su prestigio. Ser, además,
un perfecto caballero en su comportamiento, y, por ende, mostrarse grave y
afable con todo el mundo. Pues la ligereza y la precipitación, aunque a veces
pueden resultar útiles, suelen provocar el menosprecio. Debe procurar, además,
tener libertad de acción, pues cuando las mismas cosas se ofrecen raramente a
las mismas personas, suele producirse una reacción favorable. En lo que concierne al semblante, que su
rostro muestre seriedad, aunque no un aire desabrido, pues este gesto suele
interpretarse como arrogancia y descortesía. En cambio, el que es propenso a la
risa y a mostrar excesiva hilaridad suele ser juzgado como un hombre vulgar. Y
ese defecto debe evitarse al máximo. En todo trato, debe mostrarse leal, pues la
lealtad puede ser un gran aliado. Es grande la intimidad entre médico y
paciente; y, en efecto, éste se le confía ciegamente, en tanto que aquél
tiene constante relación con mujeres y doncellas, y con objetos de mucho valor,
por tanto, debe comportarse en todos estos casos con un gran control de sí
mismo. Tales deben ser, en resumen, sus cualidades
físicas y morales. HONRA AL
MEDICO (4) (Antiguo
Testamento) -h. 200
a.C.- Honra al médico por cuanto tienes
necesidad de él; pues a él también lo instituyó Dios. De Dios procede la habilidad del médico, y del rey recibe obsequios. La ciencia del médico le eleva, y se mantiene delante de los nobles. Dios ha sacado de la tierra los remedios y un hombre inteligente no los rechazará. ¿No se endulzaron las aguas por un madero para dar a conocer a todo hombre su
potencia? Y Él ha dado al hombre el conocimiento para que se glorifique en sus poderosos
obras. Con ellas el médico aplaca el dolor; asimismo, el boticario prepara sus drogas; de suerte que la obra de É1 no termina, ni el sano vivir desaparece de la faz de la
tierra. Hijo, en la enfermedad no te impacientes; pero ruega a Dios, que Él te curará. Aléjate de la falta y de la parcialidad, y de todo pecado limpia el corazón, Ofrece el incienso y la oblación con el
memorial, y haz sacrificios tan pingües como lo
permita tu fortuna. Mas da también lugar al médico y no se aparte de ti, pues también él te es necesario. Hay un tiempo en que el éxito está en sus
manos, pues también él rogará a Dios, para que le conceda lograr el examen del
enfermo y el remedio para su restablecimiento. ¡Quien peca ante su Hacedor sea abandonado a manos de médicos! JURAMENTO
DE INICIACION (5) (Caraka
Samhita) - ¿Siglo I
d.C.? - El maestro debe entonces instruir al discípulo
ante la presencia del fuego sagrado, Brahmanas (Brahmins) y los médicos. (adagio) "Vivirás la vida de un célibe,
dejarás crecer tu cabello y tu barba, hablarás sólo la verdad, no comerás carne, comerás
únicamente comida pura, estarás libre de envidia y no portarás armas. No habrá nada que tú no hagas ante mi
requerimiento, a excepción de odiar al rey, causar la muerte de otro, o cometer un
tremendo acto de injusticia o actos que provoquen calamidad. Dedicarás tu vida a mí y me verás corno
a tu jefe. Estarás sujeto a mí y por siempre actuarás en pos de mi bienestar
y placer. Servirás y vivirás conmigo como un hijo o un esclavo o un
suplicante. Te comportarás y actuarás sin arrogancia, con cuidado y atención,
y mente ajena, humildad, reflexión constante y obediencia silente. Al actuar,
por orden mía o por otra razón, lo harás para conseguir los propósitos de tu
maestro solamente, ejercitando lo mejor de tus habilidades. Si deseas para tí el éxito, la fortuna y
la fama como médico y el cielo después de muerto, deberás orar por el
bienestar de todas las criaturas comenzando por las vacas y Brahrnanas. Noche y día, cualquiera sea la forma en
que te veas comprometido, te esforzarás por aliviar al paciente con todo tu
corazón y con toda tu alma. No desertarás o lastimarás al paciente en nombre
de tu vida o tu pasar. No cometerás adulterio, ni con el pensamiento. Más aún,
no codiciarás lo ajeno. Deberás ser modesto en tu atuendo y apariencia. No serás
un ebrio o un hombre pecador ni deberás asociarte con instigadores de crímenes.
Hablarás con palabras gentiles, puras y correctas, placenteras, valiosas,
verdaderas, sanas y moderadas. Tu comportamiento debe ser acorde al tiempo y al
lugar, y atento a la experiencia pasada. Actuarás siempre con vistas a la
adquisición de conocimiento y la plenitud de habilidad. Ninguna persona, que sea odiada por el rey
o que aborrezca al rey, o que sea aborrecida por el público o que odie al público,
recibirá tratamiento. Igualmente, aquellos que sean extremadamente anormales,
malvados, y de conducta y carácter miserables, aquellos que no hubiesen
reivindicado su honor, aquellos que estén a punto de morir, lo mismo que las
mujeres desatendidas por sus maridos o guardianes, no recibirán tratamiento. No aceptarás ofrendas de mujer alguna que
no haya sido autorizada por su marido o guardián. Al entrar a la casa de un
paciente, lo harás acompañado de un hombre conocido por éste y que tenga su
permiso para entrar bien vestido, con la cabeza inclinada, seguro de tí mismo,
accederás solamente luego de repetidas consideraciones. Harás, de esta manera,
tu entrada apropiadamente. Una vez en el interior, tu discurso, tu mente, tu
intelecto y tus sentidos se abocarán a ningún otro pensamiento más que al de
ser útil al paciente y a las cosas relacionadas a ello. Las costumbres hogareñas
del paciente no deberán hacerse públicas. Aún sabiendo que el tiempo de vida
del paciente es corto, no lo mencionarás allí, pues de hacerlo causarás
conmoción al paciente o a otros. Aunque poseedor del conocimiento, uno no debe
alardear demasiado de ello. La mayoría de la gente se ofende aún ante la
jactancia de aquellos que en otras ocasiones son buenos y con autoridad. No hay límite para la Ciencia de la Vida,
la Medicina. Por eso, debes aplicarte a ella con diligencia. Así debes actuar.
También debes aprender de otro la habilidad de la práctica sin criticar. El
mundo entero es el maestro, para los inteligentes, y el enemigo, para los no
inteligentes. Sabiendo esto bien, escucharás y actuarás de acuerdo a las
palabras instructivas aún de alguien poco amistoso, cuando sus palabras sean
valiosas y de la clase que te brindarán fama, larga vida, fuerza y
prosperidad". Después el maestro debe decir: 'Te
conducirás con propiedad ante los dioses, el fuego sagrado, Brahmanas, el guru,
los ancianos, los sabios y los preceptores. Si te has conducido bien con ellos,
te serán favorables las piedras preciosas, los granos y los dioses. Si actúas
de otro modo, se volverán contra tí". Al maestro que así ha hablado, el
discípulo debe responder "Amén". (Traducción
castellana de Liliana Barletta) PURIFICACION
DEL LEPROSO (6) ("La
Misná") -Compilada
h. s. II- 1. ¿De qué manera se hacía la purificación
del leproso? (El leproso) traía un cuenco nuevo de arcilla, vertía, en su
interior, un cuarto de log de agua de manantial y traía dos pájaros que habían
estado viviendo hasta entonces en libertad. (El sacerdote) inmolaba uno de ellos
sobre el cuenco de arcilla y sobre el agua de manantial, cavaba una hoya y lo
enterraba allí. Cogía luego madera de cedro, hisopo y lana carmesí de púrpura,
los envolvía luego con los extremos sobrantes de la tira (de lana); acercaba
después a ellos los extremos de las alas y la punta de la cola del segundo pájaro,
los inmergía y asperjaba siete veces el dorso de la mano del leproso. Según
otros, (asperjaba siete veces) su frente. De igual modo asperjaba desde fuera el
dintel de la casa. 2. Luego se iba a soltar el pájaro vivo,
sin que volviera su rostro hacia el mar, o hacia la ciudad, o hacia el desierto,
ya que está escrito: el ave viva la soltará en el campo, fuera de la ciudad.
Luego volvía para cortar la cabellera del leproso. Después él pasaba la
navaja por toda su piel, lavaba sus ropas y se inimergía. Entonces quedaba sin
que contaminase entrando en la casa, pero sí contaminaba como un reptil. Podía
entrar dentro del muro de la ciudad, pero debía pennanecer todavía siete días
fuera de casa y le estaba prohibida la unión sexual. 3. A los siete días se le cortaba de nuevo
el cabello como la primera vez, lavaba sus ropas y se inmergía. Entonces
quedaba puro, sin que contaminase corno un reptil, aunque era como quien había
hecho la inmersión en el mismo día. Podía comer (del segundo) diezmo. Una vez
puesto el sol podía comer de la ofrenda. Una vez ofrecido su sacrificio de
expiación podía comer de las cosas santas. Resultaba, pues, que se daban tres
grados de purificación en el que había sido leproso y tres grados de
purificación asimismo en la mujer que había dado a luz. 4. Tres tipos de personas han de cortarse
el pelo, y ese corte de pelo es una obligación religiosa: el nazir, el leproso
y el levita. Cualquiera de éstos que no cortara el pelo con navaja o que dejara
simplemente dos pelos no cumplía con su obligación. 5. Respecto a las aves (del sacrificio),
estaba ordenado que fueran iguales en apariencia, en tamaño y en precio, y que
hubieran sido compradas simultáneamente. Pero aunque no eran iguales son válidas.
Si compró una un día y otra al día siguiente, son válidas. Si inmoló una de
ellas y resulta que es un ave que no ha estado viviendo en libertad, se adquiere
otra pareja para la segunda ave. La primera entonces queda permitida para
comida. Si la inmoló y resulta ser un ave despedazada, se adquiere otra pareja
para la segunda ave. La primera entonces queda permitida para sacar provecho de
ella. Si la sangre (de la primera ave) ha sido derramada, ha de morir el ave que
había de ser dejada libre. Pero si muere el ave que había de ser dejada en
libertad, ha de ser derramada la sangre (de la otra ave). 6. El precepto respecto a la madera de
cedro es que ésta tenga una longitud de un codo y que su grosor sea el cuarto
de la anchura del pie de una cama, es decir, como si se dividiera (un pie) en
dos partes y las dos partes en cuatro. El precepto respecto al hisopo es que no
sea un hisopo griego, ni un hisopo azulado, ni un hisopo romano, ni un hisopo
del desierto, ni un hisopo que tenga algún nombre adicional. 7. El día octavo traía tres animales; un
sacrificio expiatorio, un sacrificio por la culpa y un holocausto. El pobre, en
cambio, traía un ave como sacrificio expiatorio y otra ave como holocausto. 8. Se acercaba junto al sacrificio por la
culpa e imponía sus manos sobre la víctima. (El sacerdote o un israelita) lo
inmolaba y dos sacerdotes recogían su sangre, uno en un cuenco y el otro en la
mano. El que la recibía en el cuenco iba y la asperjaba sobre la pared del
altar. El que la recibía en la mano se iba junto al leproso. El leproso hacía
la inmersión en (la piscina) de la estancia de los leprosos, se venía y
permanecía en pie en la puerta de Nicanor. R. Yehudá afirma que no necesitaba
hacer ningún baño de inmersión. 9. (El leproso) introducía su cabeza
(dentro del atrio del templo) y el sacerdote ponía (un poco de sangre) en la
ternilla de su oreja, después introducía la mano y el sacerdote le untaba el
pulgar, introducía el pie y le untaba el dedo gordo del pie. R. Yehudá dice
que introducía lo tres miembros simultáneamente. Si carecía de pulgar o de
dedo gordo en el pie o de oreja derecha, no podía volver a ser puro. R.
Eliezer, en cambio, afirma que se debía untar las partes correspondientes (del
cuerpo). R. Simeón sostiene que, si se untaban los miembros de la parte
izquierda, se cumplía con la obligación. 10. (El sacerdote) cogía el cuarto de log
de aceite y lo vertía en la mano de otro (sacerdote). Pero si lo vertía en su
propia mano cumplía con el precepto. Inmergía (su dedo en el aceite) y
asperjaba siete veces en dirección al Santísimo, inmergiendo (el dedo) en cada
una de las aspersiones. Luego se iba junto al leproso y en los lugares donde había
puesto sangre ponía aceite, porque está escrito: en el lugar donde había
untado con la sangre de la víctima. El resto del aceite que quede en la mano
del sacerdote lo derramará sobre la cabeza del purificado para que sirva de
expiación. Si lo ha derramado, ha expiado; si no lo ha derramado, no ha
expiado. Esto es enseñanza de R. Aquiba. R. Yojanán ben Nurí dice: esto no es
más que un resto del precepto, de ahí que ya se derrame o no se derrame, ha
expiado; pero se le computa como si no hubiera expiado. Si el log es incompleto
antes de ser derramado, puede ser completado; después de ser derramado, ha de
ser ofrecido otro de nuevo. Tal es la opinión de R. Aquiba. R. Simeón enseña
que si el log es hallado defectivo antes de untar con él (los miembros del
leproso), ha de ser completado; en caso de ser hallado defectivo después de
haber realizado la unción, ha de ser traído otro de nuevo. 11. Si un leproso ofreció su sacrificio
como pobre y en el entretanto se ha hecho rico, o como rico y en el entretanto
se ha hecho pobre, todo se regula por el sacrificio expiatorio. Esta es la opinión
de R. Simeón. R. Yehudá, en cambio, afirma que se ha de regular todo según el
sacrificio de la culpa. 12. Si un leproso pobre ofrece un
sacrificio de rico, cumple con su obligación. Sin embargo, si un leproso rico
ofrece un sacrificio de pobre, no cumple con su obligación. Un hombre puede
ofrecer un sacrificio de pobre por su hijo o por su hija, o por su siervo o por
su sierva, y posibilitarles de ese modo comer de los sacrificios de animales. R.
Yehudá dice que debe ofrecer un sacrificio de rico por su mujer y de igual modo
por todo sacrificio a la que ella estuviera obligada. 13. Si los sacrificios de dos leprosos se
entremezclan y uno de ellos ha ofrecido un sacrificio, que es el de uno de los
dos, y el otro muere, es sobre ésto sobre lo que consultó la gente de Alejandría
a R. Josué. El les dijo: ha de asignar sus bienes a otra persona y ofrece un
sacrificio de pobre. LOS
CONSEJOS DE ESCULAPIO (7) -¿S. II?- "¿Quieres ser médico, hijo mío?.
Aspiración es ésta de un alma generosa,de un espíritu ávido de ciencia. ¿Deseas
que los hombres te tengan por un Dios que alivia sus males y ahuyenta de ellos
el espanto? ¿Has pensado bien en lo que que ha de ser
tu vida? Tendrás que renunciar a la vida privada; mientras la mayoría de los
ciudadanos pueden, terminada su tarea, aislarse lejos de los importunos, tu
puerta quedará siempre abierta a todos; a toda hora del día o de la noche
vendrán a turbar tu descanso, tus placeres, tu meditación; ya no tendrás
horas que dedicar a tu familia, a la amistad o al estudio; ya no te pertenecerás. Los pobres, acostumbrados a padecer, no te
llamarán sino en caso de urgencia; pero los ricos te tratarán como a un
esclavo encargado de remediar sus excesos: sea porque tengan una indigestión,
sea porque están acatarrados; harán que te despierten a toda prisa tan pronto
como sientan la menor inquietud, pues estiman en muchísimo su persona. Habrás
de mostrar interés por los detalles más vulgares de su existencia, decidir si
han de comer ternera o cordero, si han de andar de tal o cual modo cuando se
pasean. No podrás ir al teatro, ni estar enfermo; tendrás que estar siempre
listo para acudir tan pronto corno te llame tu amo. Eras severo en la elección de tus amigos;
buscabas la sociedad de los hombres de talento, de artistas, de almas delicadas:
en adelante, no podrás desechar a los fastidiosos, a los escasos de
inteligencia, a los despreciables. El malhechor tendrá tanto derecho a tu
asistencia como el hombre honrado: prolongarás vidas nefastas, y el secreto de
tu profesión te prohibirá impedir crímenes de los que serás testigo. Tienes fe en tu trabajo para conquistarte
una reputación: ten presente que te juzgarán, no por tu ciencia, sino por las
casualidades del destino, por el corte de tu capa, por la apariencia de tu casa,
por el número de tus criados, por la atención que dediques a las charlas y a
los gustos de tu clientela. Los habrá que desconfiarán de ti si no gastas
barba, otros, si no vienes de Asia; otros, si crees en los dioses; otros, si no
crees en ellos. Te gusta la sencillez; habrás de adoptar
la actitud de un augur. Eres activo, sabes lo que vale el tiempo: no habrás de
manifestar fastidio ni impaciencia; tendrás que soportar relatos que arranquen
del principio de los tiempos para explicarte un cólico; ociosos te consultarán
por el solo placer de charlar. Serás el vertedero de sus nimias vanidades. Sientes pasión por la verdad, ya no podrás
decirla. Tendrás que ocultar a algunos la gravedad de su mal; a otros su
insignificancia, pues les molestaría. Habrás de ocultar secretos que posees,
consentir en parecer burlado, ignorante, cómplice. Aunque la Medicina es una ciencia oscura, a
la cual los esfuerzos de sus fieles va iluminando de siglo en siglo, no te será
permitido dudar nunca, so pena de perder todo crédito. Si no afirmas que
conoces la naturaleza de la enfermedad, que posees un remedio infalible para
curarla, el vulgo irá a charlatanes que venden la mentira que necesita. No cuentes con agradecimiento: cuando el
enfermo sana, la curación es debida a su robustez; si muere, tú eres el que lo
ha matado. Mientras está en peligro, te trata como a un dios, te suplica, te
promete, te colma de halagos; No bien está en convalescencia, ya le estorbas;
cuando se trata de pagar los cuidados que le has prodigado se enfada y te
denigra. Cuanto más egoístas son los hombres, más solicitud exigen. No cuentes con que ese oficio tan penoso te
haga rico. Te lo he dicho: es un sacerdocio, y no será decente que produjera
ganancias como las que saca un aceitero o el que venda lana. Te compadezco si
sientes afán por la belleza: verás lo más feo y repugnante que hay en la
especie humana, todos tus sentidos serán maltratados. Habrás de pegar tu oído
contra el sudor de pechos sucios, respirar el olor de míseras viviendas, los
perfumes harto subidos de las cortesanas, palpar tumores, curar llagas verdes de
pus, contemplar los orines, escudriñar los esputos, fijar tu mirada y tu olfato
en inmundicias, meter el dedo en muchos sitios. Cuántas veces, en día hermoso,
soleado y perfumado, al salir de un banquete o de una pieza de Sófocles, te
llamarán por un hombre que, molestado por dolores de vientre, te presentará un
bacín nauseabundo, diciéndote, satisfecho: gracias a que he tenido la precaución
de no tirarlo. Recuerda, entonces, que habrá de parecerte interesante aquella
deyección. Hasta la belleza misma de las mujeres,
consuelo del hombre, se desvanecerá para tí. Las verás por la mañana desgreñadas,
desencajadas, desprovistas de sus bellos colores, y olvidando sobre los muebles
parte de sus atractivos. Cesarán de ser diosas para convertirse en pobres seres
afligidos de miserias sin gracia. Sentirás por ellas menos deseos que compasión. ¡Cuántas veces te asustarás al ver un
cocodrilo adormecido en el fondo de la fuente de los placeres! Tu oficio será para ti una túnica de
Neso. En la calle, en los banquetes, en el teatro, en tu cama misma, los
desconocidos, tus amigos, tus allegados, te hablarán de sus males para pedirte
un remedio. El mundo te parecerá un vasto hospital, una asamblea de individuos
que se quejan. Tu vida transcurrirá en la sombra de la muerte, entre el dolor
de los cuerpos y de las almas, de los duelos y de la hipocresía, que calcula a
la cabecera de los agonizantes. Te será difícil conservar una visión
consoladora del mundo. Descubrirás tanta fealdad bajo las más bellas
apariencias, que toda confianza en la vida se derrumbará, y todo goce será
emponzoñado. La raza humana es un Prometeo desgarrado por buitres. Te verás solo en tus tristezas, solo en
tus estudios, solo en medio del egoísmo humano. Ni siquiera encontrarás apoyo
entre los médicos que se hacen sorda guerra por interés o por orgullo. La
conciencia de aliviar males te sostendrá en tus fatigas; pero dudarás si es
acertado hacer que sigan viviendo hombres atacados de un mal incurable, niños
enfermizos que ninguna probabilidad tienen de ser felices y que transmitirán su
triste vida a seres que serán más miserables aún. Cuando, a costa de muchos
esfuerzos, hayas prolongado la existencia de algunos ancianos o de niños
deformes, vendrá una guerra que destruirá lo más sano y robusto que hay en la
ciudad. Entonces te encargarán que separes los débiles de los fuertes, para
salvar a débiles y enviar a los fuertes a la muerte. Piénsalo bien mientras estás a tiempo.
Pero si, indiferente a la fortuna, a los placeres, a la ingratitud, si sabiendo
que te verás solo entre las fieras humanas, tienes un ahna lo bastante estoica
para satisfacerse con el deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas pagado lo
bastante con la dicha de una madre, con una cara que sonríe porque ya no
padece, con la paz de un moribundo a quien ocultas la llegada de la muerte; si
ansías conocer al hombre, penetrar todo lo trágico de su destino, hazte médico,
hijo mío". (II)
MEDIOEVO EL
JURAMENTO DE ASAPH (8) -¿s. VI?- "Y éste fue el juramento administrado
por Asaph, el hijo de Berachyahu, y por Jochanan, el hijo de Zabda, a sus discípulos;
y ellos lo ordenaron en estas palabras: Tened cuidado de no matar a ningún
hombre con la savia de una raíz; y no daréis poción alguna a mujer embarazada
por adulterio para hacerla abortar, y no desearéis a las mujeres hermosas para
cometer adulterio; y no revelaréis secretos que os hayan sido confiados; y no
aceptaréis soborno para hacer el mal ni para matar, y no endureceréis vuestros
corazones en contra de los pobres y los necesitados, sino que los sanaréis; y
no llamaréis al bien mal ni al mal bien; y no ejerceréis brujerías, ni
encantos, ni maleficios para intentar separar a un hombre del seno de su mujer o
a una mujer del esposo de su juventud. Y no codiciaréis riquezas o sobornos
para inducir al depravado comercio sexual. Y no haréis uso en ninguna forma de ídolos
para curar de tal modo, ni confiaréis en los poderes curativos de ninguna forma
de su culto. Deberéis detestar y abominar y odiar a todos los creyentes en
ellos y a aquellos que en ellos confían y hacen que otros crean también,
porque todos ellos no son más que vanidad y no son útiles puesto que no poseen
valor alguno; y son diabólicos. Sus propios esqueletos no los pueden salvar. ¿Cómo
entonces podrán salvar a los vivos? Y ahora, poned vuestra fe en el Señor
vuestro Dios, el Dios de la verdad, el Dios viviente, porque Él puede matar o
hacer vivir, herir o curar. É1 enseña al hombre a entender y a hacer el bien.
Él hiere directamente, con virtud y justicia y cura con misericordia y amor.
Ninguna idea astuta le puede ser ocultada porque nada hay oculto para Él. Él crea las plantas curativas e irnplanta
en el corazón de los sabios habilidad para curar por medios de sus múltiples
misericordias y declara maravillas a las multitudes para que todos los vivos
sepan que Él les hizo y que fuera de Él nadie puede salvar. Porque la gente
cree en sus ídolos para socorrerlos en sus aflicciones, pero ellos no la salvarán
de sus penas si su esperanza y su confianza están en los muertos. Por lo tanto
es conveniente que os mantengáis separados de ellos y lejos de todas las
abominaciones de sus ídolos y que os abráis paso hacia el Señor, Dios de toda
carne. Toda criatura está en Sus manos para morir o para vivir y nadie puede
huir de su mano. Y estad atentos a Él en todo momento y
buscadlo en la verdad, en la rectitud y en la honradez para que prosperéis en
todo lo que hagáis; entonces Él hará que adelantéis y seréis alabados por
todos los hombres. Y la gente dejará sus dioses y sus ídolos y deseará servir
al Señor al igual que vosotros pues se darán cuenta que habían confiado en
una cosa sin valor y que su trabajo era en vano. De otro modo cuando clamen
hacia el Señor, Él no los salvará. En cuanto a vosotros, sed fuertes y no dejéis
que vuestras manos aflojen porque habrá una recompensa para vuestros esfuerzos.
Dios está con vosotros cuando vosotros estáis con Él. Si mantenéis Su pacto
y seguís Sus leyes y penetráis en ellas, seréis santos a los ojos de los
hombres y ellos dirán: Felices aquellos hombres que se hallan en esta posición:
felices aquellos hombres para quienes Dios es Su Señor. Y sus discípulos les
contestaron y dijeron: Todo aquello que nos habéis enseñado y mandado, todo
eso haremos pues es un mandamiento de la Torah y nos corresponde actuar con todo
nuestro corazón y toda nuestra alma y toda nuestra fuerza; hacer y obedecer y
no voltear hacia la mano derecha o hacia la izquierda, y los bendijeron en el
nombre del Más Alto, del Señor del Cielo y de la Tierra. Y los amonestaron
nuevamente y les dijeron: Mirad, Dios el Señor y Sus santos y su Torah serán
testigos de que le temeréis y obedeceréis Sus mandamientos y no os desviaréis
de ellos pero los seguiréis con rectitud. No os inclinéis hacia la ambición y
no ayudéis al malvado, ni derraméis sangre inocente. Tampoco confeccionaréis
veneno para ser usado por hombre o mujer para matar con ellos; ni revelaréis
cuales raíces son venenosas ni las daréis a hombre alguno o haréis mal con
ellas. No causaréis el derramamiento de sangre en ninguna forma de tratamiento
médico. Prestad atención para no causar enfermedad a ningún hombre. Y no
causaréis herida a hombre alguno apresurándoos a cortar carne con instrumentos
de hierro o cauterizando, sino que observaréis dos y tres veces y sólo
entonces daréis consejo. No dejéis que el espíritu de la altanería
os haga levantar los ojos y el corazón. No descarguéis la venganza del odio en
un hombre enfermo. Y no alteréis vuestras recetas para aquellos que odian a
Dios nuestro Señor, sino mantened sus ordenanzas y mandamientos y marchad por
sus caminos y así podréis encontrar benevolencia en Su mirada. Sed puros y
creyentes y honrados. Así instruyeron y mandaron Asaph y
Pochanan a sus discípulos". SOBRE EL
PRINCIPIO DE LA MEDICINA (9) (San
Isidoro de Sevilla) - 632 - 1. Preguntan algunos por qué no se incluye
la medicina entre las otras artes liberales. La respuesta es la siguiente:
porque las artes liberales abordan en su estudio materias particulares, mientras
la medicina abarca las de todas. En efecto, el médico debe conocer la gramática,
para poder entender y exponer lo que lee. 2. Lo mismo cabe decir de la retórica, de
modo que pueda delimitar con argumentos indiscutibles los casos que tiene entre
manos. Otro tanto hay que afirmar de la dialéctica, que le permite mediante el
raciocinio, profundizar en las causas que provocan las enfermedades y en los
remedios aplicables para su curación. Necesita de la aritmética, por lo que se
refiere al número de horas que duran los ataques febriles y la periodicidad que
presentan. 3. Digamos lo mismo de la geometría, en
cuanto a la índole de las regiones y zonas en las que señala qué es lo que
cada uno debe observar. E incluso no debe ignorar la música, pues muchas son
las enfermedades que, como puede leerse en los libros, han sido tratadas
utilizando esta disciplina: así se lee de David, que liberó a Saúl del espíritu
inmundo sirviéndose de la música. También el médico Asclepíades devolvió
por ella a su anterior estado de salud a un enfermo atacado de locura. 4. Conocerá, en fin, también la astronomía,
por la que se examina el movimiento de los astros y la evolución del tiempo.
Pues, como sostiene algún médico, al par de las variaciones que se van
presentando, nuestro cuerpo experimenta igualmente alteraciones. 5. De aquí que se considere a la medicina
como una segunda filosofía. Una y otra ciencia reclaman para sí al hombre
entero; pues si por una se sana el alma, por la otra se cura el cuerpo. PLEGARIA
DEL MEDICO (10) (Maimónides) -e/ 1165 y
1190- "Dios Todopoderoso. Tú has creado el
cuerpo humano con infinita sabiduría. Diez mil veces, diez mil órganos Tú has
combinado en él, los cuales actúan sin cesar y armoniosamente para preservar
él todo en su belleza -el cuerpo que es la envoltura del alma inmortal-.
Siempre trabajan en perfecto orden, acuerdo y consentimiento. Sin embargo,
cuando la fragilidad de la materia o el desenfrenamiento de las pasiones
trastorna este orden o interrumpe este acuerdo, entonces fuerzas chocan y el
cuerpo se desintegra en el prístino polvo del cual se hizo. Tú has bendecido Tu tierra, Tus montañas
y Tus ríos con sustancias curativas; éstas permiten a Tus criaturas aliviar
sus sufrimientos y curar sus enfermedades. Tú has dotado al hombre con la
sabiduría para aliviar el sufrimiento de su hermano, a reconocer sus desórdenes,
a extraer las sustancias curativas, a descubrir sus fuerzas y prepararlas y
aplicarlas corno mejor sea posible en cada enfermedad. En Tu Eterna Providencia,
Tú me has elegido para velar sobre la vida y la salud de Tus criaturas. Estoy
ahora listo a dedicarme a los deberes de mi profesión. Apóyame, Dios
Todopoderoso, en estas grandes labores para el beneficio de la humanidad, pues
sin Tu ayuda ni la mínima cosa no tendrá éxito. Inspírame con amor por mi arte y por Tus
criaturas. No permitas que la sed de ganancias o que la ambición de gloria y
admiración, hayan de interferir en la práctica de mi profesión, pues éstas
son los enemigos de la verdad y del amor a la humanidad, y pueden descarriar en
el noble deber de atender el bienestar de Tus criaturas. Sostén la fuerza de mi
cuerpo y de mi espíritu a fin de que esté siempre dispuesto con ánimo a
ayudar y a sostener al rico y al pobre, al bueno y al malo, al enemigo como al
amigo. Has que en el que sufre, yo no vea más que al hombre. Ilumina mi mente
para que reconozca lo que se presenta y para que sepa discernir lo que está
ausente o escondido. Que no deje de ver lo que es visible, pero no permitas que
me arrogue el poder de ver lo que no puede ser visto; pues delicados e infinitos
son los límites del gran arte de preservar las vidas y la salud de Tus
criaturas. No permitas que me distraiga. Que ningún pensamiento extraño desvíe
mi atención de la cabecera del enfermo o altere mi mente en sus silenciosas
labores, pues grandes y sagradas son las reflexiones requeridas para preservar
las vidas de Tus criaturas. ¡Dios Todopoderoso! Tú me has elegido en
Tu misericordia para velar sobre la vida y la muerte de Tus criaturas. Ahora
estoy listo para practicar mi profesión. Ayúdame en este gran deber para que
así se beneficie la humanidad, pues sin Tu ayuda ni lo más mínimo tendrá éxito". CONFESION
DEL MEDICO (11) (Maimónides)
-e/ 1165 y
1190- "No cometáis el error de creer, al
leer estos trabajos, que yo soy el indicado a quien debéis confiar el cuidado
del cuerpo y el ahna. Pongo por testigos al cielo y a la tierra de que soy
consciente de mi imperfección en la medicina, y por lo tanto renuncio a
atribuirme los méritos que me queréis otorgar. Sin embargo, de la misma manera
como me conozco a mí mismo, conozco también a mis colegas; y tengo más
confianza en mis conocimientos que en los de aquellas personas que se encuentran
en inferioridad de condiciones respecto a mí. Juro también que mi confesión no proviene
del sentimiento de humildad, como aquellas personas que se quejan de su falta de
conocimientos aún cuando se encuentran en la cima de la perfección, y siempre
pretenden ascender más y más. No. Yo sólo confieso la verdad y la digo tal
corno es". REGLAMENTACION
DE LA TITULACION Y LA
ENSEÑANZA MEDICAS (12). (Federico
II de Sicilia) -s. XIII- I Teniendo en cuenta la gran pérdida y el daño
irreparable que puede venir de la impericia de los médicos, disponemos que, en
adelante, ningún aspirante al título de médico se atreva a ejercer o a curar
a no ser que, tras haber sido aprobado por un tribunal público de maestros de
Salerno, se presente con documentos testimoniales de rectitud y de suficientes
conocimientos, tanto de los maestros como de nuestras autoridades, ante nuestra
presencia o, si estamos ausentes del reino, ante la presencia del que permanezca
en el reino en nuestra representación, y consiga de Nos o de é1 licencia para
ejercer la medicina. Los que se atrevan a ejercer desde ahora en contra de este
edicto de Nuestra Serenidad incurrirán en la pena de confiscación de bienes y
un año de cárcel. II Como no se puede saber medicina si no se
tienen antes algunos oonocimientos de lógica, disponemos que nadie estudie
medicina si previamente no ha cursado al menos tres años de lógica. Después
de este trienio comience, si lo desea, a estudiar medicina. Y del mismo modo,
que estudie cirugía, que es una parte de la medicina, a continuación del período
indicado... Transcurridos cinco años (de estudio), no ejercerá la profesión
sin haber practicado antes durante todo el año bajo el consejo de un médico
experto. Durante el quinquenio citado, los maestros explicarán en las escuelas
textos originales de Hipócrates y de Galeno, tanto de medicina teórica como práctica.
Para favorecer la salud, disponemos también que no se permita ejercer a ningún
cirujano si no presenta documentos de maestros que enseñen medicina, que
testimonien que ha estudiado al menos un año la parte de la medicina relativa a
las cuestiones quirúrgicas, y, sobre todo, que ha aprendido en las escuelas
anatomía humana y que tiene buena preparación en esta parte de la medicina,
sin la cual no se pueden realizar operaciones con provecho para el enfermo ni
curar las heridas. CAUTELAS
DE LOS MEDICOS (i3) (Arnau
de Vilanova) -s. XIII- Médico, cuando seas llamado por un
enfermo, pon tu confianza en el nombre del Señor. El Angel Custodio acompañe
interiormente el afecto de tu alma y la partida de tu cuerpo. Procura informarte
desde el principio, por medio del que fue enviado a avisarte, hasta cuándo ha
trabajado el enfermo y de qué modo le invadió la enfermedad, para que,
inquiriendo los síntomas, te certifiques, a ser posible, de la naturaleza de la
afección. Todo ésto es necesario, porque después de haber visto la materia y
la orina, así como la disposición del pulso, puede ocurrir que no conozcas la
enfermedad; pero si relatas sus síntomas al enfermo, confiará en tí como en
el autor de la salud. Por ello ha de ponerse todo el empeño en conocer los síntomas. Cuando llegues a la casa, antes de
acercarte al enfermo, entérate si ha confesado, y si no lo hizo, que se
confiese enseguida, o que te prometa confesar cuanto antes. Esto no es ningún
abuso, pues muchas enfermedades acaecen a causa de los pecados, y borradas las
manchas con lágrimas de compunción, son curadas por el Supremo Médico; según
aquello que se dice en el Evangelio: "Vete y no peques más, no vaya a
sucederte algo peor". Al entrar en la habitación del enfermo, no
muestres rostro soberbio, ni ojos ávidos, y a los que se levantan y te saludan,
tú, igualmente, con gesto humilde, devuélveles el saludo. Cuando hagan ademán
de sentarse, siéntate también, vuelto hacia el enfermo; pregúntale cómo se
encuentra y dile que saque el brazo. Lo que acabo de decir es necesario para que
en todos tus modales tengas en cuenta la categoría de los que están presentes. Y como tu fuerza vital está perturbada por
el esfuerzo del camino y la del enfermo por la alegría de tu llegada, o porque,
con avaricia, piensa ya en el precio que le has de pedir, tanto por culpa tuya
como por culpa del enfermo el pulso se hace variable e impetuoso. Cuando haya
cesado ese movimiento de los espíritus en una y otra parte, toma el pulso en el
brazo izquierdo, pues aunque también podría hacerse en el derecho, sin embargo
se percibe mejor el movimiento del corazón en el brazo izquierdo, a causa de su
proximidad. Procura que el enfermo no esté acostado sobre el lado derecho,
porque la compresión impediría el movimiento de los espíritus, y cuida de que
no tenga los dedos extendidos ni tampoco el puño apretado. Y tú, mientras con
la mano derecha oprimes con los dedos, con tu mano izquierda sostén el brazo,
porque así percibirás con mayor sensibilidad y más fácilmente los diversos y
varios movimientos del pulso, y porque el enfermo, por su debilidad, precisa el
apoyo de tu brazo. Debes considerar el pulso, por lo menos,
hasta la centésima percusión, para que puedas darte cuenta de todos los
detalles de la pulsación, y para que los circunstantes, pasada tan larga
espera, reciban con deseo tus palabras. Finalmente, ordena que traigan la orina,
que si la alteración del pulso es señal de enfermedad, la orina significa
mejor el género de la misma, y así podrás determinar y conocer la afecci6n,
no sólo por la orina, sino también por el pulso. Examina despacio la orina, observa su
color, sustancia y cantidad, así como su contenido, de cuyas variedades conocerás
las diversas clases de enfermedades, como se enseña en el tratado de las
orinas. Después, al enfermo, que está pendiente de tu boca, le prometerás la
salud. Pero cuando te apartes de él, dirás a los parientes que el enfermo ha
de padecer mucho. Pues así, si sale liberado del trance, obtendrás mayor crédito
y alabanza, y si muere, testificarán sus amigos que ya habías desesperado de
él. Una cosa te amonesto, y es que no mires con
ojo malo ni concupiscente a sierva, hija o mujer-, que no caigas en los lazos de
las mujeres. Pues tales cosas ciegan el ánimo del médico, le hacen gravoso al
enfermo y éste tiene entonces menos confianza en él. Has de ser, por
consiguiente, afable en las conversaciones, diligente y cuidadoso en las
operaciones medicinales, esperando la ayuda del Señor, y en todo te has de
conducir sin engaño. Cuando fueras invitado a comer, no te
entrometas inoportunamente, ni ocupes el primer lugar de la mesa, aunque suela
reservarse este puesto para el sacerdote y el médico. No desprecies ninguna
bebida, ni muestres enojo porque hayas de saciar tu estómago hambriento, al
modo de los rústicos, con pan de mijo, al que no estabas acostumbrado. Pues si
obras así, tu espíritu quedará tranquilo. Aún cuando tu mente estuviera ocupada por
la variedad de los manjares, procura informarte con frecuencia, por medio de
alguno de los asistentes, del estado del paciente. Pues si así lo haces el
enfermo tendrá mucha confianza en tí, pues verá que ni en medio de las
delicias puedes olvidarle. Cuando te levantes de la mesa y entres en
el cuarto del enfermo, di que has sido atendido magníficamente, de lo que el
paciente se alegrará mucho, pues habrá estado preocupado por ello. Si fuera lugar o tiempo oportuno de dar
alimento al enfermo, se lo darás tú mismo. Pero conviene que le señales el
momento oportuno de las comidas. Esto es: en las fiebres intermitentes, cuando
está en verdadera quietud; en las continuas, en el momento en que haya cierto
reposo, el cual no se encuentra hasta la declinación crítica de la fiebre. En
las intermitentes debe comer bastante antes del tiempo de la aflicción o del
proceso febril, para que cuando llegue éste se encuentre el alimento totalmente
digerido. De otro modo se enfrentaría la naturaleza con una doble lucha,
incapaz de digerir la materia inoportunamente ingerida y sin poder superar la
enfermedad enemiga. En cambio, si la fiebre comienza a
declinar, deja pasar dos horas, o por lo menos una, después de haber cesado la
acción febril, pues los miembros están fatigados por la pasada batalla contra
los ataques de aquel enemigo, y no se les debe imponer ninguna carga de
alimento, ya que después del triunfo sobre el enemigo desean reposo. (III)
MODERNIDAD DE LOS
INDIOS RECIENTEMENTE DESCUBIERTOS (14) (Francisco
de Vitoria) -1539- 19. De todo ésto se sigue esta CONCLUSION:
Que ni el pecado de infidelidad ni otros pecados mortales impiden que los bárbaros
sean verdaderos dueños o señores, tanto pública como privadamente, y no
pueden los cristianos ocuparles sus bienes por este título, corno amplia y
elegantemente enseña Cayetano en sus comentarios sobre la Secunda secundae q.66
a.8. Pero aún queda la duda de si no son dueños,
porque son idiotas o amentes. 20. Acerca de ésto hay primero que
resolver si para que uno sea capaz de dominio se requiere el uso de razón. Conrado, en el libro primero, establece la
conclusión de que el dominio conviene a la criatura irracional tanto a la
sensitiva como a la insensitiva. Y lo prueba, porque el dominio no es más que
el derecho de usar una cosa para el propio uso. Pero los brutos tienen derecho a
usar de las hierbas y de las plantas, según se dice en el Génesis: He aquí
que os he dado toda hierba que da simiente que está sobre el haz de la tierra;
y todo árbol en que hay simiente de su clase para que os sean comida a vosotros
y a todos los animales de la tierra. Además los astros tienen derecho de
iluminar, porque allí mismo se lee: Los colocó en el firmamento del cielo para
que alumbraran y presidieran durante el día y durante la noche. Y el león
tiene dominio sobre todos los animales que andan, por lo que se le llama el rey
de los animales. Y el águila es la señora de las aves, de donde el salrno 103:
La casa del águila es su guía. La misma sentencia es de Silvestre en la
palabra Dominium, al principio, donde dice que los elementos se dominan
mutuamente. Pero contesto a ésto mediante las
siguientes proposiciones: PRIMERA. Las criaturas irracionales no
pueden tener dominio. Está claro, pues dominio es derecho, como confiesa
Conrado, pero las criaturas irracionales no pueden tener derecho y, en
consecuencia, tampoco dominio. Se prueba la menor: porque no pueden padecer
injuria, luego no tienen derecho. Se prueba ésto último: porque quien
impidiera al lobo o al león la presa, o al buey el pasto, no les hace ninguna
injuria, ni se le hace al sol quien cierre la ventana para que no entre su luz. Y se corrobora. Porque si los brutos tienen
dominio, hurto cometería quien al ciervo quitara la hierba, puesto que tomaría
lo ajeno contra la voluntad de su dueño. Además, las fieras no tienen dominio
de sí mismas, luego mucho menos de las otras cosas. Se prueba. Porque es lícito
matarlas, aún por diversión; por lo que el Filósofo dice que la caza de las
fieras es justa y natural. Además, las fieras y todos los
irracionales están bajo la potestad del hombre mucho más que los siervos;
luego si los siervos nada pueden tener como suyo, mucho menos los irracionales. Y se confirma la proposición con la
autoridad de SantoTomás en la Prima secundae q.1 a.1 y 2 y q.6 a..2, y
1.3 Contra gentes c. 110, donde dice que sólo la criatura racional es
dueña de sus acciones. Porque, como él rnismo enseña en la Primera Parte,
q.82 a.1 ad.3. "uno es dueño de sus acciones cuando puede elegir ésto o
lo otro". Por ende, ni nosotros somos dueños, como él mismo dice en el
mismo lugar, del apetito del último fin. Luego si los brutos no son dueños de
sus actos, tampoco de las demás cosas. Y aunque parezca solo cuestión de nombre,
es ciertamente locución muy impropia y ajena al modo común de hablar el
atribuir dominio a los animales, pues no decimos que alguno sea dueño sino de
aquello de que puede disponer. En efecto, así hablamos: No está en mis
facultades, no está en mi potestad, cuando no soy dueño de lo que se unta. Y
como los brutos no se gobiernan a sí mismos, sino que son movidos, como nota
Santo Tomás en el lugar citado de la Prima secundae, no tienen, en
consecuencia, dominio. Y no vale lo que dice Silvestre, que a
veces dominio no significa derecho, sino simple poder, y así el fuego tiene
dominio sobre el agua. Si para el dominio bastara ésto, el facineroso tendría
dominio para matar hombres, y el ladrón para robar el dinero, pues para ello
tienen poder. En cuanto a atribuir dominio a los astros o
decir que el león es rey, se trata sólo de expresiones metafóricas y por
traslación. 21. Pero cabe la duda de si el niño puede
tener dominio antes del uso de razón. Porque parece que en nada se diferencia
de los irracionales. Y por aquello del Apóstol a los Gálatas: En tanto que el
heredero es niño no difiere del siervo. Pero el siervo no tiene dominio; luego,
etc. Véase acerca de ésto la SEGUNDA
PROPOSICION: Los niños, antes del uso de razón, pueden ser dueños. Ello es patente, porque pueden padecer
injuria; luego tienen derecho a las cosas, y, en consecuencia, dominio, que no
es otra cosa que este derecho. Además, los bienes de los pupilos tienen dueño
y, sin embargo, éste no es el tutor; luego lo es el mismo pupilo. Además, los
niños son herederos. Pero los herederos son los que suceden en el derecho del
difunto, y los que son dueños de la herencia, como se enseña en la ley Cum
haeres, de las Pandectas, y en las Instituciones. Además,
dijimos que el fundamento del dominio es ser imagen de Dios, y esa imagen también
se halla en los niños. Y también hace al caso lo que el Apóstol dice en el
lugar citado: En tanto que el heredero es niño no difiere del siervo, aunque es
señor de todo. Y, en fin, no es lo mismo que la criatura irracional; porque no
es el niño para utilidad de otro, como lo son los brutos, sino un ser de
personalidad propia e inalienable. 22. Mas, ¿qué decir de los dementes?. Me
refiero a los necios perpetuos, que ni tienen ni hay esperanza de que tengan el
uso de la razón. Establezcamos sobre ello la TERCERA PROPOSICION: Parece que
también pueden ser dueños los amentes, puesto que pueden padecer injuria;
luego tienen derechos. Acerca de si pueden o no tener dominio civil, me remito a
los jurisconsultos. 23. Sea de ésto lo que quiera, formulamos
la CUARTA PROPOSICION: Tampoco la demencia impide a los bárbaros ser verdaderos
dueños. Se prueba. Porque en realidad no son
dementes, sino que a su modo ejercen el uso de la razón. Ello es manifiesto,
porque tienen establecidas sus cosas con ciento orden. Tienen, en efecto,
ciudades, que requieren orden, y tienen instituidos matrimonios, magistrados, señores,
leyes, artesanos, mercados, todo lo cual requiere el uso de razón. Además,
tienen una especie de religión y no yerran tampoco en las cosas que para los
demás son evidentes, lo que es un indicio de uso de razón. Por otra parte, ni
Dios ni la naturaleza faltan a la mayor parte de la especie en las cosas
necesarias; pero lo principal del hombre es la razón, y sería inútil la
potencia que no se reduce al acto. Asimismo, que estarían tantos miles de años,
sin culpa suya, fuera del estado de salvación, puesto que nacen en pecado y no
han tenido bautismo, ni tendrían uso de razón para indagar lo necesario para
la salvación. Por lo que creo que el que nos parezcan tan idiotas y romos
proviene en su mayor parte de la mala y bárbara educación, pues tampoco entre
nosotros escasean rústicos poco de desemejantes de los animales. Queda, pues, firme de todo lo dicho, que
los bárbaros eran, sin duda alguna, verdaderos dueños pública y privadamente,
de igual modo que los cristianos, y que tampoco por este título pudieron ser
despojados de sus posesiones como si no fueran verdaderos dueños, tanto sus príncipes
como las personas particulares. Y grave cosa sería negarles a éstos, que nunca
nos hicieron la más leve injuria, lo que no negarnos a los sarracenos y judíos,
perpetuos enemigos de la religión cristiana, a quienes concedemos el tener
verdadero dominio de sus cosas si, por otra parte, no han ocupado tierras de
cristianos. Falta responder a los argumentos
contrarios, donde se oponía que estos bárbaros son siervos por naturaleza, por
poco capaces de gobernar aún a sí mismos. A ello se contesta que no es,
ciertamente, la mente de Aristóteles que los que tengan poco ingenio sean por
naturaleza siervos y no tengan dominio ni de sí ni de sus cosas. Esta es la
servidumbre civil y legítima que no hace a nadie siervo por naturaleza. Ni
tampoco quiere decir el Filósofo que sea lícito ocupar sus propiedades,
reducir a esclavitud y llevar al mercado a los que Natura hizo bastante
cortos y faltos de ingenio. Lo que quiere enseñar es que hay en ellos una
necesidad natural de ser regidos y gobemados por otros, siéndoles muy
provechoso el estar a otros sometidos, como los hijos necesitan estar sometidos
a los padres y la mujer al marido. Y que ésta sea la intención del Filósofo
es claro; porque del mismo modo dice que hay algunos que por naturaleza son señores,
a saber, los que abundan en capacidad intelectual. Cierto es, sin embargo, que
no entiende aquí que estos tales puedan, a título de más sabios, abrasarse el
mando de los otros, sino que han recibido de la naturaleza facultades para
mandar y gobernar. Y así, aún supuesto que estos bárbaros sean tan ineptos y
rornos como se dice, no por eso debe negárseles el tener verdadero dominio, ni
tenérselas en el número de los siervos civiles. Verdad es, no obstante, que de
esta razón y título puede nacer algún derecho para someterlos, como se dirá
después. 24. Nos queda, pues, esta CONCLUSION
cierta: Que antes de la llegada de los españoles, eran ellos verdaderos señores,
pública y privadamente. DE LAS
PERSONAS ENFERMAS (15) (Thomas
More) -1551- (10). Cuidan a los enfermos (como dije) con
gran afecto y no dejan en absoluto pasar nada por alto concerniente a la
medicina o a una buena dieta con lo que pueda devolvérselas de nuevo la salud.
(11) Confortan a los que están afectados de enfermedades incurables sentándose
a su lado, hablando con ellos y, para resumir, con toda clase de ayudas que
pueden existir. (12) Pero si la enfermedad es no sólo incurable sino llena de
continuo sufrimiento y angustia, entonces los sacerdotes y los magistrados
exhortan al hombre viendo que no es capaz de hacer ninguna función vital y que
sobreviviendo a su propia muerte es perjudicial y molesto para los demás y
pesado para sí mismo, a que se decida a no consentir más esa pestilente y
dolorosa enfermedad. (13) Y viendo que su vida no es para él más que una
tortura, que no sea reacio a morir sino que cobre buenos ánimos y se
desembarace a sí mismo de esta dolorosa vida oomo de una prisión o de un potro
de tormento, o permita de buen grado que otro le libere de ella. (14) Y le dicen
que obrando así hará sabiamente, viendo que con su muerte no perderá ningún
privilegio sino que acabará con su dolor. (15) Y puesto que en este acto seguirá
el consejo de los sacerdotes, es decir, de los intérpretes de la voluntad y
gusto divinos, le hacen ver que obrará como hombre bueno y virtuoso. (16) Los
que son así convencidos ponen fin a sus vidas voluntariamente de hambre o bien
mueren durante el sueño sin ninguna sensación de agonía. (17) Pero no obligan
a nadie a morir contra su voluntad ni dejan de usar la misma diligencia y
cuidado con él, aunque creen que ésta es una muerte honorable. (18) Por otra
parte el que se suicida antes que los sacerdotes o el consejo hayan aceptado el
motivo de su muerte, lo tiran sin enterrar a algún apestoso pantano como
indigno de ser enterrado o consumido por el fuego. ORDENANZAS
DE TOMAS LOPEZ (16) -1552- "Es tan poca la caridad de los
naturales desta dicha provincia, en socorrerse los unos a los otros en sus
necesidades y enfermedades corporales, que después de puestos en ellas, ni la
muger tiene cuidado del marido, ni el marido de la muger, ni el padre del hijo,
ni el hijo del padre, ni entre los deudos y parientes hay caridad alguna, ni
entre los demás, antes los desamparan y dejan morir. Por remedio de esto mando,
que el marido y la muger, en sus enfermedades y necesidades, se sirvan y curen a
veces, y el padre tenga cuidado de curar al hijo en sus enfermedades, y los
deudos y parientes a sus deudos. Y que para los pobres y miserables, que no
tienen quien les sirva ni de que curarse, se haga en cada pueblo una casa de
hospital con sus aparatos, conforme a la calidad y cantidad del pueblo, donde
sean puestos y curados de cada pueblo de sus enfermedades, y que para el
servicio haya un indio y india casados, etcétera. "Otrosi, mando que si la enfermedad de
los tales enfermos fuere en acrecentamiento, que los curaren y sirvieren, tengan
cuidado de avisar al cacique o a la persona que los padres religiosos de
doctrina tuvieren puesta en cada pueblo, para que envíen a llamar algún padre,
si estuviera cerca de allí, en parte que pueda venir para confesar y consolar a
los enfermos, e para que ordene su ánima y se disponga a bien morir. Y encargo
a los padres de doctrina, que porque ellos no se podrán hallar en todos los
pueblos y necesidades, que pongan y señalen en cada pueblo personas de indios más
entendidos y más expertos en la doctrina, con instrucciones que les dén para
ello, e para que ayuden a bien morir a los tales enfermos, etc. DE LOS
VICIOS Y VIRTUDES DE ESTA GENTE INDIANA (17) (Fray
Bernardino de Sahagún) -1577- VI1I. 9. El sabio es corno lumbre o hacha
grande, y espejo luciente y pulido de ambas partes, y buen dechado de los otros,
entendido y leído; también es como camino y guía para los otros. El buen sabio, como buen médico, remedia
bien las cosas y da buenos consejos y buena doctrina, con que guía y alumbra a
los demás, por ser él de confianza y de crédito, y por ser cabal y fiel en
todo; y para que se hagan bien las cosas da orden y concierto, con lo cual
satisface y contenta a todos respondiendo al deseo y esperanza de los que se
llegan a él; a todos favorece y ayuda con su saber. VIII. 10. El mal sabio es mal médico,
tonto y perdido, amigo del nombre de sabio y de vanagloria, y por ser necio es
causa de muchos males y de grandes errores, peligroso y despeñador, y engañador
o embaucador. VIII. 11. El médico suele curar y remediar
las enfermedades; el buen médico es entendido, buen conocedor de las
propiedades de las yerbas, piedras, árboles y raíces, experimentado en las
curas, el cual también tiene por oficio saber concertar los huesos, purgar,
sangrar y sajar, y dar puntos, y al fin librar de las puertas de la muerte. VIII. 12. El mal médico es burlador, y por
ser inhábil, en lugar de sanar, empeora a los enfermos con el brebaje que les
da, y aún a las veces usa hechicerías y supersticiones para dar a entender que
hace buenas curas. XIV. 8. La médica es buena conocedora de
las propiedades de yerbas, y raíces, árboles y piedras, y en conocerlas tiene
mucha experiencia, no ignorando muchos secretos de la medicina. La que es buena
médica sabe bien curar a los enfermos, y por el beneficio que les hace casi vuélvelos
de muerte a vida, haciéndoles mejorar o convalecer con las curas que hace; sabe
sangrar, dar la purga, echar medicina y untar el cuerpo, ablandar palpando lo
que parece duro en alguna parte del cuerpo, concertar los huesos, sajar y curar
bien las llagas y la gota, y el mal de ojos, y cortar la carnaza de ellos. XIV.9. La que es mala médica usa de la
hechicería supersticiosa en su oficio y tiene pacto con el demonio, y sabe dar
bebedizos con que mata a los hombres, y por no saber bien las curas, en lugar de
sanar enferma y empeora, y aún pone en peligro de la vida a los enfermos,
atando y desatando sutilmente a los cordeles, mirando en la agua, echando los
granos gordos de maíz que suele usar en su superstición, diciendo que por ello
suele conocer las enfermedades y las entiende; y para usar bien de su superstición
da a entender que de los dientes saca gusanos, y de las otras partes del cuerpo
papel, pedernal, navaja de la tierra, sacando todo lo cual, dice que sana a los
enfermos, siendo ello falsedad y superstición notoria. DE LOS
PROTOMEDICOS EXAMINADORES (18) (Recopilación
de las Leyes de España) -1640- Premática
y ley primera 1. Mandamos, que los Protomédicos, y
Alcaldes examinadores mayores, que de nosotros tuvieren poder, lo sean en todos
nuestros Reinos y Señoríos, que ahora son, o fueren de aquí adelante, para
examinar los Físicos, y cirujanos, y ensalinadores, y boticarios, y especieros,
y herbolarios, y otras personas, que en todo, o en parte usaren de estos
oficios, y en oficios a ellos, y a cada uno de ellos anexo y conexo, así
hombres, como mujeres, de cualquier ley, estado, preeminencia, y dignidad que
sean, para que si los hallaren idóneos, y pertenecientes, les den cartas de
examen, y aprobación, y licencia para que usen de los dichos oficios libre, y
desembargadamente, sin pena, ni calumnia alguna: y que los que hallaren que no
son tales para poder usar de los dichos oficios, o de alguno de ellos, los
manden, y defiendan que no usen de ellos. 2. Y porque lo que los susodichos mandaren,
prohibieron, y defendieron, sea más firme y valedero: mandamos, que pongan pena
de nuestra parte a cada uno de los que así defendieron que no usen de los
dichos oficios, o de alguno de ellos, de cada tres mil maravedis por cada vez
que el dicho defendimiento y mandamiento pasaren: de la cual dicha pena, si
alguno de los defendidos cayere en ella, es nuestra voluntad, y hacemos merced
de ella, para que sea de los dichos nuestros Alcaldes y examinadores mayores,
juntamente, si todos juntos concurrieren de ponérsela: y si alguno de ellos por
sí insolidum se la pusiere, sea para el todo. 5. Y mandamos y damos autoridad y licencia
a los dichos nuestros Alcaldes y exminadores mayores, para que conozcan de los
crímenes y excesos, y delitos que los tales Físicos y cirujanos, y
ensalmadores, y boticarios, y especieros, y las otras cualesquier personas, que
en todo, o en parte usaren oficio, a estos oficios anexo y conexo, y hicieren en
ellos, para que puedan hacer justicia en sus personas y bienes, por los tales crímenes
y delitos que en tales oficios, y en cada uno de ellos cometieron, o por las
medidas falsas que tuvieren, juzgándolo según el fuero y derecho de estos
nuestros Reinos y Señoríos, por cuanto de estos tales es nuestra merced y
voluntad, que los dichos Alcaldes juntamente, o cada uno de ellos insolidum,
sean nuestros Alcaldes y jueces mayores. ... 7. Y por cuanto estamos informados, y
sabemos cierto, que en los tiempos pasados, a causa de la flaqueza de la
justicia y governación de estos nuestros Reinos, se dieron, y se han dado
cartas de exámenes y licencias a hombres indoctos, y no suficientes para usar
de los dichos oficios: es nuestra merced y voluntad, conformándonos con el
derecho común, y con las leyes de nuestros Reinos, que examinen a todos los Físicos,
y cirujanos, y boticarios, y especieros, aunque primeramente hayan sido
examinados por otros cualesquier Alcaldes, que hayan sido de los Reyes de
gloriosa memoria, nuestros antecesores. Y es nuestra merced y voluntad, que por
el trabajo y afán que en los tales exámenes y reexaminaciones de cualquiera de
los Físicos y cirujanos pusieren, hayan, y lleven de salario, y de derecho un
marco de plata, o cinco doblas de oro, que valgan el dicho marco de plata: y de
los boticarios tres doblas de oro, y de los especieros, por las licencias que
les dieren para poner tiendas, y vender especies, una dobla de oro de lavanda,
salvo si los tales que reexaminaren, o examinaran fueren graduados en el estudio
general, que de los tales nuestra merced y voluntad es, que no lleven salario
alguno; pero es nuestra merced y voluntad, que examinen y rexaminen a los tales,
y si no los hallaren idóneos y pertenecientes para usar de los dichos oficios
algunos de ellos, que no usen de ellos, so las penas de suyo contenidas. 8. Item mandamos, que los dichos Alcaldes
mayores puedan prohibir y defender, que ninguna, ni algunas personas en estos
nuestros Reinos y Señoríos, no usen de ensalmos, ni conjuros, ni
encantamientos, so la pena, o penas que les pusieren, así corporales, como
pecuniarias, por cuanto somos certificados, que lo tal es daño de nuestras
conciencias, y del bien de la cosa pública de nuestros Reinos: y es nuestra
voluntad, que los que no fueren graduados, y han usado de los dichos oficios, o
alguno de ellos, o han puesto tiendas de boticario y especiero, sin licencia y
autoridad de Alcalde, o juez competente, en el dicho caso, que les paguen en
pena cada uno de los tales, tres mil maravedis, los cuales queremos, y es
nuestra merced, que sean para los dichos nuestros Alcaldes y examinadores
mayores, y para cualquiera de ellos, o para aquel, o aquellos que para ello su
poder hubieren, o alguno de ellos. Ley III Porque principalmente en los enfermos se ha
de tener consideración a la cura del alma, pues de ella proviene algunas veces
la corporal, y por experiencia se ve morir algunos sin confesar, por causa de no
decirlo los Médicos, y guardar lo que el Derecho Canónico manda, y por evitar
lo susodicho: mandamos, que los Médicos, y cirujanos guarden lo dispuesto por
Derecho Canónico, en advertir a los enfermos, que se confiesen, especialmente
en las enfermedades agudas, en las cuales el Médico y cirujano que las curare
sean obligados, a lo menos en la segunda visita, de amonestar al doliente, que
se confiese, so pena de diez mil maravedis para la nuestra Camara, y Fisco, por
cada vez que lo dejaren de hacer. Ley XI Porque hemos sido informados de personas
doctas, y celosas del bien común, que en estos nuestros Reinos hay mucha falta
de buenos Médicos de quien se pueda tener satisfacción, y que se puede temer
que han de faltar para las personas Reales, y aunque en vida del Rey mi señor y
padre, que tanta gloria haya, se procuró el remedio, y se hizo ley y premática
el año pasado de mil quinientos ochenta y ocho, que es la ley siete de este título,
en que se dio el orden que el Protomédico y examinadores habían de tener en el
examen de los Médicos, y cirujanos, y boticarios, por no estar suficientemente
proveído, su Majestad con el cuidado del bien público tomó a hacer otra ley,
y premática sanción, el año de mil quinientos noventa y tres, que es la ley
once de este título, en que añadió el número de Protomédicos, y dio la
orden que se había de tener en el examen de los Médicos, mandando, que fuesen
examinados por las instituciones que hizo el Doctor Mercado, y que aquellas se
aprendiesen de coro precisamente, y otras muchas cosas, que entonces pareció
convenir: y viendo que todo esto no basta, y que los sujetos de esta facultad se
van acabando, procurando saber, que sea la causa lo remitirnos a los de nuestro
Consejo, para que informados de personas peritas, procurasen el remedio, y por
ellos se mandó a las tres Universidades principales de estos mis Reinos, que
juntando en cada una de ellas la facultad de Medicina, viesen, y confiriesen, lo
que convendría hacer, y guardar de aquí adelante: y asimismo se mandó, que
los Protomédicos, y Médicos de Cámara, y los de mi Casa diesen su parecer: y
habiéndose hecho muchas Juntas, así por las Universidades, y por los Médicos
de mi Corte, se ha hallado, que las causas principales de haber falta de buenos
Médicos, ha sido el modo que nuevamente se ha tomado de algunos años a esta
parte en las lecturas de las Universidades, que es donde ha de venir el
principio del bien, o el mal, gastando el tiempo en disputas, y cuestiones
impertinentes, que no importan para el conocimiento de las enfermedades, ni sus
causas, ni para el pronóstico, y curación de ellas, y no leyendo como
antiguamente se usaba, la doctrina de Hipócrates, Galeno, y Avicena, gastando
el tiempo en dictar, y no leer in voce los propios textos originales, que
sabiéndolos los estudiantes de esta facultad, solían ser muy grandes Médicos,
y las dudas, y cuestiones se sabían brevemente, leyendo la resolución de
ellas, y la razón de dudar, sin que se escribiese y dictase toda la hora:
porque leyendo por cartapacios, leyéndolos en la Cátedra, sin otro estudio, lo
podría hacer cualquier estudiante que sepa Latín, ni que fiados en los
cartapacios los discípulos, no estén con atención, ni se les da nada de
perder las lecciones, confiados que las puedan trasladar de los cartapacios de
otros. Y la otra causa principal era el modo de los exámenes que se hacen ante
los Protornédicos, preguntándoles las instituciones de Mercado: porque por
obligarles a tomarlas de coro a la letra, y darles tan gran trabajo, dejan lo
demás, y esto se les olvidaba, y que en las dichas instituciones no había la
materia de fiebres, y pulsos, purgas, pronósticos, aforismos, lugares, afectos,
ni otros más importantes, que convienen sepan, y sean examinados en ellos. Y
después de haberse conferido, y vuelto al Consejo, y consultado conmigo, ha
parecido, que era necesario remedio en algunas cosas, y que se hiciese ley, y
premática sanción, por la cual, dejando en su fuerza, y vigor las dichas premáticas,
y no innovando en ellas cosa alguna, excepto en lo en esta contenido: Ordenamos
y mandamos las cosas siguientes, para que de hoy en adelante se guarden, y
cumplan inviolablemente. 1. Primeramente, que en las Universidades
los Catedráticos lean la doctrina de Galeno, Hipócrates, y Avicena, como se
solía hacer antiguamente, leyendo primero la letra del capítulo que se
comenzara, llevando el Catedrático el libro, y los estudiantes, para que lo
entiendan, que éste es el fundamento con el que se han de quedar y luego el
Catedrático lea las dudas y cuestiones que se ofrecieron acerca de la letra,
que sean las útiles, y que importaron para el conocimiento de la esencia de las
enfermedades, de sus causas, y señales, pronóstico, y curación, y huyan de
las cuestiones impertinentes. Porque no gasten el tiempo en balde. 2. Que los Catedráticos de Medicina que
tuvieren por constitución leer hora y media, la cumplan leyendo in voce
una hora, dando a entender la lección, y repitiéndola una, o dos veces: y en
la media hora que quedare puedan dictar, y escribir en suma lo que hubieren leído.
Y los que leyeren Cátedra de una hora, lean los tres cuartos in voce,
escribiendo como queda dicho el cuarto postrero. Y aunque esto estaba
determinado en las Universidades, por no haberse puesto pena a los
transgresores, no se ha guardado, y para que se guarde con efecto Mandamos, que
al Catedrático que no lo cumpliere así, pierda el provento. y salario, que por
aquella lección le cabía de su Cátedra: y por la segunda vez sea la pena
doblada: y si reincidiere pierda el salario de todo el año. Y el Rector de la
Universidad mande a los bedeles le den cuenta de quien no lo cumple, para que dándola
en el nuestro Consejo, le priven de la Cátedra, y le destierren de la
Universidad, y los inhabiliten para poder tener Cátedras. 3. Que por cuanto somos informados, que de
recibir los estudiantes los grados de Bachilleres, que es el importante, y con
el que se les da licencia para curar, por algunas Universidades donde no se lee,
ni hay Cátedras de Medicina, como son Irache, Santo Tomás de Avila, Osrna, y
otras Universidades semejantes, donde no se lee medicina continuamente, y con
ganar un curso en las Universidades grandes, llevando un testimonio los
graduaban y hacían Bachilleres, y con ello se iban a curar, sin tener ciencia,
ni experiencia. Mandamos, que de aquí en adelante no se pueda dar grado de
Bachiller, en ninguna Universidad, a ningún estudiante, sino fuere en las tres
Universidades principales, o en la que por lo menos haya tres Cátedras, de
Prima, y Vísperas, y la tercera de Cirugía, y Anatomía, que entrambas a dos
cosas puede el Catedrático de cirugía leer en sus tiempos: y que al grado de
Bachiller en Medicina se hallen siete Doctores, Médicos graduados, o
incorporados en la tal Universidad; y si faltaren dos, o tres Doctores, se
cumpla asistiendo Licenciados graduados en la dicha Universidad, y con ellos
haya de entrar al examen el Catedrático de Filosofía natural, que leyere los
libros de Física, siguiendo cada uno dos argumentos, y que se vote con A. y R.
secretamente, con juramento, y lo que aprobare, o reprobara la mayor parte, se
ejecute: y si fueren iguales los votos, sea en gracia, y aprobación del
graduado. 4. Que los Protomédicos no admitan a
examen en su Tribunal a ningún Bachiller en Medicina, que no trajere testimonio
del escribano de la Universidad, cómo se graduó de Bachiller, asistiendo a su
acto los examinadores dichos, y dado fe en el dicho testimonio de cómo hay en
la tal Universidad las tres Cátedras dichas, y que los Catedráticos las leen
continuamente en los meses de los cursos ordinarios. 5. Que cualquier Médico que se viniese a
examinar ante los dichos Protomédicos, traiga probados dos años de práctica,
ccxno las leyes de estos Reinos los disponen, y que la información se haga ante
la justicia del lugar donde practicó, y que no les valga el decir, que la Corte
es patria común, para que en ella se hagan las dichas informaciones, sino fuere
de los que verdaderamente hubieren practicado en ella, y que el uno de los
testigos, por lo menos, sea el Médico, o cirujano, o boticario con quien
practicó, y si fuere muerto. lo traiga por testimonio. 6. Que los Protomédicos, o examinadores
examinen a los que se vinieren a examinar, así Médicos, como cirujanos, por
las doctrinas importantes de Hipocrátes y Galeno, sin que tengan obligación de
tomar de memoria las instituciones a la letra, como hasta aquí se hacía. Y que
los Médicos sean examinados, pidiéndoles cuenta de las materias más
importantes, primero de la parte natural, y luego de las fiebres, de locis
affectis, morbo, & sinthomate, por la letra, y ejemplos
que trae Galeno, y los libros del Método, desde el séptimo libro, y
principalmente los de crisibus, de urinus, pulsibus, sanguinis missione,
& expurgatione, y de las demás que les pareciera, que todas estas
materias se leen en los cuatro años de oyentes, y se ejercitan en práctica en
los dos años, con que vendrán a ser muy buenos especulativos, y prácticos en
las materias que importan saber y no pregunten siempre una misma cosa, sino
diferentes, para obligarles, a que no sabiendo lo que se les ha de preguntar,
procuren ir prevenidos en todo. 7. Que los cirujanos se examinen, sin tener
obligación de tomar de memoria las instituciones por la doctrina de Hipócrates,
y Galeno, Guido, y otros Autores graves de la facultad, y sean obligados a
estudiar la algebia, que es parte de la cirugía, y hay en España gran falta de
algebistas, para reducir, y concertar miembros dislocados, y quebraduras de
huesos, y otras cosas tocantes a la algebia, y que no sean admitidos a examen,
ni se aprueben, sino supieren esta parte de la cirugía-, y que por lo menos
traigan probado haberla practicado con un algebista por tiempo de un año; y
toda sea un examen, sin que se les leve nuevos derechos; y el dicho año se
entienda, que lo hagan juntamente en uno de los dos años de práctica que les
obliga la cirugía, sin que sea diferente. DECLARACION
DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE Y DEL
CIUDADANO (Asamblea
Nacional Francesa) - 1789 - Los representantes del pueblo francés,
constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o
el desprecio de los derechos del hombre, son las principales causas de las
desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer
en una declaración solemne los derechos naturales, inalienables y sagrados del
hombre, para que esta declaración, constantemente presente a todos los miembros
del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; para que
los actos del poder legislativo y los del poder ejecutivo puedan en cada
instante ser comparados con el objeto de toda institución política y sean más
respetados; para que las reclamaciones de los ciudadanos, fundadas desde ahora
sobre principios simples e incontestables, tiendan siempre al mantenimiento de
la Constitución y a la felicidad de todos. En consecuencia, la Asamblea
Nacional reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo,
los siguientes derechos del hombre y del ciudadano: Artículo 1. Los hombres nacen y permanecen
libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales no pueden fundarse más
que sobre la utilidad común. Artículo 2. El objeto de toda asociación
política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del
hombre. Estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la
resistencia a la opresión. Artículo 3. El principio de toda soberanía
reside esencialmente en la nación. Ningún cuerpo ni individuo puede ejercer
autoridad que no emane expresamente de ella. Artículo 4. La libertad consiste en poder
hacer todo aquello que no dañe a otro; por tanto, el ejercicio de los derechos
naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que aseguren a los demás
miembros de la sociedad el disfrute de estos mismos derechos. Estos límites no
pueden ser determinados más que por la ley. Artículo 5. La ley no tiene el derecho de
prohibir más que las acciones nocivas a la sociedad. Todo lo que no está
prohibido por la ley no puede ser impedido, y nadie puede ser obligado a hacer
lo que ella no ordena. Artículo 6. La ley es la expresión de la
voluntad general. Todos los ciudadanos tienen derecho a contribuir
personalmente, o por medio de sus representantes, a su formación. La ley debe
ser idéntica para todos, tanto para proteger como para castigar. Siendo todos
los ciudadanos iguales ante sus ojos, son igualmente admisibles a todas las
dignidades, puestos y empleos públicos, según capacidad, y sin otra distinción
que la de sus virtudes y talentos. Artículo 7. Ningún hombre puede ser
acusado, arrestado ni detenido más que en los casos determinados por la ley y
según las formas por ella prescriptas. Los que soliciten, expidan, ejecuten o
hagan ejecutar órdenes arbitrarias, deben ser castigados, pero todo ciudadano
llamado o designado en virtud de la ley, debe obedecer en el acto: su
resistencia le hace culpable. Artículo 8. La ley no debe establecer más
que las penas estricta y evidentemente necesarias, y nadie puede ser castigado más
que en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al delito, y
legalmente aplicada. Artículo 9. Todo hombre ha de ser tenido
por inocente hasta que haya sido declarado culpable, y si se juzga indispensable
detenerle, todo rigor que no fuere necesario para asegurarse de su persona debe
ser severamente reprimido por la ley. Artículo 10. Nadie debe ser molestado por
sus opiniones, incluso religiosas, con tal de que su manifestación no altere el
orden público establecido por la ley. Anículo 11. La libre comunicación de los
pensamientos y de las opiniones es uno de los más preciosos derechos del
hombre. Todo ciudadano puede, pues, hablar, escribir, imprimir libremente, salvo
la obligación de responder del abuso de esta libertad en los casos determinados
por la ley. Artículo 12. La garantía de los derechos
del hombre y del ciudadano necesita de una fuerza pública; esta fuerza queda
instituida para el bien común y no para la utilidad particular de aquellos a
quienes está confiada. Artículo 13. Para el mantenimiento de la
fuerza pública y para los gastos de administración es indispensable una
contribución común. Esta contribución debe ser repartida por igual entre
todos los ciudadanos, en razón de sus facultades. Artículo 14. Todos los ciudadanos tienen
el derecho de comprobar por sí mismos o por sus representantes la necesidad de
la contribución pública, de consentirla libremente, de vigilar su empleo y de
determinar su cuantía, su asiento, cobro y duración. Anículo 15. La sociedad tiene derecho de
pedir cuentas a todo agente público de su administración. Artículo 16. Toda sociedad en la que la
garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de los poderes
determinada, no tiene Constitución. Artículo 17. Siendo la propiedad un
derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado de ella, si no es en los
casos en que la necesidad pública, legalmente comprobado, lo exija
evidentemente, y bajo la condición de una indemnización justa y previa. ÉTICA MÉDICA
(19) (Thornas
Percival) - 1803 - A: E.C. Percival Permíteme, mi hijo querido, ofrecerte este
pequeño Manual de Etica Médica. Durante su composición, mis pensamientos se
dirigían hacia tu difunto y excelente hermano, con el más tierno impulso de
amor paternal: Mas ni una sola de las reglas morales fue forjada sin una secreta
mirada puesta en su graduación; y un ansioso deseo de que pudiese influenciar
su conducta futura. A ti, que posees, no en menor grado, mi
estima y devoción, que prosigues los mismos estudios y con los mismos
objetivos, se transfieren naturalmente mis afanes. Y estoy persuadido de que
estas consideraciones, unidas, operarán poderosa y permanentemente sobre tu
ingeniosa mente. Es característica de un hombre sabio de
actuar de acuerdo a determinados principios; y de un hombre bueno el asegurarse
que éstos sean correspondientes a la rectitud y a la virtud. Las relaciones en
las que se encuentra un médico frente a sus pacientes, a sus hermanos y al público
son complicadas y diversas, comprendiendo gran conocimiento de la naturaleza
humana y muchas obligaciones morales. El estudio de la Etica profesional, por lo
tanto, te ayudará a vigorizar y ampliar tu entendimiento; mientras que la
observación de las obligaciones en ella implícitas, suavizarán tus modales,
engrandecerá tus sentimientos y te formará con la propiedad y dignidad de
conducta esenciales al carácter de un caballero. Las ventajas académicas
que gozaste en Cambridge y las que tienes ahora en Edinburgh, te calificarán,
confío, para una esfera de acción amplia y honorable. Y oro con devoción para
que la bendición de Dios te asista en todas tus prácticas, poniéndolas al
mismo tiempo al servicio de tu propia felicidad y al bien de tus semejantes. Consciente de que comienzo a experimentar
la presión del paso de los años, veo la presente publicación como la conclusión
de mis labores profesionales. Puedo entonces con decoro reclamar el derecho de
consagrártelas corno legado paternal. Y siento cordial satisfacción al así
testimoniar la estima y ternura con que, mientras subsista la vida, continuaré
siendo, Tu afectuoso amigo, Thomas Percival (Traducción
al castellano de Liliana Barletta) (IV)
ACTUALIDAD CODIGO
DE NUREMBERG (Tribunal
Internacional de Nuremberg) -1946- Experimentos médicos permitidos. El
gran peso de la evidencia ante nosotros demuestra que algunos tipos de
experimentos médicos en humanos, cuando se mantienen dentro de límites bien
definidos, satisfacen -generalmente- la ética de la profesión médica. Los
protagonistas de la práctica de experimentos en humanos justifican sus puntos
de vista basándose en que tales experimentos dan resultados provechosos para la
sociedad, que no pueden ser procurados mediante otros métodos de estudio. Todos
están de acuerdo, sin embargo, en que deben conservarse ciertos principios básicos
para poder satisfacer conceptos morales, éticos y legales: 1) El consentimiento voluntario del sujeto
humano es absolutamente esencial. Esto quiere decir que la persona envuelta debe
tener capacidad legal para dar su consentimiento; debe estar situada en tal
forma que le permita ejercer su libertad de escoger, sin la intervención de
cualquier otro elemento de fuerza, fraude, engaño, coacción o algún otro
factor posterior para obligar o coercer; y debe tener el suficiente conocimiento
y comprensión de los elementos de la materia envuelta para permitirle tomar una
decisión correcta. Este último elemento requiere que antes de aceptar una
decisión afirmativa del sujeto sometible al experimento debe explicársele la
naturaleza, duración y propósito del mismo, el método y las formas mediante
las cuales se conducirá, todos los inconvenientes y riesgos que pueden
presentarse, y los efectos sobre la salud o persona que pueden derivarse
posiblemente de su participación en el experimento. El deber y la responsabilidad para
determinar la calidad del consentimiento recaen sobre el individuo que inicia,
dirige, o toma parte del experimento. Es un deber personal y una responsabilidad
que no puede ser delegada a otra persona con impunidad. 2) El experimento debe realizarse con la
finalidad de obtener resultados fructíferos para el bien de la sociedad, que no
sean procurables mediante otros métodos o maneras de estudio, y no debe ser
escogido al azar ni ser naturaleza innecesaria. 3) El experimento debe ser diseñado y
basado en los resultados obtenidos mediante la experimentación previa con
animales y el pleno conocimiento de la historia natural de la enfermedad u otro
problema bajo estudio de modo que los resultados anticipados justifiquen la
realización del experimento. 4) El experimento debe ser conducido de
manera tal que evite todo sufrimiento y daño innecesario sea físico o mental. 5) Ningún experimento debe ser conducido
donde hay una razón a priori para asumir que puede ocurrir la muerte o
daño irreparable; menos, quizás, en aquellos experimentos donde los
realizadores del mismo también sirvan como sujetos de experimentación. 6) El grado del riesgo tomado no debe
exceder nunca el determinado por la importancia humanitaria del problema a ser
resuelto por el experimento. 7) Se deben proveer las precauciones
adecuadas y tener facilidades óptimas para proteger al sujeto envuelto de la más
remota posibilidad de lesión, incapacidad o muerte. 8) El experimento debe ser conducido únicamente
por personas científicamente calificadas. El grado más alto de técnica y
cuidado deben ser requeridos durante todas las etapas del experimento, bien de
quienes lo conducen así como de los que tornan parte de éste. 9) Durante el curso del experimento el
sujeto humano debe tener la libertad de poner fin a éste si ha llegado al
estado físico o mental donde la continuación del experimento le parece
imposible. 10) Durante el curso del experimento el
científico que lo realiza debe estar preparado para interrumpirlo en cualquier
momento, si tiene razones para creer -en el ejercicio de su buena fe, habilidad
técnica y juicio cuidadoso- que la continuación del experimento puede resultar
en lesión, incapacidad o muerte para el sujeto bajo experimentación. DECLARACION
UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS (Organización
de las Naciones Unidas) - 1948 - PREAMBULO CONSIDERANDO que la libertad, la justicia y
la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca
y de los derechos iguales e inalienables.de todos los miembros de la familia
humana; CONSIDERANDO que el desconocimiento y el
menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes
para la conciencia de la humanidad; y que se ha proclamado corno la aspiración
más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos,
liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la
libertad de creencia; CONSIDERANDO esencial que los derechos
humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se
vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión; CONSIDERANDO también esencial promover el
desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones; CONSIDERANDO que los pueblos de las
Naciones Unidas han reafirmado en la Carta, su fe en los derechos fundamentales
del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de
derechos de hombres y mujeres; y se han declarado resueltos a promover el
progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de
la libertad; CONSIDERANDO que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y |