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Apéndice
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DOCUMENTOS DE DEONTOLOGIA MEDICA

por Juan Carlos Tealdi

 

Introducción

La selección de documentos para esta "Introducción a la historia de la ética médica" responde a un criterio que quiere ser, a la vez, tan respetuoso de la tradición textual como inicialmente crítico de la misma. Entendiendo que, la posibilidad de desarrollar una "verdadera historia", se alcanza cuando puede desbordarse críticamente el material histórico con el que se trabaja. Por ello, presento por un lado documentos que aparecen en la mayor parte de las recopilaciones sobre ética médica que se conocen. Pero, en cualquier caso, introduzco otros que apuntan al logro de una perspectiva diferente para la visión de los primeros.

Conviene aclarar, de todos modos, que el agrupamiento en cuatro grandes "períodos" resulta especialmente problemático cuando, bajo el título "Modernidad", nos extendemos desde el descubrimiento de América hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Y esto porque la Revolución Francesa y los grandes cambios que le siguen, que en el terreno de la ética médica abren paso a la "etapa de los códigos modernos", resulta quizás suficientemente fuerte como para justificar la introducción de un nuevo período. Pero creo que es preferible, en todo caso, hablar de modernidad "baja" y "alta" o "inicial" y "contemporánea", con tal de preservar la noción general de "período" entendido como delimitación de un tiempo en el que podemos observar no sólo un "conflicto de tendencias" sino también el desarrollo de una "síntesis" del mismo. Así, entre otras aproximaciones, la "Antigüedad' podrá verse desde un punto de partida donde, la coherencia que los textos mesopotámicos muestran del poder civil divinizado de Hammurabi o la invocación cercana a dios de Mursili II, se quiebra con la aparición del "Juramento Hipocrático" en tanto éste deja de lado los "mandamientos" para establecer las normas de una moral "profesional". No obstante ello, la influencia de los textos judeocristianos perdurará, aún cuando "Los consejos de Esculapio" nos dejan ver la consolidación definitiva que el estoicismo romano dará a la primera moral médica "corporativa".

Durante el "Medioevo' me interesó ilustrar cómo el pensamiento judío y cristiano "profesionalizado" que se rescata en las concepciones de Asaph, San Isidoro y Maimónides, a las que cabe agregar fuera de texto el pensamiento moral de la medicina árabe, ofrecen un espacio de convivencia pero también de polémica doctrinaria, que quedará cerrado con el advenimiento de las nuevas monarquías cristianas cuyo ejemplo mayor será la española de los Reyes Católicos, para mostrar una "segunda moral médica corporativa" desarrollada en el seno de los nuevos gremios renacentistas.

El tercer punto de inflexión será resultado del conflicto más importante que para nosotros, por cercanía, se produce en el terreno conceptual. La "Modernidad" puede entenderse, así, como disociación entre la España feudal, conservadora y paternalista, frente al desarrollo liberal e individualista del pensamiento anglosajón. El descubrimiento de América nos muestra el nacimiento del Derecho Internacional con Francisco de Vitoria, de una verdadera Antropología Cultural en los textos de Sahagún, pero también y paralelamente una situación en la que, mientras Tomás López debía ejercer desde sus ordenanzas el poder de un padre omnipotente que vela por sus "pobres e ignorantes" hijos, Thomas More imaginaba una moral utópica que Percival comenzaría a consolidar doscientos cincuenta años después,

A partir de entonces la moral médica no deja de crecer en el sentido de una primacía de la "autonomía" frente a la beneficencia o el "paternalismo". Y la Segunda Guerra Mundial abrirá paso, finalmente, a una nueva etapa en la que estamos inmersos, donde el "hombre" y la "vida" vuelven a reclamar el auxilio de. la ética. La "Bioética" surgirá, aquí, como nueva disciplina para compilar en la letra la palabra que, entre tantos otros hombres, el médico proclamará ante el espanto, la imprudencia y el desconcierto de nuestro siglo, desde la materialidad textual de su propia historia.

 

(I) ANTIGUEDAD

CÓDIGO DE HAMMURABI

-h. 1753 a.C.-

 

Artículos sobre la profesión médica

...

215. Si un médico ha llevado a cabo una operación de importancia en un señor con una lanceta de bronce y ha curado a ese señor o (si) ha abierto la cuenca del ojo de un señor con la lanceta de bronce y ha curado el ojo de ese señor, recibirá diez siclos de plata.

 

216. Si es (practicada en) un hijo de un subalterno, recibirá cinco siclos de plata.

217. Si es (practicada en) un esclavo de un señor, el propietario del esclavo dará dos siclos de

plata al médico.

 

218. Si un médico ha llevado a cabo una operación de importancia en un señor con una lanceta de bronce y ha causado la muerte de ese señor o (si) ha abierto la cuenca del ojo de un señor con la lanceta de bronce y ha destruido el ojo de ese señor, se le amputará la mano.

 

219. Si un médico ha llevado a cabo una operación de importancia en el esclavo de un subalterno con una lanceta y le ha causado la muerte, entregará esclavo por esclavo.

 

220. Si ha abierto la cuenca de su ojo con una lanceta de bronce y ha destruido su ojo pesará plata por la mitad de su precio.

 

221. Si un médico ha compuesto el hueso de un señor o le ha curado un músculo enfermo, el paciente dará al médico cinco siclos de plata.

 

222. Si es a un hijo de subalterno le dará tres siclos de plata.

223. Si es a un esclavo de un particular el propietario del esclavo dará al médico dos siclos de

plata.

 

 

PLEGARIA DE MURSILI II POR LA PESTE (2)

-h. 1330 a.C.-

 

¡Dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, y vosotros, dioses de Hatti, mis señores, Mursili, el gran rey, vuestro siervo, me envía! Ve y dile al dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, y a los dioses, mis señores, lo siguiente:

¿Qué es lo que habéis hecho?. Habéis dejado entrar una plaga en el país. El país de Hatti se ve cruelmente afligido por la plaga. Desde hace veinte años han ido muriendo hombres en los días de mi padre, en los días de mi hermano y en los míos propios, desde que llegué a ser sacerdote de los dioses. Cuando los hombres están muriendo en el país de Hatti y la plaga no ha desaparecido de ningún modo del país de Hatti, yo no puedo sufrir más la agonía de mi corazón y no puedo sufrir más la angustia de mi alma.

Cuando celebré fiestas, reverencié a todos los dioses; no preferí un templo a otro. La cuestión de la plaga la he incluido en mis plegarias ante todos los dioses, haciéndoles voto: "Oídme, mis dioses, mis señores: ¡Arrojad la plaga fuera del país de Hatti!. La razón por la que el pueblo está muriendo en el país de Hatti, o bien determinadla por un agüero, o bien haced que yo la vea en un sueño, o bien que la declare un profeta".

Pero los dioses no me prestan oídos y la plaga no amaina en el país de Hatti. El país de Hatti se ve cruelmente afligido.

Las pocas personas que siguen ofreciendo pan grueso y libaciones están muriendo también. La situación me abruma. Así que hice la ira de los dioses el motivo de un oráculo. Aprendí de dos antiguas tablillas: la primera tablilla trataba de las ofrendas al río Mala. Los antiguos reyes habían consagrado regularmente ofrendas al río Mala. Pero ahora una plaga se desencadena en el país de Hatti desde los días de mi padre, y no hemos consagrado ofrendas al río Mala.

La segunda tablilla se refería a Kurustama. Cuando el dios de la Tempestad de Hatti había enviado al pueblo de Kurustama al país de Egipto y había concertado un tratado entre ellos y los de Hatti, de modo que se hallaban sometidos por juramento al dios de la Tempestad de Hatti, aunque los de Hatti, así como los egipcios se hallaban sometidos por juramento al dios de la Tempestad de Hatti, los de Hatti ignoraron sus obligaciones; los de Hatti rompieron muy pronto el juramento de los dioses. Mi padre envió soldados de a pie y conductores de carro que atacaron el país de Amka, territorio egipcio. De nuevo envió tropas y de nuevo los atacó. Cuando los egipcios se espantaron, solicitaron a mi padre uno de sus hijos para el reino. Pero cuando mi padre les envió uno de sus hijos, lo mataron y lo llevaron allí. Mi padre se encolerizó, emprendió guerra contra Egipto y atacó Egipto. Aniquiló a los soldados de a pie y a los conductores de carros del país de Egipto. El dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, permitió entonces por su decisión que mi padre triunfara. Y venció y subyugó a los soldados de a pie y a los conductores de carro del país de Egipto. Pero cuando traían al país de Hatti los prisioneros que habían capturado, se declaró la plaga entre los prisioneros y comenzaron a morir.

Cuando trasladaron a los prisioneros al país de Hatti, estos prisioneros trajeron la plaga al país de Hatti. Desde ese día, el pueblo muere en el país de Hatti. Ahora, cuando he encontrado esta tablilla que trata del país de Egipto, he hecho de ella el motivo de un oráculo del dios: "Los pactos que se hicieron por el dios de la Tempestad de Hatti, a saber, que los egipcios y los de Hatti se hallaban sometidos por igual juramento al dios de la Tempestad de Hatti, que las esfinges estarían presentes en el templo del dios de la Ternpestad de Hatti y que los de Hatti rompieron enseguida su palabra, ¿han sido quizá la causa de la ira del dios de la Tempestad de Hatti, mi señor?", y así se determinó.

Con motivo de la plaga, le consagramos ofrenda al río Mala, motivo también de un oráculo. También en este asunto se determinó que debía responder por mí mismo ante el dios de la Tempestad de Hatti.

¡Ved, pues! He admitido mi culpa ante el dios de la Tempestad: "Así es, lo hemos hecho". Tengo por cierto que la ofensa no se cometió en mis días, sino que se cometió en los días de mi padre (... ). Pero, puesto que el dios de la tempestad de Hatti está encolerizado por esta razón y el pueblo está muriendo en el país de Hatti, he consagrado las ofrendas al dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, por este motivo.

¡Puesto que me humillo y clamo piedad, óyeme, dios de la Tempestad de Hatti, mi señor! ¡Que la plaga cese en el país de Hatti!.

Las causas de la plaga, que se habían determinado cuando hice a la cuestión motivo de una serie de oráculos, las he obviado. He hecho una amplia restitución. Sobre la cuestión del juramento que se había determinado en relación con la plaga, he consagrado ofrendas por estos juramentos al dios de la Tempestad de Hatti, mi señor. También se las he consagrado a otros dioses. Las ofrendas te han sido consagradas, dios de la Tempestad de Hatti. Las ofrendas les han sido consagradas también a ellos. En cuanto a las ofrendas al río Mala que se determinaron en relación con la plaga, mira, me hallo ahora ante el río Mala. ¡Exímeme de esta ofrenda al río Mala, dios de la Tempestad de Hatti, y vosotros, dioses, mis señores! Prometo hacer la ofrenda al río Mala, prometo completarla de forma apropiada. En cuanto a la razón por la que la hago, dioses, mis señores, tened piedad de mí, y que la plaga amaine en el país de Hatti.

Dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, y vosotros, dioses, mis señores. Así sucede: que se peca. Mi padre pecó y transgredió la palabra del dios de la Tempestad de Hatti, mi señor. Pero yo no he pecado en modo alguno. Pero así sucede: que el pecado del padre cae sobre el hijo. Así, el pecado de mi padre ha caído sobre mí. Ahora he confesado ante el dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, y ante los dioses, mis señores: 'Es verdad, lo hemos hecho". Y puesto que he confesado el pecado de mi padre, que el alma del dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, y la de los dioses, mis señores, se apacigüe. ¡Apiadaos de mí y apartad la plaga del país de Hatti! ¡No permitáis que mueran los pocos que aún siguen ofreciendo pan grueso y libaciones!

¡Ved! He remitido la cuestión de la plaga ante el dios de la Tempestad de Hatti. ¡Oyeme, dios de la tempestad de Hatti, y salva mi vida! Tengo que recordarte una cosa: el pájaro busca refugio en la jaula, y la jaula salva su vida. Más aún, si algo abruma a un siervo, él presenta su alegato ante su señor. Su señor lo oye y se apiada de él. Sea lo que fuere lo que lo abruma, lo arregla. Es más: si el siervo incurre en una falta, pero confiesa su falta a su "flor, su señor puede hacer con él lo que le plazca. Pero, puesto que ha confesado su falta a su señor, el alma de su señor se aplaca y el señor no castiga a este siervo. Yo he confesado ahora el pecado de mi padre; así sucede, lo he hecho. Si tiene que haber restitución, parece claro que con todos los dones que he concedido ya a causa de esta plaga, con todos los prisioneros que he devuelto a su hogar, en resumen, con toda la restitución que ha hecho Hattusas a causa de la plaga, ha hecho su restitución veinte veces. Y aún el alma del dios de la Tempestad, mi señor, y la de los demás dioses, mis señores, no se ha aplacado. Pero si pedís de mí alguna restitución más, decídmelo en un sueño y os lo proporcionaré.

¡Mira! Te estoy suplicando, dios de la Tempestad de Hatti, mi señor. ¡Salva mi vida! Si es por las razones que he dicho por las que el pueblo está muriendo, tan pronto como las arregle, que los que aún están en disposición de ofrecer pan grueso y libación no sigan muriendo. Si, por otra parte, el pueblo está muriendo por alguna otra razón, que yo lo vea en un sueño, que lo encuentre por un oráculo o que un profeta lo declare, o que todos los sacerdotes hallen por incubación todo lo que les sugiero.

Dios de la Tempestad de Hatti, ¡salva mi vida! ¡Que los dioses, mis señores, prueben su divino poder! ¡Que alguien lo vea en un sueño! ¡Cualquiera que sea la razón por la que el pueblo está muriendo, que se encuentre! (... )

Dios de la Tempestad de Hatti, mi señor, ¡salva mi vida! ¡Que amaine la plaga en el país de Hatti!

 

 

 

CORPUS HIPPOCRATICUM (3)

EL JURAMENTO HIPOCRATICO

- h. 400 a.C -

 

Juro por Apolo médico, por Asclepio y por Higía, por Panacea y por todos los dioses y diosas, tomándolos por testigos, que cumpliré, en la medida de mis posibilidades y mi criterio, el juramento y compromiso siguientes:

Considerar a mi maestro en medicina como si fuera mi padre; compartir con é1 mis bienes y, si llega el caso. ayudarle en sus necesidades; tener a sus hijos por hermanos míos y enseñarles este Arte, si quieren aprenderlo, sin gratificación ni compromiso; hacer a mis hijos partícipes de los preceptos, enseñanzas y demás doctrinas, así como a los de mi maestro, y a los discípulos comprometidos y que han prestado juramento según la ley médica, pero a nadie más.

Dirigiré la dieta con los ojos puestos en la recuperación de los pacientes, en la medida de mis fuerzas y de mi juicio, y les evitaré de toda maldad y daño.

No administraré a nadie un fármaco mortal, aunque me lo pida, ni tomaré la iniciativa de una sugerencia de este tipo. Asimismo, no recetaré a una mujer un pesario abortivo; sino, por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura.

No operaré (castrar) ni siquiera a los pacientes enfermos de cálculos, sino que los dejaré en manos de quienes se ocupan de estas prácticas.

Al visitar una casa, entraré en ella para bien de los enfermos, manteniéndome al margen de daños voluntarios y de actos perversos, en especial de todo intento de seducir a mujeres o muchachos, ya sean libres o esclavos.

Callaré todo cuanto vea u oiga, dentro o fuera de mi actuación profesional, que se refiera a la intimidad humana y no deba divulgarse, convencido de que tales cosas deben mantenerse en secreto.

Si cumplo este juramento sin faltar a él, que se me conceda gozar de la vida y de mi actividad profesional rodeado de la consideración de todos los hombres hasta el final de los tiempos, pero si lo violo y juro en falso, que me ocurra todo lo contrario.

 

SOBRE EL MEDICO

-h. 1 a.m. s.III a.C-

El prestigio del médico exige de él que tenga buen color y un aspecto sano acorde con su propia naturaleza. Pues el común de la gente opina que los que carecen de esa condición física no pueden tratar convenientemente a los demás. En segundo lugar, que presente un aspecto aseado, vaya bien vestido y se perfume con ungüentos olorosos, con un perfume que no sea en modo alguno sospechoso. Esto, en verdad, complace mucho a los enfermos.

Por otra parte, el discreto debe atender, en el aspecto moral, a las siguientes actitudes: no sólo ser reservada, sino llevar una vida morigerada, pues ello contribuye mucho a su prestigio. Ser, además, un perfecto caballero en su comportamiento, y, por ende, mostrarse grave y afable con todo el mundo. Pues la ligereza y la precipitación, aunque a veces pueden resultar útiles, suelen provocar el menosprecio. Debe procurar, además, tener libertad de acción, pues cuando las mismas cosas se ofrecen raramente a las mismas personas, suele producirse una reacción favorable.

En lo que concierne al semblante, que su rostro muestre seriedad, aunque no un aire desabrido, pues este gesto suele interpretarse como arrogancia y descortesía. En cambio, el que es propenso a la risa y a mostrar excesiva hilaridad suele ser juzgado como un hombre vulgar. Y ese defecto debe evitarse al máximo.

En todo trato, debe mostrarse leal, pues la lealtad puede ser un gran aliado. Es grande la intimidad entre médico y paciente; y, en efecto, éste se le confía ciegamente, en tanto que aquél tiene constante relación con mujeres y doncellas, y con objetos de mucho valor, por tanto, debe comportarse en todos estos casos con un gran control de sí mismo.

Tales deben ser, en resumen, sus cualidades físicas y morales.

 

 

HONRA AL MEDICO (4)

(Antiguo Testamento)

-h. 200 a.C.-

 

Honra al médico por cuanto tienes necesidad de él; pues a él también lo instituyó Dios.

De Dios procede la habilidad del médico,

y del rey recibe obsequios.

La ciencia del médico le eleva,

y se mantiene delante de los nobles.

Dios ha sacado de la tierra los remedios

y un hombre inteligente no los rechazará.

¿No se endulzaron las aguas por un madero

para dar a conocer a todo hombre su potencia?

Y Él ha dado al hombre el conocimiento

para que se glorifique en sus poderosos obras.

Con ellas el médico aplaca el dolor;

asimismo, el boticario prepara sus drogas;

de suerte que la obra de É1 no termina,

ni el sano vivir desaparece de la faz de la tierra.

Hijo, en la enfermedad no te impacientes;

pero ruega a Dios, que Él te curará.

Aléjate de la falta y de la parcialidad,

y de todo pecado limpia el corazón,

Ofrece el incienso y la oblación con el memorial,

y haz sacrificios tan pingües como lo permita tu fortuna.

Mas da también lugar al médico

y no se aparte de ti,

pues también él te es necesario.

Hay un tiempo en que el éxito está en sus manos,

pues también él rogará a Dios,

para que le conceda lograr el examen del enfermo

y el remedio para su restablecimiento.

¡Quien peca ante su Hacedor

sea abandonado a manos de médicos!

 

JURAMENTO DE INICIACION (5)

(Caraka Samhita)

- ¿Siglo I d.C.? -

El maestro debe entonces instruir al discípulo ante la presencia del fuego sagrado, Brahmanas (Brahmins) y los médicos.

(adagio) "Vivirás la vida de un célibe, dejarás crecer tu cabello y tu barba, hablarás

sólo la verdad, no comerás carne, comerás únicamente comida pura, estarás libre de envidia y no portarás armas.

No habrá nada que tú no hagas ante mi requerimiento, a excepción de odiar al rey,

causar la muerte de otro, o cometer un tremendo acto de injusticia o actos que provoquen calamidad.

Dedicarás tu vida a mí y me verás corno a tu jefe. Estarás sujeto a mí y por siempre actuarás en pos de mi bienestar y placer. Servirás y vivirás conmigo como un hijo o un esclavo o un suplicante. Te comportarás y actuarás sin arrogancia, con cuidado y atención, y mente ajena, humildad, reflexión constante y obediencia silente. Al actuar, por orden mía o por otra razón, lo harás para conseguir los propósitos de tu maestro solamente, ejercitando lo mejor de tus habilidades.

Si deseas para tí el éxito, la fortuna y la fama como médico y el cielo después de muerto, deberás orar por el bienestar de todas las criaturas comenzando por las vacas y Brahrnanas.

Noche y día, cualquiera sea la forma en que te veas comprometido, te esforzarás por aliviar al paciente con todo tu corazón y con toda tu alma. No desertarás o lastimarás al paciente en nombre de tu vida o tu pasar. No cometerás adulterio, ni con el pensamiento. Más aún, no codiciarás lo ajeno. Deberás ser modesto en tu atuendo y apariencia. No serás un ebrio o un hombre pecador ni deberás asociarte con instigadores de crímenes. Hablarás con palabras gentiles, puras y correctas, placenteras, valiosas, verdaderas, sanas y moderadas. Tu comportamiento debe ser acorde al tiempo y al lugar, y atento a la experiencia pasada. Actuarás siempre con vistas a la adquisición de conocimiento y la plenitud de habilidad.

Ninguna persona, que sea odiada por el rey o que aborrezca al rey, o que sea aborrecida por el público o que odie al público, recibirá tratamiento. Igualmente, aquellos que sean extremadamente anormales, malvados, y de conducta y carácter miserables, aquellos que no hubiesen reivindicado su honor, aquellos que estén a punto de morir, lo mismo que las mujeres desatendidas por sus maridos o guardianes, no recibirán tratamiento.

No aceptarás ofrendas de mujer alguna que no haya sido autorizada por su marido o guardián. Al entrar a la casa de un paciente, lo harás acompañado de un hombre conocido por éste y que tenga su permiso para entrar bien vestido, con la cabeza inclinada, seguro de tí mismo, accederás solamente luego de repetidas consideraciones. Harás, de esta manera, tu entrada apropiadamente. Una vez en el interior, tu discurso, tu mente, tu intelecto y tus sentidos se abocarán a ningún otro pensamiento más que al de ser útil al paciente y a las cosas relacionadas a ello. Las costumbres hogareñas del paciente no deberán hacerse públicas. Aún sabiendo que el tiempo de vida del paciente es corto, no lo mencionarás allí, pues de hacerlo causarás conmoción al paciente o a otros. Aunque poseedor del conocimiento, uno no debe alardear demasiado de ello. La mayoría de la gente se ofende aún ante la jactancia de aquellos que en otras ocasiones son buenos y con autoridad.

No hay límite para la Ciencia de la Vida, la Medicina. Por eso, debes aplicarte a ella con diligencia. Así debes actuar. También debes aprender de otro la habilidad de la práctica sin criticar. El mundo entero es el maestro, para los inteligentes, y el enemigo, para los no inteligentes. Sabiendo esto bien, escucharás y actuarás de acuerdo a las palabras instructivas aún de alguien poco amistoso, cuando sus palabras sean valiosas y de la clase que te brindarán fama, larga vida, fuerza y prosperidad".

Después el maestro debe decir: 'Te conducirás con propiedad ante los dioses, el fuego sagrado, Brahmanas, el guru, los ancianos, los sabios y los preceptores. Si te has conducido bien con ellos, te serán favorables las piedras preciosas, los granos y los dioses. Si actúas de otro modo, se volverán contra tí". Al maestro que así ha hablado, el discípulo debe responder "Amén". (Traducción castellana de Liliana Barletta)

 

 

 

PURIFICACION DEL LEPROSO (6)

("La Misná")

-Compilada h. s. II-

 

1. ¿De qué manera se hacía la purificación del leproso? (El leproso) traía un cuenco nuevo de arcilla, vertía, en su interior, un cuarto de log de agua de manantial y traía dos pájaros que habían estado viviendo hasta entonces en libertad. (El sacerdote) inmolaba uno de ellos sobre el cuenco de arcilla y sobre el agua de manantial, cavaba una hoya y lo enterraba allí. Cogía luego madera de cedro, hisopo y lana carmesí de púrpura, los envolvía luego con los extremos sobrantes de la tira (de lana); acercaba después a ellos los extremos de las alas y la punta de la cola del segundo pájaro, los inmergía y asperjaba siete veces el dorso de la mano del leproso. Según otros, (asperjaba siete veces) su frente. De igual modo asperjaba desde fuera el dintel de la casa.

2. Luego se iba a soltar el pájaro vivo, sin que volviera su rostro hacia el mar, o hacia la ciudad, o hacia el desierto, ya que está escrito: el ave viva la soltará en el campo, fuera de la ciudad. Luego volvía para cortar la cabellera del leproso. Después él pasaba la navaja por toda su piel, lavaba sus ropas y se inimergía. Entonces quedaba sin que contaminase entrando en la casa, pero sí contaminaba como un reptil. Podía entrar dentro del muro de la ciudad, pero debía pennanecer todavía siete días fuera de casa y le estaba prohibida la unión sexual.

3. A los siete días se le cortaba de nuevo el cabello como la primera vez, lavaba sus ropas y se inmergía. Entonces quedaba puro, sin que contaminase corno un reptil, aunque era como quien había hecho la inmersión en el mismo día. Podía comer (del segundo) diezmo. Una vez puesto el sol podía comer de la ofrenda. Una vez ofrecido su sacrificio de expiación podía comer de las cosas santas. Resultaba, pues, que se daban tres grados de purificación en el que había sido leproso y tres grados de purificación asimismo en la mujer que había dado a luz.

4. Tres tipos de personas han de cortarse el pelo, y ese corte de pelo es una obligación religiosa: el nazir, el leproso y el levita. Cualquiera de éstos que no cortara el pelo con navaja o que dejara simplemente dos pelos no cumplía con su obligación.

5. Respecto a las aves (del sacrificio), estaba ordenado que fueran iguales en apariencia, en tamaño y en precio, y que hubieran sido compradas simultáneamente. Pero aunque no eran iguales son válidas. Si compró una un día y otra al día siguiente, son válidas. Si inmoló una de ellas y resulta que es un ave que no ha estado viviendo en libertad, se adquiere otra pareja para la segunda ave. La primera entonces queda permitida para comida. Si la inmoló y resulta ser un ave despedazada, se adquiere otra pareja para la segunda ave. La primera entonces queda permitida para sacar provecho de ella. Si la sangre (de la primera ave) ha sido derramada, ha de morir el ave que había de ser dejada libre. Pero si muere el ave que había de ser dejada en libertad, ha de ser derramada la sangre (de la otra ave).

6. El precepto respecto a la madera de cedro es que ésta tenga una longitud de un codo y que su grosor sea el cuarto de la anchura del pie de una cama, es decir, como si se dividiera (un pie) en dos partes y las dos partes en cuatro. El precepto respecto al hisopo es que no sea un hisopo griego, ni un hisopo azulado, ni un hisopo romano, ni un hisopo del desierto, ni un hisopo que tenga algún nombre adicional.

7. El día octavo traía tres animales; un sacrificio expiatorio, un sacrificio por la culpa y un holocausto. El pobre, en cambio, traía un ave como sacrificio expiatorio y otra ave como holocausto.

8. Se acercaba junto al sacrificio por la culpa e imponía sus manos sobre la víctima. (El sacerdote o un israelita) lo inmolaba y dos sacerdotes recogían su sangre, uno en un cuenco y el otro en la mano. El que la recibía en el cuenco iba y la asperjaba sobre la pared del altar. El que la recibía en la mano se iba junto al leproso. El leproso hacía la inmersión en (la piscina) de la estancia de los leprosos, se venía y permanecía en pie en la puerta de Nicanor. R. Yehudá afirma que no necesitaba hacer ningún baño de inmersión.

9. (El leproso) introducía su cabeza (dentro del atrio del templo) y el sacerdote ponía (un poco de sangre) en la ternilla de su oreja, después introducía la mano y el sacerdote le untaba el pulgar, introducía el pie y le untaba el dedo gordo del pie. R. Yehudá dice que introducía lo tres miembros simultáneamente. Si carecía de pulgar o de dedo gordo en el pie o de oreja derecha, no podía volver a ser puro. R. Eliezer, en cambio, afirma que se debía untar las partes correspondientes (del cuerpo). R. Simeón sostiene que, si se untaban los miembros de la parte izquierda, se cumplía con la obligación.

10. (El sacerdote) cogía el cuarto de log de aceite y lo vertía en la mano de otro (sacerdote). Pero si lo vertía en su propia mano cumplía con el precepto. Inmergía (su dedo en el aceite) y asperjaba siete veces en dirección al Santísimo, inmergiendo (el dedo) en cada una de las aspersiones. Luego se iba junto al leproso y en los lugares donde había puesto sangre ponía aceite, porque está escrito: en el lugar donde había untado con la sangre de la víctima. El resto del aceite que quede en la mano del sacerdote lo derramará sobre la cabeza del purificado para que sirva de expiación. Si lo ha derramado, ha expiado; si no lo ha derramado, no ha expiado. Esto es enseñanza de R. Aquiba. R. Yojanán ben Nurí dice: esto no es más que un resto del precepto, de ahí que ya se derrame o no se derrame, ha expiado; pero se le computa como si no hubiera expiado. Si el log es incompleto antes de ser derramado, puede ser completado; después de ser derramado, ha de ser ofrecido otro de nuevo. Tal es la opinión de R. Aquiba. R. Simeón enseña que si el log es hallado defectivo antes de untar con él (los miembros del leproso), ha de ser completado; en caso de ser hallado defectivo después de haber realizado la unción, ha de ser traído otro de nuevo.

11. Si un leproso ofreció su sacrificio como pobre y en el entretanto se ha hecho rico, o como rico y en el entretanto se ha hecho pobre, todo se regula por el sacrificio expiatorio. Esta es la opinión de R. Simeón. R. Yehudá, en cambio, afirma que se ha de regular todo según el sacrificio de la culpa.

12. Si un leproso pobre ofrece un sacrificio de rico, cumple con su obligación. Sin embargo, si un leproso rico ofrece un sacrificio de pobre, no cumple con su obligación. Un hombre puede ofrecer un sacrificio de pobre por su hijo o por su hija, o por su siervo o por su sierva, y posibilitarles de ese modo comer de los sacrificios de animales. R. Yehudá dice que debe ofrecer un sacrificio de rico por su mujer y de igual modo por todo sacrificio a la que ella estuviera obligada.

13. Si los sacrificios de dos leprosos se entremezclan y uno de ellos ha ofrecido un sacrificio, que es el de uno de los dos, y el otro muere, es sobre ésto sobre lo que consultó la gente de Alejandría a R. Josué. El les dijo: ha de asignar sus bienes a otra persona y ofrece un sacrificio de pobre.

 

 

LOS CONSEJOS DE ESCULAPIO (7)

-¿S. II?-

"¿Quieres ser médico, hijo mío?. Aspiración es ésta de un alma generosa,de un espíritu ávido de ciencia. ¿Deseas que los hombres te tengan por un Dios que alivia sus males y ahuyenta de ellos el espanto?

¿Has pensado bien en lo que que ha de ser tu vida? Tendrás que renunciar a la vida privada; mientras la mayoría de los ciudadanos pueden, terminada su tarea, aislarse lejos de los importunos, tu puerta quedará siempre abierta a todos; a toda hora del día o de la noche vendrán a turbar tu descanso, tus placeres, tu meditación; ya no tendrás horas que dedicar a tu familia, a la amistad o al estudio; ya no te pertenecerás.

Los pobres, acostumbrados a padecer, no te llamarán sino en caso de urgencia; pero los ricos te tratarán como a un esclavo encargado de remediar sus excesos: sea porque tengan una indigestión, sea porque están acatarrados; harán que te despierten a toda prisa tan pronto como sientan la menor inquietud, pues estiman en muchísimo su persona. Habrás de mostrar interés por los detalles más vulgares de su existencia, decidir si han de comer ternera o cordero, si han de andar de tal o cual modo cuando se pasean. No podrás ir al teatro, ni estar enfermo; tendrás que estar siempre listo para acudir tan pronto corno te llame tu amo.

Eras severo en la elección de tus amigos; buscabas la sociedad de los hombres de talento, de artistas, de almas delicadas: en adelante, no podrás desechar a los fastidiosos, a los escasos de inteligencia, a los despreciables. El malhechor tendrá tanto derecho a tu asistencia como el hombre honrado: prolongarás vidas nefastas, y el secreto de tu profesión te prohibirá impedir crímenes de los que serás testigo.

Tienes fe en tu trabajo para conquistarte una reputación: ten presente que te juzgarán, no por tu ciencia, sino por las casualidades del destino, por el corte de tu capa, por la apariencia de tu casa, por el número de tus criados, por la atención que dediques a las charlas y a los gustos de tu clientela. Los habrá que desconfiarán de ti si no gastas barba, otros, si no vienes de Asia; otros, si crees en los dioses; otros, si no crees en ellos.

Te gusta la sencillez; habrás de adoptar la actitud de un augur. Eres activo, sabes lo que vale el tiempo: no habrás de manifestar fastidio ni impaciencia; tendrás que soportar relatos que arranquen del principio de los tiempos para explicarte un cólico; ociosos te consultarán por el solo placer de charlar. Serás el vertedero de sus nimias vanidades.

Sientes pasión por la verdad, ya no podrás decirla. Tendrás que ocultar a algunos la gravedad de su mal; a otros su insignificancia, pues les molestaría. Habrás de ocultar secretos que posees, consentir en parecer burlado, ignorante, cómplice.

Aunque la Medicina es una ciencia oscura, a la cual los esfuerzos de sus fieles va iluminando de siglo en siglo, no te será permitido dudar nunca, so pena de perder todo crédito. Si no afirmas que conoces la naturaleza de la enfermedad, que posees un remedio infalible para curarla, el vulgo irá a charlatanes que venden la mentira que necesita.

No cuentes con agradecimiento: cuando el enfermo sana, la curación es debida a su robustez; si muere, tú eres el que lo ha matado. Mientras está en peligro, te trata como a un dios, te suplica, te promete, te colma de halagos; No bien está en convalescencia, ya le estorbas; cuando se trata de pagar los cuidados que le has prodigado se enfada y te denigra. Cuanto más egoístas son los hombres, más solicitud exigen.

No cuentes con que ese oficio tan penoso te haga rico. Te lo he dicho: es un sacerdocio, y no será decente que produjera ganancias como las que saca un aceitero o el que venda lana. Te compadezco si sientes afán por la belleza: verás lo más feo y repugnante que hay en la especie humana, todos tus sentidos serán maltratados. Habrás de pegar tu oído contra el sudor de pechos sucios, respirar el olor de míseras viviendas, los perfumes harto subidos de las cortesanas, palpar tumores, curar llagas verdes de pus, contemplar los orines, escudriñar los esputos, fijar tu mirada y tu olfato en inmundicias, meter el dedo en muchos sitios. Cuántas veces, en día hermoso, soleado y perfumado, al salir de un banquete o de una pieza de Sófocles, te llamarán por un hombre que, molestado por dolores de vientre, te presentará un bacín nauseabundo, diciéndote, satisfecho: gracias a que he tenido la precaución de no tirarlo. Recuerda, entonces, que habrá de parecerte interesante aquella deyección.

Hasta la belleza misma de las mujeres, consuelo del hombre, se desvanecerá para tí. Las verás por la mañana desgreñadas, desencajadas, desprovistas de sus bellos colores, y olvidando sobre los muebles parte de sus atractivos. Cesarán de ser diosas para convertirse en pobres seres afligidos de miserias sin gracia. Sentirás por ellas menos deseos que compasión.

¡Cuántas veces te asustarás al ver un cocodrilo adormecido en el fondo de la fuente de los placeres!

Tu oficio será para ti una túnica de Neso. En la calle, en los banquetes, en el teatro, en tu cama misma, los desconocidos, tus amigos, tus allegados, te hablarán de sus males para pedirte un remedio. El mundo te parecerá un vasto hospital, una asamblea de individuos que se quejan. Tu vida transcurrirá en la sombra de la muerte, entre el dolor de los cuerpos y de las almas, de los duelos y de la hipocresía, que calcula a la cabecera de los agonizantes.

Te será difícil conservar una visión consoladora del mundo. Descubrirás tanta fealdad bajo las más bellas apariencias, que toda confianza en la vida se derrumbará, y todo goce será emponzoñado. La raza humana es un Prometeo desgarrado por buitres.

Te verás solo en tus tristezas, solo en tus estudios, solo en medio del egoísmo humano. Ni siquiera encontrarás apoyo entre los médicos que se hacen sorda guerra por interés o por orgullo. La conciencia de aliviar males te sostendrá en tus fatigas; pero dudarás si es acertado hacer que sigan viviendo hombres atacados de un mal incurable, niños enfermizos que ninguna probabilidad tienen de ser felices y que transmitirán su triste vida a seres que serán más miserables aún. Cuando, a costa de muchos esfuerzos, hayas prolongado la existencia de algunos ancianos o de niños deformes, vendrá una guerra que destruirá lo más sano y robusto que hay en la ciudad. Entonces te encargarán que separes los débiles de los fuertes, para salvar a débiles y enviar a los fuertes a la muerte.

Piénsalo bien mientras estás a tiempo. Pero si, indiferente a la fortuna, a los placeres, a la ingratitud, si sabiendo que te verás solo entre las fieras humanas, tienes un ahna lo bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas pagado lo bastante con la dicha de una madre, con una cara que sonríe porque ya no padece, con la paz de un moribundo a quien ocultas la llegada de la muerte; si ansías conocer al hombre, penetrar todo lo trágico de su destino, hazte médico, hijo mío".

 

(II) MEDIOEVO

 

EL JURAMENTO DE ASAPH (8)

-¿s. VI?-

"Y éste fue el juramento administrado por Asaph, el hijo de Berachyahu, y por Jochanan, el hijo de Zabda, a sus discípulos; y ellos lo ordenaron en estas palabras: Tened cuidado de no matar a ningún hombre con la savia de una raíz; y no daréis poción alguna a mujer embarazada por adulterio para hacerla abortar, y no desearéis a las mujeres hermosas para cometer adulterio; y no revelaréis secretos que os hayan sido confiados; y no aceptaréis soborno para hacer el mal ni para matar, y no endureceréis vuestros corazones en contra de los pobres y los necesitados, sino que los sanaréis; y no llamaréis al bien mal ni al mal bien; y no ejerceréis brujerías, ni encantos, ni maleficios para intentar separar a un hombre del seno de su mujer o a una mujer del esposo de su juventud. Y no codiciaréis riquezas o sobornos para inducir al depravado comercio sexual.

Y no haréis uso en ninguna forma de ídolos para curar de tal modo, ni confiaréis en los poderes curativos de ninguna forma de su culto. Deberéis detestar y abominar y odiar a todos los creyentes en ellos y a aquellos que en ellos confían y hacen que otros crean también, porque todos ellos no son más que vanidad y no son útiles puesto que no poseen valor alguno; y son diabólicos. Sus propios esqueletos no los pueden salvar. ¿Cómo entonces podrán salvar a los vivos?

Y ahora, poned vuestra fe en el Señor vuestro Dios, el Dios de la verdad, el Dios viviente, porque Él puede matar o hacer vivir, herir o curar. É1 enseña al hombre a entender y a hacer el bien. Él hiere directamente, con virtud y justicia y cura con misericordia y amor. Ninguna idea astuta le puede ser ocultada porque nada hay oculto para Él.

Él crea las plantas curativas e irnplanta en el corazón de los sabios habilidad para curar por medios de sus múltiples misericordias y declara maravillas a las multitudes para que todos los vivos sepan que Él les hizo y que fuera de Él nadie puede salvar. Porque la gente cree en sus ídolos para socorrerlos en sus aflicciones, pero ellos no la salvarán de sus penas si su esperanza y su confianza están en los muertos. Por lo tanto es conveniente que os mantengáis separados de ellos y lejos de todas las abominaciones de sus ídolos y que os abráis paso hacia el Señor, Dios de toda carne. Toda criatura está en Sus manos para morir o para vivir y nadie puede huir de su mano.

Y estad atentos a Él en todo momento y buscadlo en la verdad, en la rectitud y en la honradez para que prosperéis en todo lo que hagáis; entonces Él hará que adelantéis y seréis alabados por todos los hombres. Y la gente dejará sus dioses y sus ídolos y deseará servir al Señor al igual que vosotros pues se darán cuenta que habían confiado en una cosa sin valor y que su trabajo era en vano. De otro modo cuando clamen hacia el Señor, Él no los salvará.

En cuanto a vosotros, sed fuertes y no dejéis que vuestras manos aflojen porque habrá una recompensa para vuestros esfuerzos. Dios está con vosotros cuando vosotros estáis con Él. Si mantenéis Su pacto y seguís Sus leyes y penetráis en ellas, seréis santos a los ojos de los hombres y ellos dirán: Felices aquellos hombres que se hallan en esta posición: felices aquellos hombres para quienes Dios es Su Señor. Y sus discípulos les contestaron y dijeron: Todo aquello que nos habéis enseñado y mandado, todo eso haremos pues es un mandamiento de la Torah y nos corresponde actuar con todo nuestro corazón y toda nuestra alma y toda nuestra fuerza; hacer y obedecer y no voltear hacia la mano derecha o hacia la izquierda, y los bendijeron en el nombre del Más Alto, del Señor del Cielo y de la Tierra. Y los amonestaron nuevamente y les dijeron: Mirad, Dios el Señor y Sus santos y su Torah serán testigos de que le temeréis y obedeceréis Sus mandamientos y no os desviaréis de ellos pero los seguiréis con rectitud. No os inclinéis hacia la ambición y no ayudéis al malvado, ni derraméis sangre inocente. Tampoco confeccionaréis veneno para ser usado por hombre o mujer para matar con ellos; ni revelaréis cuales raíces son venenosas ni las daréis a hombre alguno o haréis mal con ellas. No causaréis el derramamiento de sangre en ninguna forma de tratamiento médico. Prestad atención para no causar enfermedad a ningún hombre. Y no causaréis herida a hombre alguno apresurándoos a cortar carne con instrumentos de hierro o cauterizando, sino que observaréis dos y tres veces y sólo entonces daréis consejo.

No dejéis que el espíritu de la altanería os haga levantar los ojos y el corazón. No descarguéis la venganza del odio en un hombre enfermo. Y no alteréis vuestras recetas para aquellos que odian a Dios nuestro Señor, sino mantened sus ordenanzas y mandamientos y marchad por sus caminos y así podréis encontrar benevolencia en Su mirada. Sed puros y creyentes y honrados.

Así instruyeron y mandaron Asaph y Pochanan a sus discípulos".

 

 

 

SOBRE EL PRINCIPIO DE LA MEDICINA (9)

(San Isidoro de Sevilla)

- 632 -

 

1. Preguntan algunos por qué no se incluye la medicina entre las otras artes liberales. La respuesta es la siguiente: porque las artes liberales abordan en su estudio materias particulares, mientras la medicina abarca las de todas. En efecto, el médico debe conocer la gramática, para poder entender y exponer lo que lee.

2. Lo mismo cabe decir de la retórica, de modo que pueda delimitar con argumentos indiscutibles los casos que tiene entre manos. Otro tanto hay que afirmar de la dialéctica, que le permite mediante el raciocinio, profundizar en las causas que provocan las enfermedades y en los remedios aplicables para su curación. Necesita de la aritmética, por lo que se refiere al número de horas que duran los ataques febriles y la periodicidad que presentan.

3. Digamos lo mismo de la geometría, en cuanto a la índole de las regiones y zonas en las que señala qué es lo que cada uno debe observar. E incluso no debe ignorar la música, pues muchas son las enfermedades que, como puede leerse en los libros, han sido tratadas utilizando esta disciplina: así se lee de David, que liberó a Saúl del espíritu inmundo sirviéndose de la música. También el médico Asclepíades devolvió por ella a su anterior estado de salud a un enfermo atacado de locura.

4. Conocerá, en fin, también la astronomía, por la que se examina el movimiento de los astros y la evolución del tiempo. Pues, como sostiene algún médico, al par de las variaciones que se van presentando, nuestro cuerpo experimenta igualmente alteraciones.

5. De aquí que se considere a la medicina como una segunda filosofía. Una y otra ciencia reclaman para sí al hombre entero; pues si por una se sana el alma, por la otra se cura el cuerpo.

 

 

PLEGARIA DEL MEDICO (10)

(Maimónides)

-e/ 1165 y 1190-

 

"Dios Todopoderoso. Tú has creado el cuerpo humano con infinita sabiduría. Diez mil veces, diez mil órganos Tú has combinado en él, los cuales actúan sin cesar y armoniosamente para preservar él todo en su belleza -el cuerpo que es la envoltura del alma inmortal-. Siempre trabajan en perfecto orden, acuerdo y consentimiento. Sin embargo, cuando la fragilidad de la materia o el desenfrenamiento de las pasiones trastorna este orden o interrumpe este acuerdo, entonces fuerzas chocan y el cuerpo se desintegra en el prístino polvo del cual se hizo.

Tú has bendecido Tu tierra, Tus montañas y Tus ríos con sustancias curativas; éstas permiten a Tus criaturas aliviar sus sufrimientos y curar sus enfermedades. Tú has dotado al hombre con la sabiduría para aliviar el sufrimiento de su hermano, a reconocer sus desórdenes, a extraer las sustancias curativas, a descubrir sus fuerzas y prepararlas y aplicarlas corno mejor sea posible en cada enfermedad. En Tu Eterna Providencia, Tú me has elegido para velar sobre la vida y la salud de Tus criaturas. Estoy ahora listo a dedicarme a los deberes de mi profesión. Apóyame, Dios Todopoderoso, en estas grandes labores para el beneficio de la humanidad, pues sin Tu ayuda ni la mínima cosa no tendrá éxito.

Inspírame con amor por mi arte y por Tus criaturas. No permitas que la sed de ganancias o que la ambición de gloria y admiración, hayan de interferir en la práctica de mi profesión, pues éstas son los enemigos de la verdad y del amor a la humanidad, y pueden descarriar en el noble deber de atender el bienestar de Tus criaturas. Sostén la fuerza de mi cuerpo y de mi espíritu a fin de que esté siempre dispuesto con ánimo a ayudar y a sostener al rico y al pobre, al bueno y al malo, al enemigo como al amigo. Has que en el que sufre, yo no vea más que al hombre. Ilumina mi mente para que reconozca lo que se presenta y para que sepa discernir lo que está ausente o escondido. Que no deje de ver lo que es visible, pero no permitas que me arrogue el poder de ver lo que no puede ser visto; pues delicados e infinitos son los límites del gran arte de preservar las vidas y la salud de Tus criaturas. No permitas que me distraiga. Que ningún pensamiento extraño desvíe mi atención de la cabecera del enfermo o altere mi mente en sus silenciosas labores, pues grandes y sagradas son las reflexiones requeridas para preservar las vidas de Tus criaturas.

¡Dios Todopoderoso! Tú me has elegido en Tu misericordia para velar sobre la vida y la muerte de Tus criaturas. Ahora estoy listo para practicar mi profesión. Ayúdame en este gran deber para que así se beneficie la humanidad, pues sin Tu ayuda ni lo más mínimo tendrá éxito".

 

CONFESION DEL MEDICO (11)

(Maimónides)

-e/ 1165 y 1190-

 

"No cometáis el error de creer, al leer estos trabajos, que yo soy el indicado a quien debéis confiar el cuidado del cuerpo y el ahna. Pongo por testigos al cielo y a la tierra de que soy consciente de mi imperfección en la medicina, y por lo tanto renuncio a atribuirme los méritos que me queréis otorgar. Sin embargo, de la misma manera como me conozco a mí mismo, conozco también a mis colegas; y tengo más confianza en mis conocimientos que en los de aquellas personas que se encuentran en inferioridad de condiciones respecto a mí.

Juro también que mi confesión no proviene del sentimiento de humildad, como aquellas personas que se quejan de su falta de conocimientos aún cuando se encuentran en la cima de la perfección, y siempre pretenden ascender más y más. No. Yo sólo confieso la verdad y la digo tal corno es".

 

 

REGLAMENTACION DE LA TITULACION

Y LA ENSEÑANZA MEDICAS (12).

(Federico II de Sicilia)

-s. XIII-

 

I

 

Teniendo en cuenta la gran pérdida y el daño irreparable que puede venir de la impericia de los médicos, disponemos que, en adelante, ningún aspirante al título de médico se atreva a ejercer o a curar a no ser que, tras haber sido aprobado por un tribunal público de maestros de Salerno, se presente con documentos testimoniales de rectitud y de suficientes conocimientos, tanto de los maestros como de nuestras autoridades, ante nuestra presencia o, si estamos ausentes del reino, ante la presencia del que permanezca en el reino en nuestra representación, y consiga de Nos o de é1 licencia para ejercer la medicina. Los que se atrevan a ejercer desde ahora en contra de este edicto de Nuestra Serenidad incurrirán en la pena de confiscación de bienes y un año de cárcel.

 

II

 

Como no se puede saber medicina si no se tienen antes algunos oonocimientos de lógica, disponemos que nadie estudie medicina si previamente no ha cursado al menos tres años de lógica. Después de este trienio comience, si lo desea, a estudiar medicina. Y del mismo modo, que estudie cirugía, que es una parte de la medicina, a continuación del período indicado... Transcurridos cinco años (de estudio), no ejercerá la profesión sin haber practicado antes durante todo el año bajo el consejo de un médico experto. Durante el quinquenio citado, los maestros explicarán en las escuelas textos originales de Hipócrates y de Galeno, tanto de medicina teórica como práctica. Para favorecer la salud, disponemos también que no se permita ejercer a ningún cirujano si no presenta documentos de maestros que enseñen medicina, que testimonien que ha estudiado al menos un año la parte de la medicina relativa a las cuestiones quirúrgicas, y, sobre todo, que ha aprendido en las escuelas anatomía humana y que tiene buena preparación en esta parte de la medicina, sin la cual no se pueden realizar operaciones con provecho para el enfermo ni curar las heridas.

 

 

CAUTELAS DE LOS MEDICOS (i3)

(Arnau de Vilanova)

-s. XIII-

 

Médico, cuando seas llamado por un enfermo, pon tu confianza en el nombre del Señor. El Angel Custodio acompañe interiormente el afecto de tu alma y la partida de tu cuerpo. Procura informarte desde el principio, por medio del que fue enviado a avisarte, hasta cuándo ha trabajado el enfermo y de qué modo le invadió la enfermedad, para que, inquiriendo los síntomas, te certifiques, a ser posible, de la naturaleza de la afección. Todo ésto es necesario, porque después de haber visto la materia y la orina, así como la disposición del pulso, puede ocurrir que no conozcas la enfermedad; pero si relatas sus síntomas al enfermo, confiará en tí como en el autor de la salud. Por ello ha de ponerse todo el empeño en conocer los síntomas.

Cuando llegues a la casa, antes de acercarte al enfermo, entérate si ha confesado, y si no lo hizo, que se confiese enseguida, o que te prometa confesar cuanto antes. Esto no es ningún abuso, pues muchas enfermedades acaecen a causa de los pecados, y borradas las manchas con lágrimas de compunción, son curadas por el Supremo Médico; según aquello que se dice en el Evangelio: "Vete y no peques más, no vaya a sucederte algo peor".

Al entrar en la habitación del enfermo, no muestres rostro soberbio, ni ojos ávidos, y a los que se levantan y te saludan, tú, igualmente, con gesto humilde, devuélveles el saludo. Cuando hagan ademán de sentarse, siéntate también, vuelto hacia el enfermo; pregúntale cómo se encuentra y dile que saque el brazo. Lo que acabo de decir es necesario para que en todos tus modales tengas en cuenta la categoría de los que están presentes.

Y como tu fuerza vital está perturbada por el esfuerzo del camino y la del enfermo por la alegría de tu llegada, o porque, con avaricia, piensa ya en el precio que le has de pedir, tanto por culpa tuya como por culpa del enfermo el pulso se hace variable e impetuoso. Cuando haya cesado ese movimiento de los espíritus en una y otra parte, toma el pulso en el brazo izquierdo, pues aunque también podría hacerse en el derecho, sin embargo se percibe mejor el movimiento del corazón en el brazo izquierdo, a causa de su proximidad. Procura que el enfermo no esté acostado sobre el lado derecho, porque la compresión impediría el movimiento de los espíritus, y cuida de que no tenga los dedos extendidos ni tampoco el puño apretado. Y tú, mientras con la mano derecha oprimes con los dedos, con tu mano izquierda sostén el brazo, porque así percibirás con mayor sensibilidad y más fácilmente los diversos y varios movimientos del pulso, y porque el enfermo, por su debilidad, precisa el apoyo de tu brazo.

Debes considerar el pulso, por lo menos, hasta la centésima percusión, para que puedas darte cuenta de todos los detalles de la pulsación, y para que los circunstantes, pasada tan larga espera, reciban con deseo tus palabras.

Finalmente, ordena que traigan la orina, que si la alteración del pulso es señal de enfermedad, la orina significa mejor el género de la misma, y así podrás determinar y conocer la afecci6n, no sólo por la orina, sino también por el pulso.

Examina despacio la orina, observa su color, sustancia y cantidad, así como su contenido, de cuyas variedades conocerás las diversas clases de enfermedades, como se enseña en el tratado de las orinas. Después, al enfermo, que está pendiente de tu boca, le prometerás la salud. Pero cuando te apartes de él, dirás a los parientes que el enfermo ha de padecer mucho. Pues así, si sale liberado del trance, obtendrás mayor crédito y alabanza, y si muere, testificarán sus amigos que ya habías desesperado de él.

Una cosa te amonesto, y es que no mires con ojo malo ni concupiscente a sierva, hija o mujer-, que no caigas en los lazos de las mujeres. Pues tales cosas ciegan el ánimo del médico, le hacen gravoso al enfermo y éste tiene entonces menos confianza en él. Has de ser, por consiguiente, afable en las conversaciones, diligente y cuidadoso en las operaciones medicinales, esperando la ayuda del Señor, y en todo te has de conducir sin engaño.

Cuando fueras invitado a comer, no te entrometas inoportunamente, ni ocupes el primer lugar de la mesa, aunque suela reservarse este puesto para el sacerdote y el médico. No desprecies ninguna bebida, ni muestres enojo porque hayas de saciar tu estómago hambriento, al modo de los rústicos, con pan de mijo, al que no estabas acostumbrado. Pues si obras así, tu espíritu quedará tranquilo.

Aún cuando tu mente estuviera ocupada por la variedad de los manjares, procura informarte con frecuencia, por medio de alguno de los asistentes, del estado del paciente. Pues si así lo haces el enfermo tendrá mucha confianza en tí, pues verá que ni en medio de las delicias puedes olvidarle.

Cuando te levantes de la mesa y entres en el cuarto del enfermo, di que has sido atendido magníficamente, de lo que el paciente se alegrará mucho, pues habrá estado preocupado por ello.

Si fuera lugar o tiempo oportuno de dar alimento al enfermo, se lo darás tú mismo. Pero conviene que le señales el momento oportuno de las comidas. Esto es: en las fiebres intermitentes, cuando está en verdadera quietud; en las continuas, en el momento en que haya cierto reposo, el cual no se encuentra hasta la declinación crítica de la fiebre. En las intermitentes debe comer bastante antes del tiempo de la aflicción o del proceso febril, para que cuando llegue éste se encuentre el alimento totalmente digerido. De otro modo se enfrentaría la naturaleza con una doble lucha, incapaz de digerir la materia inoportunamente ingerida y sin poder superar la enfermedad enemiga.

En cambio, si la fiebre comienza a declinar, deja pasar dos horas, o por lo menos una, después de haber cesado la acción febril, pues los miembros están fatigados por la pasada batalla contra los ataques de aquel enemigo, y no se les debe imponer ninguna carga de alimento, ya que después del triunfo sobre el enemigo desean reposo.

 

 

 

(III) MODERNIDAD

 

DE LOS INDIOS RECIENTEMENTE DESCUBIERTOS (14)

(Francisco de Vitoria)

-1539-

19. De todo ésto se sigue esta CONCLUSION: Que ni el pecado de infidelidad ni otros pecados mortales impiden que los bárbaros sean verdaderos dueños o señores, tanto pública como privadamente, y no pueden los cristianos ocuparles sus bienes por este título, corno amplia y elegantemente enseña Cayetano en sus comentarios sobre la Secunda secundae q.66 a.8.

Pero aún queda la duda de si no son dueños, porque son idiotas o amentes.

20. Acerca de ésto hay primero que resolver si para que uno sea capaz de dominio se requiere el uso de razón.

Conrado, en el libro primero, establece la conclusión de que el dominio conviene a la criatura irracional tanto a la sensitiva como a la insensitiva. Y lo prueba, porque el dominio no es más que el derecho de usar una cosa para el propio uso. Pero los brutos tienen derecho a usar de las hierbas y de las plantas, según se dice en el Génesis: He aquí que os he dado toda hierba que da simiente que está sobre el haz de la tierra; y todo árbol en que hay simiente de su clase para que os sean comida a vosotros y a todos los animales de la tierra. Además los astros tienen derecho de iluminar, porque allí mismo se lee: Los colocó en el firmamento del cielo para que alumbraran y presidieran durante el día y durante la noche. Y el león tiene dominio sobre todos los animales que andan, por lo que se le llama el rey de los animales. Y el águila es la señora de las aves, de donde el salrno 103: La casa del águila es su guía. La misma sentencia es de Silvestre en la palabra Dominium, al principio, donde dice que los elementos se dominan mutuamente.

Pero contesto a ésto mediante las siguientes proposiciones:

PRIMERA. Las criaturas irracionales no pueden tener dominio. Está claro, pues dominio es derecho, como confiesa Conrado, pero las criaturas irracionales no pueden tener derecho y, en consecuencia, tampoco dominio. Se prueba la menor: porque no pueden padecer injuria, luego no tienen derecho. Se prueba ésto último: porque quien impidiera al lobo o al león la presa, o al buey el pasto, no les hace ninguna injuria, ni se le hace al sol quien cierre la ventana para que no entre su luz.

Y se corrobora. Porque si los brutos tienen dominio, hurto cometería quien al ciervo quitara la hierba, puesto que tomaría lo ajeno contra la voluntad de su dueño. Además, las fieras no tienen dominio de sí mismas, luego mucho menos de las otras cosas. Se prueba. Porque es lícito matarlas, aún por diversión; por lo que el Filósofo dice que la caza de las fieras es justa y natural.

Además, las fieras y todos los irracionales están bajo la potestad del hombre mucho más que los siervos; luego si los siervos nada pueden tener como suyo, mucho menos los irracionales.

Y se confirma la proposición con la autoridad de SantoTomás en la Prima secundae q.1 a.1 y 2 y q.6 a..2, y 1.3 Contra gentes c. 110, donde dice que sólo la criatura racional es dueña de sus acciones. Porque, como él rnismo enseña en la Primera Parte, q.82 a.1 ad.3. "uno es dueño de sus acciones cuando puede elegir ésto o lo otro". Por ende, ni nosotros somos dueños, como él mismo dice en el mismo lugar, del apetito del último fin. Luego si los brutos no son dueños de sus actos, tampoco de las demás cosas.

Y aunque parezca solo cuestión de nombre, es ciertamente locución muy impropia y ajena al modo común de hablar el atribuir dominio a los animales, pues no decimos que alguno sea dueño sino de aquello de que puede disponer. En efecto, así hablamos: No está en mis facultades, no está en mi potestad, cuando no soy dueño de lo que se unta. Y como los brutos no se gobiernan a sí mismos, sino que son movidos, como nota Santo Tomás en el lugar citado de la Prima secundae, no tienen, en consecuencia, dominio.

Y no vale lo que dice Silvestre, que a veces dominio no significa derecho, sino simple poder, y así el fuego tiene dominio sobre el agua. Si para el dominio bastara ésto, el facineroso tendría dominio para matar hombres, y el ladrón para robar el dinero, pues para ello tienen poder.

En cuanto a atribuir dominio a los astros o decir que el león es rey, se trata sólo de expresiones metafóricas y por traslación.

21. Pero cabe la duda de si el niño puede tener dominio antes del uso de razón. Porque parece que en nada se diferencia de los irracionales. Y por aquello del Apóstol a los Gálatas: En tanto que el heredero es niño no difiere del siervo. Pero el siervo no tiene dominio; luego, etc.

Véase acerca de ésto la SEGUNDA PROPOSICION: Los niños, antes del uso de razón, pueden ser dueños.

Ello es patente, porque pueden padecer injuria; luego tienen derecho a las cosas, y, en consecuencia, dominio, que no es otra cosa que este derecho. Además, los bienes de los pupilos tienen dueño y, sin embargo, éste no es el tutor; luego lo es el mismo pupilo. Además, los niños son herederos. Pero los herederos son los que suceden en el derecho del difunto, y los que son dueños de la herencia, como se enseña en la ley Cum haeres, de las Pandectas, y en las Instituciones. Además, dijimos que el fundamento del dominio es ser imagen de Dios, y esa imagen también se halla en los niños. Y también hace al caso lo que el Apóstol dice en el lugar citado: En tanto que el heredero es niño no difiere del siervo, aunque es señor de todo. Y, en fin, no es lo mismo que la criatura irracional; porque no es el niño para utilidad de otro, como lo son los brutos, sino un ser de personalidad propia e inalienable.

22. Mas, ¿qué decir de los dementes?. Me refiero a los necios perpetuos, que ni tienen ni hay esperanza de que tengan el uso de la razón. Establezcamos sobre ello la TERCERA PROPOSICION: Parece que también pueden ser dueños los amentes, puesto que pueden padecer injuria; luego tienen derechos. Acerca de si pueden o no tener dominio civil, me remito a los jurisconsultos.

23. Sea de ésto lo que quiera, formulamos la CUARTA PROPOSICION: Tampoco la demencia impide a los bárbaros ser verdaderos dueños.

Se prueba. Porque en realidad no son dementes, sino que a su modo ejercen el uso de la razón. Ello es manifiesto, porque tienen establecidas sus cosas con ciento orden. Tienen, en efecto, ciudades, que requieren orden, y tienen instituidos matrimonios, magistrados, señores, leyes, artesanos, mercados, todo lo cual requiere el uso de razón. Además, tienen una especie de religión y no yerran tampoco en las cosas que para los demás son evidentes, lo que es un indicio de uso de razón. Por otra parte, ni Dios ni la naturaleza faltan a la mayor parte de la especie en las cosas necesarias; pero lo principal del hombre es la razón, y sería inútil la potencia que no se reduce al acto. Asimismo, que estarían tantos miles de años, sin culpa suya, fuera del estado de salvación, puesto que nacen en pecado y no han tenido bautismo, ni tendrían uso de razón para indagar lo necesario para la salvación. Por lo que creo que el que nos parezcan tan idiotas y romos proviene en su mayor parte de la mala y bárbara educación, pues tampoco entre nosotros escasean rústicos poco de desemejantes de los animales.

Queda, pues, firme de todo lo dicho, que los bárbaros eran, sin duda alguna, verdaderos dueños pública y privadamente, de igual modo que los cristianos, y que tampoco por este título pudieron ser despojados de sus posesiones como si no fueran verdaderos dueños, tanto sus príncipes como las personas particulares. Y grave cosa sería negarles a éstos, que nunca nos hicieron la más leve injuria, lo que no negarnos a los sarracenos y judíos, perpetuos enemigos de la religión cristiana, a quienes concedemos el tener verdadero dominio de sus cosas si, por otra parte, no han ocupado tierras de cristianos.

Falta responder a los argumentos contrarios, donde se oponía que estos bárbaros son siervos por naturaleza, por poco capaces de gobernar aún a sí mismos. A ello se contesta que no es, ciertamente, la mente de Aristóteles que los que tengan poco ingenio sean por naturaleza siervos y no tengan dominio ni de sí ni de sus cosas. Esta es la servidumbre civil y legítima que no hace a nadie siervo por naturaleza. Ni tampoco quiere decir el Filósofo que sea lícito ocupar sus propiedades, reducir a esclavitud y llevar al mercado a los que Natura hizo bastante cortos y faltos de ingenio. Lo que quiere enseñar es que hay en ellos una necesidad natural de ser regidos y gobemados por otros, siéndoles muy provechoso el estar a otros sometidos, como los hijos necesitan estar sometidos a los padres y la mujer al marido. Y que ésta sea la intención del Filósofo es claro; porque del mismo modo dice que hay algunos que por naturaleza son señores, a saber, los que abundan en capacidad intelectual. Cierto es, sin embargo, que no entiende aquí que estos tales puedan, a título de más sabios, abrasarse el mando de los otros, sino que han recibido de la naturaleza facultades para mandar y gobernar. Y así, aún supuesto que estos bárbaros sean tan ineptos y rornos como se dice, no por eso debe negárseles el tener verdadero dominio, ni tenérselas en el número de los siervos civiles. Verdad es, no obstante, que de esta razón y título puede nacer algún derecho para someterlos, como se dirá después.

24. Nos queda, pues, esta CONCLUSION cierta: Que antes de la llegada de los españoles, eran ellos verdaderos señores, pública y privadamente.

 

DE LAS PERSONAS ENFERMAS (15)

(Thomas More)

-1551-

(10). Cuidan a los enfermos (como dije) con gran afecto y no dejan en absoluto pasar nada por alto concerniente a la medicina o a una buena dieta con lo que pueda devolvérselas de nuevo la salud. (11) Confortan a los que están afectados de enfermedades incurables sentándose a su lado, hablando con ellos y, para resumir, con toda clase de ayudas que pueden existir. (12) Pero si la enfermedad es no sólo incurable sino llena de continuo sufrimiento y angustia, entonces los sacerdotes y los magistrados exhortan al hombre viendo que no es capaz de hacer ninguna función vital y que sobreviviendo a su propia muerte es perjudicial y molesto para los demás y pesado para sí mismo, a que se decida a no consentir más esa pestilente y dolorosa enfermedad. (13) Y viendo que su vida no es para él más que una tortura, que no sea reacio a morir sino que cobre buenos ánimos y se desembarace a sí mismo de esta dolorosa vida oomo de una prisión o de un potro de tormento, o permita de buen grado que otro le libere de ella. (14) Y le dicen que obrando así hará sabiamente, viendo que con su muerte no perderá ningún privilegio sino que acabará con su dolor. (15) Y puesto que en este acto seguirá el consejo de los sacerdotes, es decir, de los intérpretes de la voluntad y gusto divinos, le hacen ver que obrará como hombre bueno y virtuoso. (16) Los que son así convencidos ponen fin a sus vidas voluntariamente de hambre o bien mueren durante el sueño sin ninguna sensación de agonía. (17) Pero no obligan a nadie a morir contra su voluntad ni dejan de usar la misma diligencia y cuidado con él, aunque creen que ésta es una muerte honorable. (18) Por otra parte el que se suicida antes que los sacerdotes o el consejo hayan aceptado el motivo de su muerte, lo tiran sin enterrar a algún apestoso pantano como indigno de ser enterrado o consumido por el fuego.

 

 

ORDENANZAS DE TOMAS LOPEZ (16)

-1552-

 

"Es tan poca la caridad de los naturales desta dicha provincia, en socorrerse los unos a los otros en sus necesidades y enfermedades corporales, que después de puestos en ellas, ni la muger tiene cuidado del marido, ni el marido de la muger, ni el padre del hijo, ni el hijo del padre, ni entre los deudos y parientes hay caridad alguna, ni entre los demás, antes los desamparan y dejan morir. Por remedio de esto mando, que el marido y la muger, en sus enfermedades y necesidades, se sirvan y curen a veces, y el padre tenga cuidado de curar al hijo en sus enfermedades, y los deudos y parientes a sus deudos. Y que para los pobres y miserables, que no tienen quien les sirva ni de que curarse, se haga en cada pueblo una casa de hospital con sus aparatos, conforme a la calidad y cantidad del pueblo, donde sean puestos y curados de cada pueblo de sus enfermedades, y que para el servicio haya un indio y india casados, etcétera.

"Otrosi, mando que si la enfermedad de los tales enfermos fuere en acrecentamiento, que los curaren y sirvieren, tengan cuidado de avisar al cacique o a la persona que los padres religiosos de doctrina tuvieren puesta en cada pueblo, para que envíen a llamar algún padre, si estuviera cerca de allí, en parte que pueda venir para confesar y consolar a los enfermos, e para que ordene su ánima y se disponga a bien morir. Y encargo a los padres de doctrina, que porque ellos no se podrán hallar en todos los pueblos y necesidades, que pongan y señalen en cada pueblo personas de indios más entendidos y más expertos en la doctrina, con instrucciones que les dén para ello, e para que ayuden a bien morir a los tales enfermos, etc.

 

 

DE LOS VICIOS Y VIRTUDES DE ESTA GENTE INDIANA (17)

(Fray Bernardino de Sahagún)

-1577-

 

 

VI1I. 9. El sabio es corno lumbre o hacha grande, y espejo luciente y pulido de ambas partes, y buen dechado de los otros, entendido y leído; también es como camino y guía para los otros.

El buen sabio, como buen médico, remedia bien las cosas y da buenos consejos y buena doctrina, con que guía y alumbra a los demás, por ser él de confianza y de crédito, y por ser cabal y fiel en todo; y para que se hagan bien las cosas da orden y concierto, con lo cual satisface y contenta a todos respondiendo al deseo y esperanza de los que se llegan a él; a todos favorece y ayuda con su saber.

VIII. 10. El mal sabio es mal médico, tonto y perdido, amigo del nombre de sabio y de vanagloria, y por ser necio es causa de muchos males y de grandes errores, peligroso y despeñador, y engañador o embaucador.

VIII. 11. El médico suele curar y remediar las enfermedades; el buen médico es entendido, buen conocedor de las propiedades de las yerbas, piedras, árboles y raíces, experimentado en las curas, el cual también tiene por oficio saber concertar los huesos, purgar, sangrar y sajar, y dar puntos, y al fin librar de las puertas de la muerte.

VIII. 12. El mal médico es burlador, y por ser inhábil, en lugar de sanar, empeora a los enfermos con el brebaje que les da, y aún a las veces usa hechicerías y supersticiones para dar a entender que hace buenas curas.

XIV. 8. La médica es buena conocedora de las propiedades de yerbas, y raíces, árboles y piedras, y en conocerlas tiene mucha experiencia, no ignorando muchos secretos de la medicina. La que es buena médica sabe bien curar a los enfermos, y por el beneficio que les hace casi vuélvelos de muerte a vida, haciéndoles mejorar o convalecer con las curas que hace; sabe sangrar, dar la purga, echar medicina y untar el cuerpo, ablandar palpando lo que parece duro en alguna parte del cuerpo, concertar los huesos, sajar y curar bien las llagas y la gota, y el mal de ojos, y cortar la carnaza de ellos.

XIV.9. La que es mala médica usa de la hechicería supersticiosa en su oficio y tiene pacto con el demonio, y sabe dar bebedizos con que mata a los hombres, y por no saber bien las curas, en lugar de sanar enferma y empeora, y aún pone en peligro de la vida a los enfermos, atando y desatando sutilmente a los cordeles, mirando en la agua, echando los granos gordos de maíz que suele usar en su superstición, diciendo que por ello suele conocer las enfermedades y las entiende; y para usar bien de su superstición da a entender que de los dientes saca gusanos, y de las otras partes del cuerpo papel, pedernal, navaja de la tierra, sacando todo lo cual, dice que sana a los enfermos, siendo ello falsedad y superstición notoria.

 

 

DE LOS PROTOMEDICOS EXAMINADORES (18)

(Recopilación de las Leyes de España)

-1640-

 

Premática y ley primera

 

1. Mandamos, que los Protomédicos, y Alcaldes examinadores mayores, que de nosotros tuvieren poder, lo sean en todos nuestros Reinos y Señoríos, que ahora son, o fueren de aquí adelante, para examinar los Físicos, y cirujanos, y ensalinadores, y boticarios, y especieros, y herbolarios, y otras personas, que en todo, o en parte usaren de estos oficios, y en oficios a ellos, y a cada uno de ellos anexo y conexo, así hombres, como mujeres, de cualquier ley, estado, preeminencia, y dignidad que sean, para que si los hallaren idóneos, y pertenecientes, les den cartas de examen, y aprobación, y licencia para que usen de los dichos oficios libre, y desembargadamente, sin pena, ni calumnia alguna: y que los que hallaren que no son tales para poder usar de los dichos oficios, o de alguno de ellos, los manden, y defiendan que no usen de ellos.

2. Y porque lo que los susodichos mandaren, prohibieron, y defendieron, sea más firme y valedero: mandamos, que pongan pena de nuestra parte a cada uno de los que así defendieron que no usen de los dichos oficios, o de alguno de ellos, de cada tres mil maravedis por cada vez que el dicho defendimiento y mandamiento pasaren: de la cual dicha pena, si alguno de los defendidos cayere en ella, es nuestra voluntad, y hacemos merced de ella, para que sea de los dichos nuestros Alcaldes y examinadores mayores, juntamente, si todos juntos concurrieren de ponérsela: y si alguno de ellos por sí insolidum se la pusiere, sea para el todo.

 

5. Y mandamos y damos autoridad y licencia a los dichos nuestros Alcaldes y exminadores mayores, para que conozcan de los crímenes y excesos, y delitos que los tales Físicos y cirujanos, y ensalmadores, y boticarios, y especieros, y las otras cualesquier personas, que en todo, o en parte usaren oficio, a estos oficios anexo y conexo, y hicieren en ellos, para que puedan hacer justicia en sus personas y bienes, por los tales crímenes y delitos que en tales oficios, y en cada uno de ellos cometieron, o por las medidas falsas que tuvieren, juzgándolo según el fuero y derecho de estos nuestros Reinos y Señoríos, por cuanto de estos tales es nuestra merced y voluntad, que los dichos Alcaldes juntamente, o cada uno de ellos insolidum, sean nuestros Alcaldes y jueces mayores.

...

7. Y por cuanto estamos informados, y sabemos cierto, que en los tiempos pasados, a causa de la flaqueza de la justicia y governación de estos nuestros Reinos, se dieron, y se han dado cartas de exámenes y licencias a hombres indoctos, y no suficientes para usar de los dichos oficios: es nuestra merced y voluntad, conformándonos con el derecho común, y con las leyes de nuestros Reinos, que examinen a todos los Físicos, y cirujanos, y boticarios, y especieros, aunque primeramente hayan sido examinados por otros cualesquier Alcaldes, que hayan sido de los Reyes de gloriosa memoria, nuestros antecesores. Y es nuestra merced y voluntad, que por el trabajo y afán que en los tales exámenes y reexaminaciones de cualquiera de los Físicos y cirujanos pusieren, hayan, y lleven de salario, y de derecho un marco de plata, o cinco doblas de oro, que valgan el dicho marco de plata: y de los boticarios tres doblas de oro, y de los especieros, por las licencias que les dieren para poner tiendas, y vender especies, una dobla de oro de lavanda, salvo si los tales que reexaminaren, o examinaran fueren graduados en el estudio general, que de los tales nuestra merced y voluntad es, que no lleven salario alguno; pero es nuestra merced y voluntad, que examinen y rexaminen a los tales, y si no los hallaren idóneos y pertenecientes para usar de los dichos oficios algunos de ellos, que no usen de ellos, so las penas de suyo contenidas.

 

8. Item mandamos, que los dichos Alcaldes mayores puedan prohibir y defender, que ninguna, ni algunas personas en estos nuestros Reinos y Señoríos, no usen de ensalmos, ni conjuros, ni encantamientos, so la pena, o penas que les pusieren, así corporales, como pecuniarias, por cuanto somos certificados, que lo tal es daño de nuestras conciencias, y del bien de la cosa pública de nuestros Reinos: y es nuestra voluntad, que los que no fueren graduados, y han usado de los dichos oficios, o alguno de ellos, o han puesto tiendas de boticario y especiero, sin licencia y autoridad de Alcalde, o juez competente, en el dicho caso, que les paguen en pena cada uno de los tales, tres mil maravedis, los cuales queremos, y es nuestra merced, que sean para los dichos nuestros Alcaldes y examinadores mayores, y para cualquiera de ellos, o para aquel, o aquellos que para ello su poder hubieren, o alguno de ellos.

 

Ley III

Porque principalmente en los enfermos se ha de tener consideración a la cura del alma, pues de ella proviene algunas veces la corporal, y por experiencia se ve morir algunos sin confesar, por causa de no decirlo los Médicos, y guardar lo que el Derecho Canónico manda, y por evitar lo susodicho: mandamos, que los Médicos, y cirujanos guarden lo dispuesto por Derecho Canónico, en advertir a los enfermos, que se confiesen, especialmente en las enfermedades agudas, en las cuales el Médico y cirujano que las curare sean obligados, a lo menos en la segunda visita, de amonestar al doliente, que se confiese, so pena de diez mil maravedis para la nuestra Camara, y Fisco, por cada vez que lo dejaren de hacer.

 

Ley XI

 

Porque hemos sido informados de personas doctas, y celosas del bien común, que en estos nuestros Reinos hay mucha falta de buenos Médicos de quien se pueda tener satisfacción, y que se puede temer que han de faltar para las personas Reales, y aunque en vida del Rey mi señor y padre, que tanta gloria haya, se procuró el remedio, y se hizo ley y premática el año pasado de mil quinientos ochenta y ocho, que es la ley siete de este título, en que se dio el orden que el Protomédico y examinadores habían de tener en el examen de los Médicos, y cirujanos, y boticarios, por no estar suficientemente proveído, su Majestad con el cuidado del bien público tomó a hacer otra ley, y premática sanción, el año de mil quinientos noventa y tres, que es la ley once de este título, en que añadió el número de Protomédicos, y dio la orden que se había de tener en el examen de los Médicos, mandando, que fuesen examinados por las instituciones que hizo el Doctor Mercado, y que aquellas se aprendiesen de coro precisamente, y otras muchas cosas, que entonces pareció convenir: y viendo que todo esto no basta, y que los sujetos de esta facultad se van acabando, procurando saber, que sea la causa lo remitirnos a los de nuestro Consejo, para que informados de personas peritas, procurasen el remedio, y por ellos se mandó a las tres Universidades principales de estos mis Reinos, que juntando en cada una de ellas la facultad de Medicina, viesen, y confiriesen, lo que convendría hacer, y guardar de aquí adelante: y asimismo se mandó, que los Protomédicos, y Médicos de Cámara, y los de mi Casa diesen su parecer: y habiéndose hecho muchas Juntas, así por las Universidades, y por los Médicos de mi Corte, se ha hallado, que las causas principales de haber falta de buenos Médicos, ha sido el modo que nuevamente se ha tomado de algunos años a esta parte en las lecturas de las Universidades, que es donde ha de venir el principio del bien, o el mal, gastando el tiempo en disputas, y cuestiones impertinentes, que no importan para el conocimiento de las enfermedades, ni sus causas, ni para el pronóstico, y curación de ellas, y no leyendo como antiguamente se usaba, la doctrina de Hipócrates, Galeno, y Avicena, gastando el tiempo en dictar, y no leer in voce los propios textos originales, que sabiéndolos los estudiantes de esta facultad, solían ser muy grandes Médicos, y las dudas, y cuestiones se sabían brevemente, leyendo la resolución de ellas, y la razón de dudar, sin que se escribiese y dictase toda la hora: porque leyendo por cartapacios, leyéndolos en la Cátedra, sin otro estudio, lo podría hacer cualquier estudiante que sepa Latín, ni que fiados en los cartapacios los discípulos, no estén con atención, ni se les da nada de perder las lecciones, confiados que las puedan trasladar de los cartapacios de otros. Y la otra causa principal era el modo de los exámenes que se hacen ante los Protornédicos, preguntándoles las instituciones de Mercado: porque por obligarles a tomarlas de coro a la letra, y darles tan gran trabajo, dejan lo demás, y esto se les olvidaba, y que en las dichas instituciones no había la materia de fiebres, y pulsos, purgas, pronósticos, aforismos, lugares, afectos, ni otros más importantes, que convienen sepan, y sean examinados en ellos. Y después de haberse conferido, y vuelto al Consejo, y consultado conmigo, ha parecido, que era necesario remedio en algunas cosas, y que se hiciese ley, y premática sanción, por la cual, dejando en su fuerza, y vigor las dichas premáticas, y no innovando en ellas cosa alguna, excepto en lo en esta contenido: Ordenamos y mandamos las cosas siguientes, para que de hoy en adelante se guarden, y cumplan inviolablemente.

1. Primeramente, que en las Universidades los Catedráticos lean la doctrina de Galeno, Hipócrates, y Avicena, como se solía hacer antiguamente, leyendo primero la letra del capítulo que se comenzara, llevando el Catedrático el libro, y los estudiantes, para que lo entiendan, que éste es el fundamento con el que se han de quedar y luego el Catedrático lea las dudas y cuestiones que se ofrecieron acerca de la letra, que sean las útiles, y que importaron para el conocimiento de la esencia de las enfermedades, de sus causas, y señales, pronóstico, y curación, y huyan de las cuestiones impertinentes. Porque no gasten el tiempo en balde.

2. Que los Catedráticos de Medicina que tuvieren por constitución leer hora y media, la cumplan leyendo in voce una hora, dando a entender la lección, y repitiéndola una, o dos veces: y en la media hora que quedare puedan dictar, y escribir en suma lo que hubieren leído. Y los que leyeren Cátedra de una hora, lean los tres cuartos in voce, escribiendo como queda dicho el cuarto postrero. Y aunque esto estaba determinado en las Universidades, por no haberse puesto pena a los transgresores, no se ha guardado, y para que se guarde con efecto Mandamos, que al Catedrático que no lo cumpliere así, pierda el provento. y salario, que por aquella lección le cabía de su Cátedra: y por la segunda vez sea la pena doblada: y si reincidiere pierda el salario de todo el año. Y el Rector de la Universidad mande a los bedeles le den cuenta de quien no lo cumple, para que dándola en el nuestro Consejo, le priven de la Cátedra, y le destierren de la Universidad, y los inhabiliten para poder tener Cátedras.

3. Que por cuanto somos informados, que de recibir los estudiantes los grados de Bachilleres, que es el importante, y con el que se les da licencia para curar, por algunas Universidades donde no se lee, ni hay Cátedras de Medicina, como son Irache, Santo Tomás de Avila, Osrna, y otras Universidades semejantes, donde no se lee medicina continuamente, y con ganar un curso en las Universidades grandes, llevando un testimonio los graduaban y hacían Bachilleres, y con ello se iban a curar, sin tener ciencia, ni experiencia. Mandamos, que de aquí en adelante no se pueda dar grado de Bachiller, en ninguna Universidad, a ningún estudiante, sino fuere en las tres Universidades principales, o en la que por lo menos haya tres Cátedras, de Prima, y Vísperas, y la tercera de Cirugía, y Anatomía, que entrambas a dos cosas puede el Catedrático de cirugía leer en sus tiempos: y que al grado de Bachiller en Medicina se hallen siete Doctores, Médicos graduados, o incorporados en la tal Universidad; y si faltaren dos, o tres Doctores, se cumpla asistiendo Licenciados graduados en la dicha Universidad, y con ellos haya de entrar al examen el Catedrático de Filosofía natural, que leyere los libros de Física, siguiendo cada uno dos argumentos, y que se vote con A. y R. secretamente, con juramento, y lo que aprobare, o reprobara la mayor parte, se ejecute: y si fueren iguales los votos, sea en gracia, y aprobación del graduado.

4. Que los Protomédicos no admitan a examen en su Tribunal a ningún Bachiller en Medicina, que no trajere testimonio del escribano de la Universidad, cómo se graduó de Bachiller, asistiendo a su acto los examinadores dichos, y dado fe en el dicho testimonio de cómo hay en la tal Universidad las tres Cátedras dichas, y que los Catedráticos las leen continuamente en los meses de los cursos ordinarios.

5. Que cualquier Médico que se viniese a examinar ante los dichos Protomédicos, traiga probados dos años de práctica, ccxno las leyes de estos Reinos los disponen, y que la información se haga ante la justicia del lugar donde practicó, y que no les valga el decir, que la Corte es patria común, para que en ella se hagan las dichas informaciones, sino fuere de los que verdaderamente hubieren practicado en ella, y que el uno de los testigos, por lo menos, sea el Médico, o cirujano, o boticario con quien practicó, y si fuere muerto. lo traiga por testimonio.

6. Que los Protomédicos, o examinadores examinen a los que se vinieren a examinar, así Médicos, como cirujanos, por las doctrinas importantes de Hipocrátes y Galeno, sin que tengan obligación de tomar de memoria las instituciones a la letra, como hasta aquí se hacía. Y que los Médicos sean examinados, pidiéndoles cuenta de las materias más importantes, primero de la parte natural, y luego de las fiebres, de locis affectis, morbo, & sinthomate, por la letra, y ejemplos que trae Galeno, y los libros del Método, desde el séptimo libro, y principalmente los de crisibus, de urinus, pulsibus, sanguinis missione, & expurgatione, y de las demás que les pareciera, que todas estas materias se leen en los cuatro años de oyentes, y se ejercitan en práctica en los dos años, con que vendrán a ser muy buenos especulativos, y prácticos en las materias que importan saber y no pregunten siempre una misma cosa, sino diferentes, para obligarles, a que no sabiendo lo que se les ha de preguntar, procuren ir prevenidos en todo.

7. Que los cirujanos se examinen, sin tener obligación de tomar de memoria las instituciones por la doctrina de Hipócrates, y Galeno, Guido, y otros Autores graves de la facultad, y sean obligados a estudiar la algebia, que es parte de la cirugía, y hay en España gran falta de algebistas, para reducir, y concertar miembros dislocados, y quebraduras de huesos, y otras cosas tocantes a la algebia, y que no sean admitidos a examen, ni se aprueben, sino supieren esta parte de la cirugía-, y que por lo menos traigan probado haberla practicado con un algebista por tiempo de un año; y toda sea un examen, sin que se les leve nuevos derechos; y el dicho año se entienda, que lo hagan juntamente en uno de los dos años de práctica que les obliga la cirugía, sin que sea diferente.

 

 

DECLARACION DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE

Y DEL CIUDADANO

(Asamblea Nacional Francesa)

- 1789 -

 

Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre, son las principales causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer en una declaración solemne los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, para que esta declaración, constantemente presente a todos los miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; para que los actos del poder legislativo y los del poder ejecutivo puedan en cada instante ser comparados con el objeto de toda institución política y sean más respetados; para que las reclamaciones de los ciudadanos, fundadas desde ahora sobre principios simples e incontestables, tiendan siempre al mantenimiento de la Constitución y a la felicidad de todos. En consecuencia, la Asamblea Nacional reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo, los siguientes derechos del hombre y del ciudadano:

Artículo 1. Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales no pueden fundarse más que sobre la utilidad común.

Artículo 2. El objeto de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

Artículo 3. El principio de toda soberanía reside esencialmente en la nación. Ningún cuerpo ni individuo puede ejercer autoridad que no emane expresamente de ella.

Artículo 4. La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no dañe a otro; por tanto, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los que aseguren a los demás miembros de la sociedad el disfrute de estos mismos derechos. Estos límites no pueden ser determinados más que por la ley.

Artículo 5. La ley no tiene el derecho de prohibir más que las acciones nocivas a la sociedad. Todo lo que no está prohibido por la ley no puede ser impedido, y nadie puede ser obligado a hacer lo que ella no ordena.

Artículo 6. La ley es la expresión de la voluntad general. Todos los ciudadanos tienen derecho a contribuir personalmente, o por medio de sus representantes, a su formación. La ley debe ser idéntica para todos, tanto para proteger como para castigar. Siendo todos los ciudadanos iguales ante sus ojos, son igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según capacidad, y sin otra distinción que la de sus virtudes y talentos.

Artículo 7. Ningún hombre puede ser acusado, arrestado ni detenido más que en los casos determinados por la ley y según las formas por ella prescriptas. Los que soliciten, expidan, ejecuten o hagan ejecutar órdenes arbitrarias, deben ser castigados, pero todo ciudadano llamado o designado en virtud de la ley, debe obedecer en el acto: su resistencia le hace culpable.

Artículo 8. La ley no debe establecer más que las penas estricta y evidentemente necesarias, y nadie puede ser castigado más que en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al delito, y legalmente aplicada.

Artículo 9. Todo hombre ha de ser tenido por inocente hasta que haya sido declarado culpable, y si se juzga indispensable detenerle, todo rigor que no fuere necesario para asegurarse de su persona debe ser severamente reprimido por la ley.

Artículo 10. Nadie debe ser molestado por sus opiniones, incluso religiosas, con tal de que su manifestación no altere el orden público establecido por la ley.

Anículo 11. La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los más preciosos derechos del hombre. Todo ciudadano puede, pues, hablar, escribir, imprimir libremente, salvo la obligación de responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley.

Artículo 12. La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita de una fuerza pública; esta fuerza queda instituida para el bien común y no para la utilidad particular de aquellos a quienes está confiada.

Artículo 13. Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración es indispensable una contribución común. Esta contribución debe ser repartida por igual entre todos los ciudadanos, en razón de sus facultades.

Artículo 14. Todos los ciudadanos tienen el derecho de comprobar por sí mismos o por sus representantes la necesidad de la contribución pública, de consentirla libremente, de vigilar su empleo y de determinar su cuantía, su asiento, cobro y duración.

Anículo 15. La sociedad tiene derecho de pedir cuentas a todo agente público de su administración.

Artículo 16. Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene Constitución.

Artículo 17. Siendo la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie puede ser privado de ella, si no es en los casos en que la necesidad pública, legalmente comprobado, lo exija evidentemente, y bajo la condición de una indemnización justa y previa.

 

 

ÉTICA MÉDICA (19)

(Thornas Percival)

- 1803 -

 

A: E.C. Percival

 

Permíteme, mi hijo querido, ofrecerte este pequeño Manual de Etica Médica. Durante su composición, mis pensamientos se dirigían hacia tu difunto y excelente hermano, con el más tierno impulso de amor paternal: Mas ni una sola de las reglas morales fue forjada sin una secreta mirada puesta en su graduación; y un ansioso deseo de que pudiese influenciar su conducta futura.

A ti, que posees, no en menor grado, mi estima y devoción, que prosigues los mismos estudios y con los mismos objetivos, se transfieren naturalmente mis afanes. Y estoy persuadido de que estas consideraciones, unidas, operarán poderosa y permanentemente sobre tu ingeniosa mente.

Es característica de un hombre sabio de actuar de acuerdo a determinados principios; y de un hombre bueno el asegurarse que éstos sean correspondientes a la rectitud y a la virtud. Las relaciones en las que se encuentra un médico frente a sus pacientes, a sus hermanos y al público son complicadas y diversas, comprendiendo gran conocimiento de la naturaleza humana y muchas obligaciones morales. El estudio de la Etica profesional, por lo tanto, te ayudará a vigorizar y ampliar tu entendimiento; mientras que la observación de las obligaciones en ella implícitas, suavizarán tus modales, engrandecerá tus sentimientos y te formará con la propiedad y dignidad de conducta esenciales al carácter de un caballero. Las ventajas académicas que gozaste en Cambridge y las que tienes ahora en Edinburgh, te calificarán, confío, para una esfera de acción amplia y honorable. Y oro con devoción para que la bendición de Dios te asista en todas tus prácticas, poniéndolas al mismo tiempo al servicio de tu propia felicidad y al bien de tus semejantes.

Consciente de que comienzo a experimentar la presión del paso de los años, veo la presente publicación como la conclusión de mis labores profesionales. Puedo entonces con decoro reclamar el derecho de consagrártelas corno legado paternal. Y siento cordial satisfacción al así testimoniar la estima y ternura con que, mientras subsista la vida, continuaré siendo,

Tu afectuoso amigo,

Thomas Percival

 

(Traducción al castellano de Liliana Barletta)

 

(IV) ACTUALIDAD

 

CODIGO DE NUREMBERG

(Tribunal Internacional de Nuremberg)

-1946-

Experimentos médicos permitidos. El gran peso de la evidencia ante nosotros demuestra que algunos tipos de experimentos médicos en humanos, cuando se mantienen dentro de límites bien definidos, satisfacen -generalmente- la ética de la profesión médica. Los protagonistas de la práctica de experimentos en humanos justifican sus puntos de vista basándose en que tales experimentos dan resultados provechosos para la sociedad, que no pueden ser procurados mediante otros métodos de estudio. Todos están de acuerdo, sin embargo, en que deben conservarse ciertos principios básicos para poder satisfacer conceptos morales, éticos y legales:

1) El consentimiento voluntario del sujeto humano es absolutamente esencial. Esto quiere decir que la persona envuelta debe tener capacidad legal para dar su consentimiento; debe estar situada en tal forma que le permita ejercer su libertad de escoger, sin la intervención de cualquier otro elemento de fuerza, fraude, engaño, coacción o algún otro factor posterior para obligar o coercer; y debe tener el suficiente conocimiento y comprensión de los elementos de la materia envuelta para permitirle tomar una decisión correcta. Este último elemento requiere que antes de aceptar una decisión afirmativa del sujeto sometible al experimento debe explicársele la naturaleza, duración y propósito del mismo, el método y las formas mediante las cuales se conducirá, todos los inconvenientes y riesgos que pueden presentarse, y los efectos sobre la salud o persona que pueden derivarse posiblemente de su participación en el experimento.

El deber y la responsabilidad para determinar la calidad del consentimiento recaen sobre el individuo que inicia, dirige, o toma parte del experimento. Es un deber personal y una responsabilidad que no puede ser delegada a otra persona con impunidad.

2) El experimento debe realizarse con la finalidad de obtener resultados fructíferos para el bien de la sociedad, que no sean procurables mediante otros métodos o maneras de estudio, y no debe ser escogido al azar ni ser naturaleza innecesaria.

3) El experimento debe ser diseñado y basado en los resultados obtenidos mediante la experimentación previa con animales y el pleno conocimiento de la historia natural de la enfermedad u otro problema bajo estudio de modo que los resultados anticipados justifiquen la realización del experimento.

4) El experimento debe ser conducido de manera tal que evite todo sufrimiento y daño innecesario sea físico o mental.

5) Ningún experimento debe ser conducido donde hay una razón a priori para asumir que puede ocurrir la muerte o daño irreparable; menos, quizás, en aquellos experimentos donde los realizadores del mismo también sirvan como sujetos de experimentación.

6) El grado del riesgo tomado no debe exceder nunca el determinado por la importancia humanitaria del problema a ser resuelto por el experimento.

7) Se deben proveer las precauciones adecuadas y tener facilidades óptimas para proteger al sujeto envuelto de la más remota posibilidad de lesión, incapacidad o muerte.

8) El experimento debe ser conducido únicamente por personas científicamente calificadas. El grado más alto de técnica y cuidado deben ser requeridos durante todas las etapas del experimento, bien de quienes lo conducen así como de los que tornan parte de éste.

9) Durante el curso del experimento el sujeto humano debe tener la libertad de poner fin a éste si ha llegado al estado físico o mental donde la continuación del experimento le parece imposible.

10) Durante el curso del experimento el científico que lo realiza debe estar preparado para interrumpirlo en cualquier momento, si tiene razones para creer -en el ejercicio de su buena fe, habilidad técnica y juicio cuidadoso- que la continuación del experimento puede resultar en lesión, incapacidad o muerte para el sujeto bajo experimentación.

 

 

 

DECLARACION UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS

(Organización de las Naciones Unidas)

- 1948 -

 

PREAMBULO

 

CONSIDERANDO que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables.de todos los miembros de la familia humana;

 

CONSIDERANDO que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad; y que se ha proclamado corno la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencia;

 

CONSIDERANDO esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;

 

CONSIDERANDO también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones;

 

CONSIDERANDO que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta, su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres; y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;

 

CONSIDERANDO que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y