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Oftalmoética
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OFTALMOÉTICA

 

A  Ivonne María  Mistelli
y Jorge  Lynch

El mundo de la oftalmología actual nos llena de asombro, sobre todo a quienes conservamos de la especialidad una imagen de treinta años atrás. Cuando yo estaba por recibirme de médico y profesor en filosofía -esto era en la Universidad de La Plata a comienzos de los ‘60- mi maestro Eugenio Pucciarelli me dió un consejo que naturalmente no seguí, pero que no carecía entonces de prudencia: "Haga usted ojos, una especialidad ideal para un filósofo, pues le asegura un buen modus vivendi y el tiempo suficiente para el otium cum dignitate". Y en verdad, la oftalmología de esa época se acomodaba a un modelo filosófico o contemplativo de vida: especialidad intelectualmente atractiva, laboralmente cómoda y retributiva. Pero la transformación de la oftalmología durante las últimas décadas -ejemplo vanguardista de la transformación tecnocientífica, social y política de la actual medicina- ha borrado aquella imagen clásica de la especialidad y reemplazado por otra posmoderna o revolucionaria. Al compás de este cambio de paradigma, la ética médica tradicional deviene bioética y su capítulo ocular oftalmoética. En dicho orden de ideas -una visión bioética de la oftalmología- se inscribe la reflexión moral que exige la especialidad a la altura de nuestro tiempo.

 

El paradigma oftalmológico clásico.

El discreto encanto filosófico de la oftalmología se basa sobre el paralelismo entre la reflexión óptica y la reflexión mental. Ambas tienen en común tres elementos: el ojo-sujeto, la imagen-objeto, la luz-relación. Véase cómo el logotipo del Congreso registra esta semiótica oftálmica (el globo ocular, la montaña y el sol) (1). Se trata, simbólicamente, de las tres ideas de la metafísica tradicional, vale decir el hombre, el mundo y Dios. El modelo de la reflexión óptica = reflexión mental es contemplativo en el sentido de que la visión o teoría espeja la realidad, vale o place en sí misma y se quiere desinteresada, según lo formulara Aristóteles.

El paradigma oftalmológico clásico ha sido este de la contemplación, marcando así el estilo y el ethos de la especialidad. El ojo es el hombre, anthropos, el "animal óptico" o "admirador", como lo vemos en la pupila  (pupilla en latín,  kore en griego) o niña de los ojos que nos devuelve nuestra figura humana (2 ); la vista es el sentido más valioso porque significa gozar del mismo independientemente de sus por otra parte incomparables servicios (3); la visión o teoría es la forma suprema o divina (dios = theos) del saber, "es a causa de su admiración que los hombres comienzan y comenzaron por primera vez a  filosofar"(4).

Estos tres aspectos del modelo contemplativo -si se quiere el antropológico, el  axiológico y el epistemológico- le han dado a la oftalmología clásica su triple carácter de especialidad completa (todo el hombre está en el ojo, un microcosmos para la medicina), estimativa (lo que en ella se pone en juego es el valor jerárquico de la visión, la calidad de la vida más que la vida misma- de ahí su comodidad o no-urgencia) y la cognitiva (ciencia exacta y virtuosismo técnico-instrumental more geométrico de la óptica). Conforme al modelo contemplativo, la ética de la oftalmología clásica no pudo ser sino ejemplarmente naturalista, pues la finalidad terapéutica consiste en proteger y devolver el bien natural e inapreciable de la vista. Así se consagró la oftalmología como la especialidad más antigua, sabia y prudente de la medicina, al menos desde el Antiguo Egipto, donde se dice existían especialistas para el ojo izquierdo y el ojo derecho, y el Ojo de Horus presidía las recetas, el Recipe como símbolo de la correcta prescripción médica.

 

El paradigma oftalmológico posmoderno.

Si la contemplación caracteriza al paradigma oftalmológico clásico, la acción define al de hoy conforme al perspectivismo posmoderno que recompone los elementos del campo visual y de la teoría, de la reflexión óptica y de la reflexión mental: cada observación crea su unidad por la diferencia; como un ojo, cada observación tiene un punto ciego que niega el acceso a la totalidad, pero esta diferencia produce la información. La serie de cuadros dentro del cuadro de René Magritte ilustra dicha visión de la teoría o teoría de la visión (5). El  espejo falso (1928) viene a mostramos que los ojos no son el espejo del alma, ni el espejo de la realidad, ni la luz del mundo, echando así por tierra el modelo tradicional de la reflexión. No por azar "El espejo falso" le sirve de aviso publicitario a una compañía de TV americana. Un afiche de Knaff en conmemoración de 1984, de Orwell, nos recuerda que la profecía orwelliana se ha cumplido al revés: en lugar del ojo que nos mira (Panóptico), tenemos la TV para mirar, adaptándonos pasivamente a los designios del poder (6).

La televisión es el símbolo del "poder" en el sentido general del término, o sea nuestra capacidad de transformar la realidad (y en este caso transformarla radicalmente en espectáculo), pero también en tres sentidos particulares: a) poder tecnocientífico, la invención mediática; b) poder carismático, la seducción por la imagen; c) poder político, el control económico-social. La oftalmología actual, pace Horus, se ha convertido en una especialidad televisiva o espectacular, de alta tecnología, prestigio  público y complejo industrial. Poco queda de la orgánica, virtuosa y  virtuosísta oftamología clásica, ahora fragmentada en tantas subespecialidades, de concurrencia vedetista y costosa  aparatología. Con el cambio de estilo de la especialidad -de la contemplación a la acción, de la reflexión a la intervención- se da también en ella un giro del ethos naturalista tradicional al ethos normativista o constructivista de la nueva moral médica.

 

El ojo clínico: Pigmalión, Narciso y Knock

Las transformaciones de la medicina que han dado lugar a la bioética como nueva ética médica son de triple naturaleza, si bien guardan entre sí unidad de sentido. En primer término, la transformación tecnocientifica, orientada hacia una medicina del deseo o antropoplástica, remodeladora del hombre. En segundo lugar, una transformación social de la relación médico-paciente, introductora de este último como protagonista de las decisiones terapéuticas. En último orden, una transformación política de la salud, vuelta un bien social primario de economía expansiva en el mundo actual. Tres figuras simbólicas encarnan, respectivamente, estas transformaciones de la medicina hoy. La primera es Pigmalión, el escultor chipriota que da vida a la estatua salida de sus manos; la segunda es Narciso, el bello adolescente que sucumbe a la contemplación de su propia imagen especular; la tercera es Knock, el personaje dramático que con su fanatismo profesional logra la medicalización de la vida. Pigmalión, Narciso y Knock identifican nuestra cultura posmoderna y dentro de ésta definen la trama moral de la presente medicina (7). Pues bien, la oftalmología es una de las especialidades paradigmáticas de los caracteres pigmaliónico, narcisista y  knockista que asume el arte de curar en nuestro tiempo.

Pigmaliónica es la oftalmología en su sesgo desiderativo desde la medicina predictiva a la genética, pero sobre todo en su decideratum o ideal óptico del ojo artifícial, en base al modelo informática y bioelectrónico de la visión; el avance tecnológico de la cirugía refractiva rehace el ojo para una mejor visión, los "ojos-laser" o de "instavisión" prometen la corrección automática de los vicios refractivos (que no son los únicos "vicios" de la especialidad). Narcisista es justamente la oftalmoplastia cosmética de lentes de contacto y córneas excimer, la magia y seducción de una tecnología diagnostica y terapéutica orientada más al globo ocular que a sus anexos, la feminización de una especialidad que recobra a su cristiana patrona Santa Lucía con una imagen tan sugestiva como la representada en el siglo XV por Francesco del Cossa (National Gallery of Art, Washington D.C.) Y knockista finalmente es la gran industria oftalmológica, desde el óptico-optometrista-oculista-oftalmólogo (que según se cree no ganan mal) a las grandes empresas multinacionales para el instrumental de alta precisión, computarizado u óptico, que hace tan cara la especialidad.

 

El  oftalmoscopio ethoscópico

La bioética, por definición siquiera nominal, conjuga vida y ética, hechos biológicos y valores humanos. Esta es la novedad moral de la presente medicina, el deber de una doble visión integrada, epistemológica y axiológica de la realidad, para lo cual sería preciso el inventum novum del ethoscopio, o visor de valores, en la línea de los tantos y diversos somatoscopios introducidos en el arte desde la "auscultación mediata" por Laënnec a principios del siglo pasado. A falta de ese instrumento imaginario, la bioética elaboró un método de estimación o valoración en base a cuatro principios, que han entrado en juego como respuesta a las transformaciones tecnocientífica, social y política de la presente medicina: los principios de Beneficencia, No-maleficencia, Autonomía y Justicia. Veamos cómo ellos se expresan en la oftalmología (8).

No-maleficencia, el deber de no dañar, tuvo antes de la letra latina -Primum non nocere- escritura cuneiforme en el Código de Hammurabi (circa 2200 a.c.), que sanciona la ley del ojo por ojo para la  mala praxis quirúrgica: "Si un médico ha tratado con el cuchillo de bronce de las operaciones una herida grave de un noble y le ha producido la muerte, o le ha abierto un absceso en un ojo y le ha ocasionado la pérdida de éste, se le amputarán las manos".

Autonomía, el deber de respeto a la autodeterminación de las personas, se fundamenta en que éstas son fines y no medios, agentes racionales y libres y no-cosas, sujetos y no-objetos, como justamente de los ojos dice A. Machado: "El ojo que ves no es / ojo porque tú le miras, / es ojo porque te ve".

Justicia, el deber de dar a cada uno lo suyo, es el principio ético del orden social, la estructura moral básica de la sociedad que condiciona la vida de los individuos; la figura de la justicia distributiva se aplica particularmente al derecho a la salud y al sistema de asignación de recursos sanitarios, y en este sentido comprendemos porqué a la justicia se la representa ciega (para la injusticia) (9).

Como especialidad que ha conquistado gran poder en el triple sentido apuntado anteriormente (poder "tecnocientífico", "carismático" y "político"), la oftalmología actual tiene puntos ciegos morales en relación a los principios de beneficio y no-maleficio, autonomía y justicia. ¿No es acaso dudosa la beneficencia de Pigmalión, la autonomía de Narciso y la justicia de Knock? El reciente código de ética del American Board of Ophtalmology para sus residentes, siguiendo el modelo de los internistas y ortopedistas, establece el análisis costo-beneficio, el consentimiento informado y el interés de terceras partes en el proceso de toma de decisiones médicas. La preocupación deontológíca es ahora muy fuerte en esta especialidad, los oftalmólogos sienten como que "los  inmorales nos han igualao".

 

Etica de la no-videncia

Según enseña la mitología griega, la caída de Asclepio se produjo como consecuencia de su abuso del poder, tema central de toda la ética médica. Seducido por Diana y recompensado con oro, Asclepio resucitó a Hipólito difunto y a causa de ello Zeus le fulminó con el rayo, un rayo de luz curador y a la vez exterminador como el Láser que hoy simboliza el poder de la oftalmología. Por eso ésta debe aprender también de su fracaso -la ceguera- una lección moral, la del antipoder o ética de la no-videncia.

Es natural que los oftalmólogos estén interesados en la visión y tengan poco interés en la ceguera, del mismo modo que los médicos en general se interesan en curar los pacientes y se desinteresan del cuidado del moribundo o del cadáver. La ceguera representa un fracaso de la oftalmología como la muerte lo es de la medicina, y a nadie le gusta el fracaso. Pero con esta actitud unos y otros pierden la oportunidad no sólo de brindar ayuda técnica para la calidad de vida de las personas, sino también de ejercer la dignidad humana de la profesión (1l). Si el enfermo es el infirmus en el que se revela la humanitud, el ciego es el minusválido por antonomasia que mueve a la humanidad, vale decir la compasión, el respeto y la caridad (12). Sólo una ética del cuidado o de la virtud puede hacer valer concretamente los principios bioéticos de beneficencia y  no-maleficencia, autonomía y justicia. De este modo el buen oftalmólogo -técnicamente competente- llegará a ser un oftalmólogo bueno -moralmente virtuoso.

 

L’envoi

Baruch Spinoza, el filósofo cartesiano del siglo XVII, era un pulidor de lentes que escribió una Ethica more geometrico demonstrata; "él pretendía que las verdades morales brillaran como sus vidrios tallados y tuvieran la precisión de los axiomas geométricos que informaban su óptica" (13). Sin duda con su paradigma reflexivo, la oftalmología tiene mucho que aportar a la claridad y rigor de la bioética como nueva ética médica. Y esto justifica la esperanza en la oftalmoética.

 

REFERENCIAS

1. El logo del congreso es obra de estudiantes de la Facultad de Artes, Departamento de Artes Gráficas de la Universidad Nacional de Cuyo. Según sus autoras, la imagen quiere manifestar, apelando a simbolismos, la investigación constante de los hombres dedicados a las ciencias, en busca de una mejor calidad de vida. Por ello están presentes El Sol como fuente de vida, El Ojo Humano como tema del congreso, y La Montaña como característica topográfica.

2. "El alma es al cuerpo como la visión es al ojo. Si el ojo, en efecto, fuera un animal, la vista sería su alma, porque está aquí la sustancia formal del ojo. Pues el ojo es la materia de la vista, y si la vista llegara a faltar, no habría más ojo, sino por homonimia, como un ojo de vidrio o un ojo dibujado" (Aristóteles, De Anima).

3. "Todos los hombres por naturaleza desean saber. Una muestra de esto es el gozo que obtenemos en nuestros sentidos, ya que son estimados por sí mismos aparte de su utilidad; y la vista por sobre todos los sentidos". ( Aristóteles, Metafisica).

4.  Idem

5. Cf . Uwe M. Schneede René Magritte, versión española, Editorial Labor, Barcelona 1978.

6. De Riquer Martín y Valverde José María. Historia de la Literatura Universal, p. 31 Vol.10. Editorial Planeta, S. A. Barcelona.

7. Ver J. A. Mainetti Bioética Ilustrada, Quirón Editora, La Plata 1994.

8. Ver J. A. Mainetti Bioética Sistemática, Quirón Editora, La Plata, 1993.

9. El tracoma ciega 20.000.000 de personas en Africa. Ecología y ceguera se relacionan a través de la capa de ozono y las cataratas.

10. La desmoralización de la oftalmología proviene de la mala formación y plétora de especialistas, la concurrencia de diversos artes y oficios de la visión, y la práctica horla o heterodoxa de la especialidad. Esta debe reafirmar entonces su carácter de professio volcada al benefficiun, a hacer el bien, vale decir su condición moral.

11. Cf. De Witt Stetten, Jr. "Coping with blindness", Sounding Board Essay, The New England Journal of medicine, vol 305. August 20, 1981, n° 8. Un médico relata cómo después de 15 años de tener el diagnóstico oftalmológico de degeneración macular y pasar por la consulta de calificados oftalmólogos, concluye quejándose de que éstos están interesados en la visión pero tienen poco interés en la ceguera, y en consecuencia ninguno le sugirió aparatos que pudieran ayudarlo o de alguna manera frenar el deterioro de su calidad de vida. Un hospice para pacientes de la vista es el Hospital Oftalmológico de la orden medieval de los caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalem.

12. "Nací desnudo, y sólo mis dos ojos /cubiertos los saqué, más fue de llanto". (Quevedo) La guía moral de los ciegos -contrariamente a su guía física que descalifica "La parábola de los ciegos" de Brueghel- consiste en las virtudes de benevolencia, respeto y generosidad que demandan del prójimo. Las humorgrafías sobre no-videntes señalan estos aspectos del ciego y la compasión, el ciego y el respeto, el ciego y la caridad.

13. A. R. Jonsen The New Medicine and the Old Ethics, Harvard University Press, Cambridge, p. 7.

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Última modificación: domingo, 01 de septiembre de 2002